Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

abril 25, 2007

Arqueología: CSI de la historia

Una excavación arqueológica es hoy un esfuerzo científico multidisciplinar que echa mano de todo tipo de conocimientos para desentrañar los secretos del pasado.

Excavación arqueológica en Bekonscot, Reino Unido.
(Foto CC-BY-SA-2.5 de MichaelMaggs,
vía Wikimedia Commons)
La imagen del arqueólogo con cierta "inspiración" más o menos vaga que insiste hasta encontrar lo que buscaba, o incluso del aventurero devenido héroe cinematográfico perpetuado por los filmes de Indiana Jones, son visiones románticas de unos pocos aspectos de la arqueología que tienen todo el atractivo que implica la mezcla de viajes a lugares más o menos exóticos, la exploración de misterios y la posibilidad de descubrimientos tan asombrosos como la tumba del rey Pakal, el ejército de guerreros de terracota de Shiang, la ciudad de Machu Picchu o los restos de Troya.

Sin embargo, aunque este elemento romántico sigue existiendo, la realidad de la arqueología moderna tiene mucho más que ver con distintas disciplinas científicas que se han ido sumando para conseguir cada vez mejor el objetivo esencial de la arqueología: estudiar los restos materiales dejados por el hombre en el pasado para obtener datos sobre su historia, cultura, desarrollo y vida cotidiana. Una excavación arqueológica debe obtener la mayor cantidad de información sobre lo que va hallando antes de moverlo siquiera, porque una vez alterado el hallazgo es irrecuperable: la localización y orientación de un objeto en una tumba, por ejemplo, puede ser una clave esencial. Como solía decir un maestro de arqueología: una pieza de cerámica en su contexto es una fuente de información valiosísima, sin su contexto, es un cacharro viejo.

La excavación arqueológica moderna comienza con la determinación de que es altamente probable que en un lugar determinado se encuentren restos importantes. Esto anteriormente se hacía únicamente mediante la consulta e interpretación de las fuentes históricas, y entrevistando a las personas que viven en los alrededores del lugar sugerido por la información histórica, para determinar si conocían alguna cueva con restos peculiares, si habían recuperado algún resto, si en sus construcciones o al roturar la tierra habían dado con indicios de restos antiguos. Actualmente, la prospección arqueológica incluye el uso de sistemas de datos geográficos (GIS), geoposicionamiento por satélite (GPS), estudios geológicos, distintos tipos de detección remota (magnetometría, radiometría, radar, ultrasonido, fotometría, medición de variaciones gravitacionales, sonar, sismogramas), además de fotografía aérea o desde satélites. Todo esto permite al arqueólogo obtener una gran cantidad de información sobre lo que hay bajo tierra antes de iniciar cualquier excavación.

En muchos casos, una gran fuente de prospección son excavaciones arqueológicas antiguas, realizadas sin metodología científica, muchas veces destinadas únicamente a la recuperación de restos comercializables (cerámica fina, joyas, estatuas). Los arqueólogos tipo "Indiana Jones" de la primera mitad del siglo XX solían ser atrozmente destructivos en sus trabajos, pero aún así dejaron atrás muchísimos datos que los arqueólogos de hoy saben rescatar, valorar e interpretar adecuadamente. En otros casos, una labor de construcción de gran relevancia, como la perforación de túneles carreteros o de metro, o la excavación para cimentaciones, pone al descubierto yacimientos arqueológicos en ocasiones insospechados, y que deben ser documentados, estudiados y rescatados en lo posible en plazos de tiempo muy breves, impuestos por los intereses sociales, políticos y económicos relacionados con el trabajo de construcción interrumpido por el hallazgo.

La excavación arqueológica actual requiere, primero que nada, que se registre y documente de la manera más precisa la ubicación exacta de cada objeto que se encuentre, incluida su orientación y la profundidad a la que se halló, para lo cual se realizan planos del sitio y fotografías de todos y cada uno de los objetos, así como la relación que mantienen tales objetos entre sí. Dado que los objetos más modernos están en las capas superiores y los más antiguos en las inferiores, conocer la posición de todos nos permite saber cuáles corresponden o no a la misma época, y nos dan un contexto del todo que en un pasado fue el origen de cada pieza o resto individual. Al mismo tiempo que trabajan los profesionales más conocidos, los que con paciencia e instrumentos muy delicados exponen cada objeto, suelen estar implicados otros muchos profesionales: expertos lingüistas o paleógrafos que interpretan allí mismo inscripciones que puedan encontrarse, expertos en vida animal y vegetal antigua que pueden identificar los restos orgánicos.

Pero donde la investigación arqueológica se convierte en algo muy parecido a la verdadera investigación de una escena del crimen, o CSI, es en la etapa conocida como "postexcavación", mucho más compleja y lenta que las excavaciones en general, y ciertamente menos cinematográfica. Así, la moderna ciencia arqueológica incluye a expertos en datación física y química, expertos en tecnologías antiguas, botánicos, zoólogos, expertos en materiales y sistemas de construcción, patólogos, nutriólogos, expertos en la conservación de restos para evitar que se deterioren, expertos en tafonomía (la disciplina que estudia cómo se descomponen distintos objetos al paso del tiempo), astrónomos, expertos en aspectos como la religión o las guerras del pasado, según el caso, expertos en la extracción y secuenciación de ADN y otros muchos especialistas que pueden intervenir en distintos casos, sin excluir nunca a los matemáticos e informáticos que dan orden, sistema y sentido a la colosal cantidad de datos físicos, químicos, biológicos y culturales que puede ofrecernos un solo metro cuadrado de una excavación arqueológica moderna... lejos, muy lejos, del látigo de Indiana Jones.

La arqueología experimental

Solía decirse que la arqueología, como la astronomía, es una de las ciencias en las que no es posible realizar experimentos. Esto ha dejado de ser cierto conforme distintos estudiosos han decidido someter a prueba algunas hipótesis, o reproducir el manejo de ciertas tecnologías del pasado. Los expertos que hoy en día crean herramientas de piedra idénticas a las que nos legó el paleolítico o el neolítico, por ejemplo, nos permiten conocer las técnicas utilizadas e interpretar, por ejemplo, los yacimientos de restos de piedra que puedan haber quedado en los talleres de los antiguos tallistas. Los experimentos de traslado de grandes piedras (como las de Stonehenge o las de las pirámides egipcias) o los que han mostrado cómo se puede poner de pie una escultura "moai" de la isla de Pascua sin poleas son formas de arqueología experimental que nos permiten acercarnos más a las culturas que nos precedieron.

abril 19, 2007

Listo 2006

Hoy he terminado de publicar en el blog todos los artículos de 2006, y en las próximas 2 semanas espero haber publicado la totalidad de los artículos publicados en 2007 en el diario, de modo que podamos entrar a una lógica adecuada: el artículo sale en el periódico el miércoles y el jueves o viernes estará en este blog.

abril 18, 2007

Cuando se acabe el petróleo

La realidad socioeconómica que conocemos depende de una energía que nos permita producir y transportar los bienes que necesitamos. Necesitamos garantizar que tendremos esa energía en el futuro.

El petróleo produce electricidad, nos calienta en invierno, nos refresca en verano, permite transportar bienes y personas, mover la maquinaria con la que producimos todo tipo de bienes y servicios en la fábrica y en el campo, conseguir muchísimos bienes de consumo a precios accesibles para muchas personas y, en general, conseguir muchísimas cosas que no podríamos obtener si dependiéramos, como lo hicieron durante millones de años nuestros antepasados, únicamente de la energía de nuestros músculos.

Extraer energía de elementos distintos de nuestros músculos ha sido una de las principales preocupaciones del hombre, y uno de los motores esenciales del desarrollo de lo que llamamos nuestras culturas. El fuego obtenido a partir de madera, extrayendo la energía concentrada en la madera y usándolo para nuestro beneficio, permitió a los seres humanos importantes logros: defenderse en la noche, soportar el frío de latitudes no habituales para nuestra constitución física, habitar en lugares oscuros como las cavernas y cocinar los alimentos, accediendo así a fuentes nutritivas que no podemos aprovechar plenamente en forma cruda.

A la madera pronto se unió el carbón, que contiene una mayor cantidad de energía almacenada que la madera, y otros materiales que podían quemarse, como el estiércol seco de herbívoros, o aceites minerales, animales y vegetales. Se emplearon también otras fuentes de calor, como las aguas termales procedentes de las profundidades de la tierra.

El petróleo era conocido ya en la antigüedad, cuando el asfalto que surgía naturalmente de la tierra se empleaba en la construcción. Herodoto y Diódoro relatan que así se hizo en los muros y torres de Babilonia, mientras que en la china del siglo IV en petróleo ya se obtenía mediante perforaciones para quemarlo y evaporar la salmuera para obtener sal. Pero el boom petrolero que conocemos hoy comenzó en 1846, cuando el físico y geólogo canadiense Abraham Pineo Gesner descubrió el proceso de refinación para obtener queroseno a partir del carbón, lo que disparó una serie de investigaciones sobre la refinación que en pocos años permitieron obtener queroseno a partir del petróleo, y poco a poco a obtener una creciente variedad de sustancias y productos a partir de la destilación del petróleo. Así, del petróleo se obtienen combustibles como el etanol, el combustible diesel, los aceites combustibles, la gasolina, el combustible de aviones, el queroseno y el gas de petróleo líquido (LP). Adicionalmente, del petróleo se extraen los alquenos que se convierten en todos los plásticos que conocemos, lubricantes, ácido sulfúrico, alquitrán, asfalto, coque de petróleo, cera parafina y sustancias petroquímicas aromáticas.

Pese a su valor como origen de otros productos, el 84% de todo el petróleo que se extrae en el mundo se convierte en combustibles que quemamos. Y eso representa el 40% de las fuentes de energía del mundo, mientras que el carbón sigue siendo responsable del 23,3% de nuestra energía y el gas natural del 22,5%. Las fuentes de energía no fósiles siguen siendo minoritarias; en 2004, sólo el 7% de la energía era de origen hidroeléctrico, 6,5% procedía de la energía nuclear y todas las demás opciones, principalmente la biomasa, apenas formaron el 0,7% de nuestro consumo.

Sin embargo, el petróleo es un recurso no renovable, lo que significa que, en algún momento, empezará a escasear, lo que significará que poco a poco se volverá demasiado caro o precioso para quemarlo, llevándonos inevitablemente al uso de otras formas de energía, muchas de las cuales están en pleno desarrollo en estos momentos. Ninguna de ellas, en este momento, es lo bastante atractiva como para sustituir al petróleo, porque ninguna tiene las características esenciales de esta sustancia: abundancia, fácil transportación, alto contenido energético y diversidad. También es un hecho que podemos ahorrar mucho petróleo, simplemente disminuyendo el desperdicio (como el que implica el uso excesivo del automóvil en lugar del transporte público). Sin embargo, la propia abundancia y bajo costo del petróleo impiden que individuos y sociedades realicen esfuerzos adecuados para su conservación.

La pregunta, sin embargo, no es si podremos vivir sin petróleo, es que deberemos hacerlo en un futuro indeterminado, pero sin duda no demasiado lejano. La mejor promesa para sustituirlo se encuentra en las fuentes de energía renovables, es decir, las que no pueden agotarse como lo hará el petróleo: la hidroelectricidad, la energía solar, la eólica, la geotérmica, la de las olas y mareas y, cada vez más, la bioenergía, es decir, la energía obtenida de la quema de materiales biológicos o su conversión en combustibles de origen biológico. En todo caso, para sustituir al petróleo seleccionaremos fuentes de energía que nos ofrezcan la mayor eficiencia a cambio de nuestra inversión en tiempo, trabajo y dinero.

En este sentido, en las últimas semanas un grupo de ingenieros químicos de la Universidad de Purdue han propuesto un nuevo proceso ecológicamente aceptable para producir combustibles líquidos a partir de materia vegetal o biomasa. El nuevo procedimiento añade a las aproximaciones ya conocidas hidrógeno obtenido a partir de una fuente de energía libre de carbono, lo que suprime la formación de bióxido de carbono durante el proceso y aumenta su eficiencia, permitiendo obtener el triple de biocombustible a partir de la misma biomasa.

Las investigaciones del futuro, que recibirán un gran impulso en cuanto empiece realmente a haber signos de agotamiento del petróleo, seguramente obtendrán resultados aún más eficientes y asombrosos. No obstante, si hoy hay en los Estados Unidos 1.400 millones de toneladas de biomasa disponibles como subproductos de los procesos agrícolas, el doctor Rakesh Agrawal, director del grupo de investigación de Purdue, afirma que es posible satisfacer todas las necesidades de combustible para transportación en Estados Unidos "sin usar tierra adicional" para su producción.

Mi auto bebe alcohol


En 1978, Brasil se convirtió en líder de la energía alternativa al introducir los automóviles alimentados con alcohol obtenido de la fermentación de caña de azúcar y remolacha. A partir de 2004, el proyecto se renovó con la aparición del motor híbrido o flexible, que puede usar gasolina o alcohol indistintamente y en cualquier mezcla, y está presente en vehículos fabricados en Brasil por varias de las principales marcas. Y con buena razón: entre 2006 y 2007 se espera que más del 75% de los autos nuevos vendidos sean de motor híbrido.

abril 11, 2007

La utilidad del dolor

El dolor es bueno, pero no tanto como se creía en el pasado, y es malo, pero no tan malo como a veces lo proclama la cultura popular. Pero sobre todo, es necesario.

No resulta fácil ver al dolor como un elemento útil, de hecho indispensable, de nuestra evolución como especie y de nuestra vida como individuos. Pero quizá la mejor forma de hacerlo es imaginarnos que el dolor simplemente no existiera. Así, por ejemplo, podríamos clavarnos un vidrio en un pie y seguir caminando sin sentir ninguna incomodidad, destruyendo aún más tejido del que se dañó en el primer momento. Podríamos quemarnos sin darnos cuenta, sufrir una grave infección, envenenarnos o rompernos un hueso y seguir usando la extremidad afectada con riesgo de causarle un desperfecto aún mayor o, incluso, irreparable.

Por desagradable, molesto y odioso que resulte, el dolor es un sistema sin el cual no podríamos sobrevivir fácilmente. El dolor nos informa que algo anda mal, y que debemos prestarle atención a alguna parte de nuestro cuerpo, o bien que no debemos utilizarla por estar dañada y en proceso de curación o cicatrización. Los encargados de este sistema de alarma por todo nuestro cuerpo son los nociceptores, neuronas especializadas en la recepción y transmisión de los estímulos dolorosos. Hay distintos tipos de nociceptores que reaccionan ante temperaturas muy altas o muy bajas, presión fuerte como la que se produce por golpes o cortes, y que actúan con frecuencia para provocar reflejos de protección (como retirar la zona dolorida de la causa del dolor), estimulación química o por la presencia de inflamación a su alrededor. Incluso algunos nociceptores no provocan la sensación que llamamos dolor, por ejemplo, al ser estimulados, los nociceptores situados en los pulmones provocan tos.

Los estímulos dolorosos se disparan por la presencia de una serie de sustancias químicas, la llamada "sopa inflamatoria", una mezcla ácida formada por prostaglandinas y potasio, que liberan las células dañadas, serotonina liberada por las plaquetas sanguíneas que entran en acción para coagular la sangre en las heridas, bradiquinina liberada por el plasma sanguíneo e histamina, liberada por los mastocitos, células implicadas en la cicatrización y defensa contra patógenos. Los impulsos nerviosos enviados por los nociceptores se transmiten por distintas vías a través de la médula espinal hacia el encéfalo, especialmente hacia el tálamo, que a su vez lanza impulsos hacia las zonas del cerebro encargadas del estado de alerta y las emociones, todo lo cual lleva a ese estado llamado dolor.

Una vez que sabemos que algo nos está dañando y hemos dado los pasos necesarios para evitar daños posteriores y curar los daños ya causados, el dolor no desaparece automáticamente, y se puede convertir en un problema por sí mismo. Algunos tipos de dolor parecen poco útiles (como el dolor de muelas o el que se puede producir en las uñas), o especialmente intensos sin que se pueda hacer nada para evitar su causa (como ocurre en el cáncer) y existe además el "dolor crónico", una afección en la que la sensación de dolor en una persona es duradera, intensa e incómoda, sin un origen preciso. Todo ello ha llevado al hombre a luchar contra el dolor utilizando los medios a su alcance, principalmente de carácter químico.

Al menos desde la época neolítica ya encontramos indicios del uso de la amapola opiáciea o Papaver somniferum en Europa, y la planta está presente en todas las civilizaciones antiguas, desde la sumeria hasta la griega, junto con la mandrágora, la belladona y la mariguana. Sin embargo, durante siglos la lucha contra el dolor convivió con la idea de que el dolor es "bueno", ya sea porque agrada a alguna deidad o bien porque demuestra la "potencia" o "eficacia" de alguna actividad curativa. En todo caso, no es sino hasta el siglo XVIII cuando comienza la búsqueda real del conocimiento acerca del dolor y de su control, con un primer logro en 1803 cuando Friedrich Willhelm Sertürner aisló a partir del opio los cristales de lo que llamó "morfina", uno de los más potentes analgésicos conocidos. Más o menos al mismo tiempo se exploraban las capacidades anestésicas del óxido nitroso y el éter, llevando a que en 1840 William Thomas Green Morton hiciera la primera demostración pública de una cirugía con anestesia a partir de éter. Poco después, James Young Simpson sustituiría el éter por cloroformo después de experimentar con diversos compuestos, y para 1880 la anestesia se había convertido en parte de la cirugía, lo que sirve para recordar que, hasta entonces, todas las intervenciones quirúrgicas, incluidas las amputaciones, las incisiones cesáreas y otras se realizaban sin anestesia y apenas con algún apoyo analgésico como el que podían ofrecer grandes ingestas de alcohol.

Fue hacia fines del siglo XIX cuando comenzó a estudiarse seriamente la fisiología del dolor y se empezaron a proponer diversos modelos médicos a partir del creciente conocimiento acerca del sistema nervioso. El concepto mismo de "nocicepción" o percepción de los estímulos dañinos fue propuesto apenas en 1898 por el fisiólogo británico Charles Scott Sherrington. Los conocimientos fueron demostrando que el dolor es el sistema de alarma del cuerpo, no un mecanismo de castigo, de curación ni de expiación ennoblecedora, permitiendo la aparición de diversas sustancias analgésicas, desde la aspirina hasta modernos compuestos como el paracetamol, el ibuprofeno y los analgésicos no esteroideos. Los avances en las neurociencias han determinado que la efectividad del opio y sus derivados se debe a que nuestro sistema nervioso reacciona a ese tipo de moléculas por su parecido con las propias sustancias contra el dolor y la depresión que produce nuestro propio cuerpo, las endorfinas llamadas también "opiáceos". Hoy, continúa la búsqueda por tener mejores analgésicos con menos problemas secundarios de los que tienen sustancias como la morfina. Como en muchas otras áreas del cerebro, estamos apenas empezando a conocer lo que ocurre en el órgano que nos hace ser nosotros.

El miembro fantasma


Entre el 50% y el 80% de las víctimas de amputaciones reportan sensaciones en el miembro amputado, o miembro fantasma, y muchos de ellos incluyen entre tales sensaciones la de dolor, en ocasiones de enorme intensidad. El tratamiento, a la fecha, implica el uso de antidepresivos, la destrucción de las neuronas nociceptoras que ya no van "a ninguna parte" al no existir el miembro que inervaban y la estimulación eléctrica de la médula espinal. Y cada vez más se utiliza la realidad virtual, a raíz de los descubrimientos del neurocientífico Vilayanur Ramachandran, que ha explorado el papel de la percepción psicológica en los miembros fantasmas, para que los amputados "muevan" el miembro dañado a posiciones cómodas e indoloras.

abril 04, 2007

Las herramientas en el mundo animal

La fabricación de lanzas por parte de un grupo de chimpancés pone nuevamente de relieve que quizá no estamos tan lejos del resto del mundo animal como quizá algunos desearían.

A principios de la década de 1960 la entonces joven etóloga Jane Goodall publicó que los chimpancés que estudiaba en la reserva de Gombe, en Tanzania, exhibían de modo regular un comportamiento único: limpiaban y preparaban una ramita que luego introducían en un termitero y esperaban a que las termitas subieran a la ramita, para luego extraerla y comer las termitas, que para el chimpancé son todo un manjar.

El descubrimiento de la científica británica traía de nuevo a la mesa de discusión habilidades de los animales que algunas visiones considerarían específicamente humanas. En el caso de los chimpancés de Gombe, no se trataba únicamente de que los animales utilizaran una herramienta encontrada en el entorno, sino de la preparación y creación de dicha herramienta, la alteración de un elemento natural para adecuarlo a una necesidad determinada: la pesca de deliciosas termitas. Observaciones adicionales de los chimpancés fueron demostrando que este comportamiento no era una excepción, ni mucho menos. Al paso del tiempo, los investigadores pudieron observar a distintos grupos de chimpancés empleando ramitas especialmente modificadas para extraer miel de una colmena y para desenterrar raíces comestibles. Igualmente se vio que pueden utilizar hojas como herramientas para reunir agua y para limpiarse de barro, sangre y restos de alimentos. Y por lo que se refiere a la "pesca de termitas", al paso de los años se ha podido determinar que no sólo usan una herramienta, sino un juego de herramientas que puede incluir palos perforadores destinados a abrir agujeros hasta las galerías de los termiteros, además de las distintas herramientas que utilizan después para hacerse de su alimento.

El uso anteriormente documentado de herramientas en el mundo animal ya era de por sí inquietante para muchos. Por ejemplo, los buitres egipcios gustan de alimentarse de huevos de avestruz, cuya cáscara resulta tremendamente dura y difícil de romper, y el pico del buitre no sirve para ello. Cuando encuentra un huevo del que puede alimentarse, el ave busca en sus alrededores una herramienta adecuada, una piedra con la forma y el peso correctos para llevarla en el pico y usarla para golpear el huevo de avestruz, romperlo y acceder a su interior. Otra ave que utiliza herramientas con notable habilidad es el pinzón carpintero de las Galápagos, una de las aves de cuya observación derivó Charles Darwin la idea de la variación natural como motor de la evolución. Los pájaros carpinteros perforan la superficie de los árboles para acceder a las larvas que viven bajo la corteza. Capturan a dichas larvas con una larga lengua de tipo arpón para llevarlas a la boca. Sin embargo, el pinzón carpintero carece de esta lengua. A cambio de ello, el pinzón busca ramas o espinas de cactos, las cuales recortan y afinan para darles la longitud y forma adecuadas, y luego las utilizan para extraer la larva y poder comerla. Un tercer caso de uso herramientas en el mundo de las aves nos lo ofrecen ocasionalmente algunos ejemplares de garza verde, que dejan caer pequeños objetos en la superficie del agua y, cuando los peces se acercan al objeto considerando que podría ser una presa, la garza caza rápidamente a los peces. En términos exactos, la garza está pescando con carnada, una herramienta sin duda muy desarrollada.

Por supuesto, las habilidades de los animales han sido llevadas al laboratorio para explorarlas en condiciones más controladas. De hecho, la primera observación de uso de herramientas por parte de chimpancés se dio en la década de 1920, cuando el psicólogo Wolfgang Kohler observó a cuatro ejemplares usar varas largas para alcanzar objetos que se encuentran a una altura tal que les resultaban inalcanzables sin la herramienta. En otros experimentos se observó, no sin asombro, que los chimpancés podían unir dos varas cortas para crear una herramienta lo bastante larga como para alcanzar lugares elevados, o bien apilar cajas para conseguir el mismo objetivo. Y más recientemente, en experimentos de uso de varas para alcanzar objetos en sitios elevados, se ha visto cómo algunos chimpancés aprendían a usar tales varas como escalas para huir del recinto donde estaban confinados, sin duda para sorpresa de los científicos.

La pregunta principal es si el uso de herramientas por parte de los animales es una conducta instintiva (es decir, seleccionada y determinada genéticamente como parte de su evolución) o una conducta aprendida e "inteligente", aunque esta última palabra parece cada vez menos útil por cuanto a que su definición no es tan clara hoy como en el pasado. Ciertamente, el uso de espinas de cactos por parte de los pinzones carpinteros parece ser una conducta genéticamente determinada, que aparece en su totalidad sin necesidad de haber sido observada anteriormente ni imitada de otro animal. Además, es un comportamiento común a todos los pinzones carpinteros. No ocurre lo mismo, por ejemplo, con la pesca mediante carnada de las garzas verdes, ni mucho menos con las herramientas empleadas por los chimpancés, ya que distintos grupos utilizan distintas herramientas de distintas formas. Así, por ejemplo, la pesca de termitas en Gombe, Tanzania, y en el Congo, es distinta. Y, en todos los casos, se trata de conductas aprendidas, es decir, que no aparecen comúnmente en el repertorio conductual de los animales si no es por medio de la imitación y la enseñanza, o por un descubrimiento individual claramente observable.

¿Acaso hay un proceso de razonamiento, de abstracción de un problema y de su solución a nivel interno antes de experimentarlo? No lo sabemos. Para el etólogo Konrad Lorenz, existía la llamada "experiencia ajá", el momento del descubrimiento mental de una solución por parte de un chimpancé. Pero en realidad estamos todavía muy lejos de poder determinar con certeza que, efectivamente, hay procesos cognitivos y de abstracción en los animales, esos seres que, en una época, estuvimos seguros de que eran totalmente distintos a nosotros y que, sin embargo, quizá tienen algo que podríamos llamar una cultura propia.

¿Armas animales?


Recientemente, dos investigadores de la conducta, Jill Pruetz de la Universidad Estatal de Iowa y Paco Bertolani de la Universidad de Cambridge en Inglaterra reportaron en la revista Current Biology haber observado a un grupo de chimpancés haciendo lanzas de madera con procesos bastante complejos, para cazar a otros animales en Senegal. En 22 casos observados entre 2005 y 2006, los chimpancés se ayudaron de herramientas para cazar gálagos mientras éstos dormían en huecos de árboles.