Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento
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enero 21, 2012

Espacio 2012

Lanzamiento de un
cohete Ariane
(Wikimedia Commons)
Mientras Japón, China, la India y el capital privado empiezan a participar en la exploración espacial, la ESA mantiene un proyecto espacial europeo cuya importancia a veces subestimamos.

Quizás gran parte del romanticismo de los viajes espaciales se ha visto sustituido por uno de los grandes enemigos de la humanidad: la rutina. Los niños ya no suelen pegarse a las pantallas de televisión, como lo hacían en los años 60 y 70, para ver todos y cada uno de los lanzamientos espaciales.

Ir al espacio ya no es un acontecimiento excepcional con sabor a aventura, como los primeros viajes orbitales, la carrera hacia la Luna, la primera sonda a Marte o los robots pioneros que se lanzaron a visitar los límites del sistema solar. Hoy, los lanzamientos son cosa cotidiana y con gran frecuencia se ocupan de cosas mundanas como llevar pasta de dientes a la Estación Espacial Internacional.

2012 será la primera ocasión en 30 años en que Estados Unidos no tendrá un vehículo espacial propio, retirados ya los transbordadores espaciales. Y no lo tendrá al menos en dos años. Su sustituto, el vehículo Orión, tiene prevista su primera prueba no tripulada para 2014. Mientras, el transporte de tripulantes hacia y desde la Estación Espacial Internacional (ISS) dependerá de Rusia y su renovada nave Soyuz TMA-M.

Quizá la mejor forma de ver la forma que asume la exploración espacial en el siglo XXI es revisar el presupuesto de la ESA para 2012, que asciende a 4.020 millones de euros (contra los 14.470 millones de euros de la NASA) dedicados a la investigación, pruebas, fabricación, lanzamiento y operación de todas sus misiones.

La mayor parte de ese presupuesto, más de 860 millones de euros, se dedica a la observación de la Tierra (estudio de la atmósfera, del campo magnético, etc). 720 millones van para navegación, 578 millones se dedican a sistemas de lanzamiento, el programa científico recibe 480 millones y los viajes espaciales humanos 413 millones. A las telecomunicaciones quizá el beneficio más evidente de la exploración espacial en nuestra vida cotidiana, se destinan 330 millones.

La Agencia Espacial Europea en 2012

En enero, la ESA realizará el primer vuelo de su cohete de lanzamiento Vega. capaz de poner en órbitas polares y bajas cargas de 300-2.000 kilogramos. Este cohete pequeño completa la oferta de lanzadores europeos, facilitando un acceso más barato al espacio para satélites científicos y de observación terrestre. En su primer viaje al espacio, el Vega pondrá en órbita el satélite LARES de la agencia espacial italiana, dedicado al estudio de algunos aspectos de la relatividad general y el ALMASat de la universidad de Bolonia, además de varios microsatélites de universidades europeas, de los llamados “cubesat”, cubos de 10 cm por lado y una masa de 1,33 kilogramos.

El camión espacial europeo, el ATV, realizará su tercera misón en marzo de 2012 llevando a la estación espacial 6,6 toneladas de carga. A diferencia de los vehículos de transporte privados Dragón y Cygnus, su avanzado sistema de navegación le permite acoplarse automáticamente a la estación espacial. Después de permanecer acoplado a ella durante un tiempo, el ATV se separa llevando consigo varias toneladas de desechos y reingresa a la atmósfera terrestre, quemándose por completo.

Durante el año, la ESA lanzará también 2 nuevos satélites meteorológicos. En mayo se pondrá en órbita polar el MeteOp-B, segundo de una serie de tres dedicados a mejorar la calidad de la previsión del tiempo y la monitorización de las condiciones de la atmósfera. En junio o julio será el turno del MSG-3, tercero de una serie cuyo nombre son las siglas en inglés de “segunda generación de Meteosat”, dedicado a la observación de la Tierra mediante luz visible y radiación infrarroja para el estudio de la meteorología y la previsión de desastres naturales.

En mayo de 2012, un cohete ruso Protón llevará a la estación espacial internacional el brazo robótico europeo ERA, de más de 11 metros de longitud total, que se colocará en el laboratorio multiusos de la ISS y se utilizará para el reemplazo de paneles solares, la inspección de la estación, el manejo de carga y el apoyo a los astronautas durante las caminatas espaciales.

También en mayo volverá a la Tierra el astronauta holandés de la ESA, André Kuiper, después de llevar a cabo la cuarta misión de larga duración de la ESA en la Estación Espacial Internacional, a la que llegó el 23 de diciembre.

En el verano de 2012 también se pondrá en órbita la misión Swarm, una constelación de tres satélites en tres órbitas polares que se dedicarán a medir con la máxima precisión la fuerza, dirección y variaciones del campo magnético de la tierra.

Una actividad de espacil importancia será el lanzamiento dos nuevos satélites del sistema Galileo de navegación y geoposicionamiento. En la actualidad, el mundo depende de la red GPS de 24 satélites del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Por motivos que van desde la seguridad, aspectos estratégicos hasta la antigüedad del sistema estadounidense, Europa ha emprendido este proyecto que contará con 30 satélites en total para 2014. Además del servicio gratuito de GPS, Galileo, ofrecerá servicios especiales a usuarios tales como aerolíneas, gobiernos y servicios de búsqueda y rescate.

Los satélites de geolocalización o navegación requieren de una amplia red de apoyo. Galileo contará con entre 30 y 40 estaciones sensoras, 3 centros de control, 9 estaciones de comunicaión con los satélites y 5 estaciones de telemetría, rastreo y comando.

Con vistas al futuro, 2012 será un año de pruebas intensivas de la nave orbitadora planetaria de Mercurio, mitad europea del proyecto BepiColombo para el estudio de Mercurio, el más pequeño y más cercano al sol de los planetas del sistema solar. La otra mitad es el orbitador magnetosférico de Mercurio que está construyendo la agencia espacial japonesa. La misión está prevista para ponerse en marcha en 2014.

Además de sus proyectos propios, la ESA se encargará del lanzamiento y puesta en órbita de satélites de distintos países y para distintos objetivos.

Finalmente, en noviembre se llevará a cabo en Italia la reunión de los ministros encargados del espacio de los 19 países miembros de la ESA, para analizar lo realizado y plantear los nuevos caminos de la exploración espacial europea.

La empresa privada en órbita

Estados Unidos ha apostado de modo intenso, por la financiación de proyectos privados. Las empresas privadas Space X y Orbital Sciences Corporation enviarán dos primeros vehículos de abastecimiento a la ISS en 2012. La primera de estas empresas Space X, tiene previsto realizar su primer vuelo tripulado en 2015, mientras que el negocio de los vuelos suborbitales es la gran apuesta del multimillonario Richard Branson con su empresa Virgin Galactic.

diciembre 03, 2011

De la Tierra a Marte... y de vuelta

El 4 de noviembre finalizó la misión Marte 500 realizada conjuntamente por Europa, China y Rusia, una simulación para poner a prueba la posibilidad de un viaje a Marte.

El logotipo de la misión
Viajar a Marte es un viejo sueño alimentado a partes iguales por la realidad y la ficción. En la realidad, Marte destaca en el cielo nocturno por su peculiar color rojo, que hizo que los romanos le dieran el nombre del dios pagano de la guerra, y ya en el siglo XVIII el astrónomo William Herschel señaló que, de todos los planetas del sistema solar, Marte era el más parecido a nosotros. Además, está cerca… relativamente. En algunas ocasiones nos separan apenas unos 56 millones de kilómetros.
En la ficción, tenemos una vasta obra literaria que ha atizado la fascinación marciana, que comienza en 1656 con el alemán Athanasius Kirchner y sigue hasta la épica Trilogía Marciana de Edgar Rice Burroughs (también creador de Tarzán), la aterradora Guerra de los Mundos de H.G. Wells o las poéticas Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.

A la mitad entre la realidad y la ficción, en 1877 el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli creyó ver en la superficie de Marte una red de líneas que interpretó como posibles canales de agua. La imaginación popular pronto las convirtió en canales artificiales, autopistas u otras estructuras producto de una civilización vecina … aunque resultaron ser únicamente ilusiones ópticas producto de la imperfecta óptica disponible a fines del siglo XIX.

El inicio de la era espacial dio al sueño la posibilidad de realizarse.

Sin embargo, los viajes espaciales tienen complicaciones, la primera de las cuales es que las naves no pueden viajar en línea recta de un planeta a otro (o a su satélite, en el caso de la Luna), sino que deben despegar y describir una curva elíptica para encontrarse con su objetivo meses después, o incluso años en el caso de las sondas que han ido a los límites del Sistema Solar. Un viaje a Marte de ida y vuelta por la ruta de “menor coste”, la llamada “órbita de transferencia de Hohmann”, incluyendo el tiempo que se pretenda pasar en la superficie marciana, sería cosa de más de un año.

La duración del viaje no sólo es un desafío técnico en términos de combustible, impulsores, sistemas de frenado y despegue en la superficie marciana y otros asuntos de ingenería. Es también un reto humano, de relaciones interpersonales, de separación de los seres queridos, de alimentación, bebida, entretenimiento, trabajo, salud, ejercicio y trabajo, de sistemas eficientes y fiables de sostenimiento de la vida y de formación para enfrentar cualquier dificultad imaginable, desde una emergencia médica hasta una pelea entre dos tripulantes.

Diversos experimentos han buscado analizar aspectos de un viaje de estas características. El más ambicioso hasta hoy lo emprendieron las agencias espaciales de Europa, Rusia y China con el nombre “Marte 500”. En esta misión, , seis participantes debían simular un viaje a Marte durante 520 días que incluía el recorrido, el aterrizaje, la exploración y el regreso, reproduciendo algunas condiciones de un recorrido de este tipo, aunque otras no se pudieran simular, como la microgravedad y el bombardeo de rayos cósmicos a los que se ve sometido todo objeto en el espacio.

La “nave” marciana del proyecto es una estructura de 180 metros cuadrados habitables construida dentro del Instituto Ruso de Problemas Biomédicos, en las afueras de Moscú, formada por un módulo médico, sala de estar, cocina y comedor, dormitorios, cabina de control, un invernadero y un simulador de la superficie marciana. A ella entraron el 3 de junio de 2010 tres científicos rusos, uno chino, uno italocolombiano y uno francés, para quedar aislados totalmente durante la misión, sin luz del sol y sin más aire y agua que los que reciclan los equipos de la “nave”.

Al hacinamiento, la poca privacidad, la falta de luz solar, la rutina agobiante y los problemas propios de todo grupo humano se añadieron otros elementos como la comunicación ralentizada con sus seres queridos y con el centro de control debida a la distancia. Dado que las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz, un correo electrónico (o una entrada de Twitter de los astronautas europeos) podía tardar hasta 25 minutos. Y, a nivel personal, el sólo poderse duchar cada 10 días, los problemas digestivos de alguno de los participantes y la falta de relaciones sexuales fueron factores de tensión y de estudio por parte del amplio equipo científico del proyecto.

Pasar el tiempo libre fue otro de los problemas que la misión sorteó con éxito con soluciones que iban Durante la misión, se desarrollaron 106 investigaciones científicas sobre los participantes: 28 de tipo psicológico y psicofisiológico, 34 clínicas y de diagnóstico de laboratorio, 26 fisiológicas, 8 sobre sanidad, higiene y microbiología y 10 operativas y tecnológicas, con investigadores de numerosos países. Los estudios tenían objetivos tan diversos como analizar continuamente la bioquímica, la temperatura y las variables de salud de los participantes, estudiar sus relaciones y tensiones sociales y psicológicas o, incluso, muestrear distintas superficies la “nave” para determinar cómo se daba el crecimiento y desarrollo de microorganismos en ese espacio cerrado, un elemento que podría representar un problema grave de salud y supervivencia en un viaje real.

Al final de la misión, los participantes superaron con creces la marca de de 437 días continuos en el espacio que estableció Valeri Vladimirovich Polyakov en la estación espacial Mir entre 1994 y 1995. Polyakov se había prestado a ese experimento para demostrar que el cuerpo humano podría soportar la microgravedad en un viaje prolongado, y cuando volvió a la Tierra declaró convencido: “Podemos viajar a Marte”.

No muy distinto que lo que dijo el miembro francés de Marte 500, Romain Charles al salir del aislamiento el 4 de noviembre con sus compañeros en un más que razonable estado de salud: "¡Estamos listos para embarcarnos en la siguiente nave espacial que vaya para allá!"

Las conclusiones preliminares de los científicos encargados de los experimentos de estos meses parecen apoyarlos: es posible. Falta ahora la decisión de hacerlo, y ésa no depende de los científicos ni de los astronautas.

Un menú para 17 meses

Para alimentarse durante un viaje como el Marte 500, cada astronauta debería llevar consigo 1.000 kilogramos de alimentos, algo inviable desde el punto de vista técnico. El invernadero hidropónico de Marte 500 permitió analizar la posibilidad de que los astronautas cultiven sus propios alimentos durante el viaje. Marte 500 también ayudará a encontrar formas de combatir el aburrimiento alimenticio que implica el comer menús limitados durante largo tiempo… sin poder llamar para pedir una pizza.

junio 20, 2009

Ver el universo visible e invisible

Telescopios del observatorio de Roque de los
Muchachos en La Palma de Gran Canaria.
(Foto de Bob Tubbs, Wikimedia Commons)
Hace 400 años, Galileo Galilei utilizó el telescopio, inventado un año antes probablemente por Hans Lippershey, para mirar a los cielos sobre Venecia, y cambió no sólo el mundo, sino todo el universo, al menos desde el punto de vista de la humanidad.

Los conceptos que el ser humano había desarrollado respecto del cosmos que lo rodea habían estado hasta entonces limitados únicamente por lo que se podía ver con el ojo desnudo en una noche despejada, lo que dejaba una enorme libertad para crear conceptos filosóficos que pudieran explicar las observaciones.

Las descripciones del cosmos cambiaban según la cultura y la época. Por ejemplo, para los indostanos, según el antiguo Rigveda, el universo vivía una eterna alternancia cíclica en la que se expandía y contraía, latiendo como un corazón. Esta idea se ajustaba a la creencia de que todo en el universo vive un ciclo permanente de nacimiento, muerte y renacimiento. Para los estoicos griegos, sin embargo, era una isla finita rodeada de un vacío infinito que sufría cambios constantes. Y para el filósofo griego Aristarco, la Tierra giraba sobre sí misma y alrededor del sol, conjunto rodeado por esferas celestiales que tienen como centro el sol, una visión heliocéntrica.

La cosmología que se había declarado oficialmente aceptada por el occidente cristiano era la de Claudio Ptolomeo, basada en el modelo de Aristóteles. En esta visión, el universo tiene como centro a nuestro planeta, inmóvil, rodeado por cuerpos celestiales perfectos que giran a su alrededor, y existe sin cambios para toda la eternidad.

Este modelo se ajustaba bien a la visión cristiana de la creación y el orden divino, y fue asumido como el aceptado en la Europa a la que Galileo sacudiría con su telescopio mediante el sencillísimo procedimiento de mirar hacia los cielos con el telescopio.

El telescopio de Galileo constaba simplemente de un tubo con dos lentes, una convexa en un extremo y una lente ocular cóncava por la que se miraba. Este telescopio se llamó “de refracción” precisamente porque refracta o redirige la luz para intensificarla y magnificarla. 59 años después, Newton erplanteaba el telescopio por medio de la reflexión de la luz, consiguiendo así un instrumento mucho más preciso.

Los telescopios de reflexión, o newtonianos, fueron la principal herramienta que tuvo la humanidad para la exploración del universo durante siglos. Permitió conocer mejor el sistema solar, ver más allá de él y comprender que ni la Tierra ni el Sol eran el centro del cosmos. La tecnología se ocupó de crear espejos cada vez más grandes y precisos para ver mejor y más lejos.

Pero hasta 1937, solamente podíamos percibir la luz visible del universo, un fragmento muy pequeño de lo que conocemos como el espectro electromagnético. En las longitudes de onda más pequeñas y de mayor frecuencia que el color violeta tenemos los rayos UV, los rayos X y los rayos gamma. En longitudes de onda más grandes que el color rojo y a frecuencias más bajas están la radiación infrarroja, las microondas y las ondas de radio.

En 1931, el físico estadounidense Karl Guthe Jansky descubrió que la Vía Láctea emitía ondas de radio, y en 1937 Grote Reber construyó el primer radiotelescopio, que era en realidad una gigantesca antena parabólica diseñada para recibir y amplificar ondas de radio provenientes del cosmos.

Lo que sobrevino entonces fue un estallido de información. El universo estaba animadamente activo en diversas frecuencias de radio, con fuentes de emisión hasta entonces desconocidas por todas partes. Surgían numerosísimos hechos que la cosmología tenía que estudiar para poder explicar.

Al descubrirse en 1964 la radiación de fondo de microondas cósmicas, empezaron a utilizarse los radiotelescopios para explorar el universo en esta frecuencia y longitud de onda. Si miramos el universo visible, el fondo es negro, sin luz, pero si lo miramos en la frecuencia de las microondas, hay un “resplandor” de microondas que es igual en todas direcciones y a cualquier distancia, asunto que resultó sorprendente.

El estudio del comportamiento del universo a nivel de microondas nos permitió saber que la radiación cósmica de fondo descubierta por Amo Penzias y Robert Wilson en 1964 era en realidad el “eco” del Big Bang, la gran explosión que dio origen al universo, y es una de las evidencias más convincentes de que nuestro cosmos tuvo un inicio hace alrededor de 13.800 millones de años.

Sin embargo, las microondas más cortas no pudieron ser estudiadas a fondo sino hasta 1989, cuando se puso en órbita el telescopio orbital Background Explorer. Las microondas más cortas son absorbidas por nuestra atmósfera, debilitándolas enormemente, mientras que en el espacio se las puede percibir y registrar con mucha mayor claridad.

La exploración espacial también permitió poner en órbita otros telescopios que detectaran niveles de radiación de los que nuestra atmósfera nos protege. Tal es el caso de los telescopios de rayos Gamma, que nos han permitido detectar misteriosas explosiones de rayos gamma que podrían ser indicación del surgimiento de agujeros negros por todo el universo.

Por su parte, los telescopios de rayos X también deben funcionar fuera de la atmósfera terrestre y nos informan de la actividad de numerosos cuerpos, como los agujeros negros, las estrellas binarias, y los restos de estrellas que hayan estallado formando una supernova.

El estudio del universo a nivel de rayos ultravioleta también debe hacerse desde órbita, mientras que los telescopios que estudian los rayos infrarrojos sí se pueden ubicar en la superficie del planeta, muchas veces utilizando los telescopios ópticos que siguen siendo utilizados por astrónomos profesionales y aficionados para conocer el universo visible.

Sin embargo, pese a la gran cantidad de información que los astrónomos obtienen de todo el espectro electromagnético, es lo visible lo que sigue capturando la atención del público en general. Cualquier explicación del universo palidece ante las extraordinarias imágenes que nos ha ofrecido el Hubble, que además de ver en frecuencia ultravioleta es, ante todo, un telescopio óptico. Liberado de la interferencia de la atmósfera, el Hubble nos ha dado no sólo información cosmológica de gran importancia para entender el universo... nos ha dado experiencias estéticas y emocionales profundas al mostrarnos cómo es nuestra gran casa cósmica.

Los telescopios espaciales europeos

Aunque el telescopio espacial Hubble es en realidad una colaboración entre la NASA y la agencia espacial europea ESA, Europa también tiene un programa propio de telescopios espaciales. Apenas en mayo, se lanzaron dos telescopios orbitales que pronto empezarán a ofrecer resultados, el Herschel, de infrarrojos, y el Planck, dedicado a las microondas de la radiación cósmica.

enero 31, 2009

Europa en el espacio en 2009

La Agencia Espacial Europea, el mayor esfuerzo cooperativo para la exploración del espacio enfrenta uno de sus años más activos y apasionantes.

Ante la carrera espacial emprendida por la Unión Soviética y los Estados Unidos como parte de la propaganda de la Guerra Fría, Europa se encontró ante el problema de no contar con los recursos, tanto económicos como humanos, para competir con las dos superpotencias, al tiempo que tenía la necesidad de no quedarse atrás en la exploración del espacio.

Después de que la URSS sorprendiera al mundo el 4 de octubre de 1957 con el lanzamiento del Sputnik, dos científicos europeos, los físicos Edoardo Amaldi, italiano, y Pierre Victor Auger, francés, decidieron convocar a científicos de ocho países para proponer la creación de una organización espacial de Europa Occidental para aprovechar los beneficios que claramente se derivarían del conocimiento del espacio. Las reuniones comenzaron en 1961 y en 1964 se fundaron oficialmente la ELDO, con la misión de desarrollar un sistema de lanzamiento, y la ESRO, organización europea de investigación espacial. Estas dos organizaciones se fusionaron en 1975 en la Agencia Espacial Europea, o ESA por sus siglas en inglés, que hoy cuenta con una flotilla de vehículos de lanzamiento utilizados para poner en órbita satélites y ha participado en la investigación del espacio y en la construcción de la Estación Espacial Internacional.

En este proyecto, que en muchas formas es el esfuerzo internacional más importante de la historia, donde se unen numerosos países, la ESA ha participado con 12 de sus 17 países miembros, contribuyendo con el módulo de laboratorio científico Columbus y el módulo de observatorio Cupola. Además, en 2008 puso en operación su vehículo de transferencia automatizado (ATV) “Jules Verne”, el transporte automático para reabastecer la Estación Espacial Internacional.

En 2009, los proyectos de la ESA son extremadamente ambiciosos.

Éste será el año en que se lance por primera vez el cohete Vega, destionado a poner en órbita cargas mucho más pequeñas que el Ariane 5 (de 1.5 toneladas métricas a una órbita de 700 km de altura). Las cargas pequeñas han tenido problemas para encontrar medios adecuados para colocarse en órbita, sobre todo cuando más países y universidades de todo el mundo están esforzándose por tener en órbita experimentos en espacios limitados y de pesos muy bajos para optimizar sus recursos. Vega es parte de la política que ha establecido Europa para tener “acceso garantizado” al espacio.

Igualmente, en el primer semestre del año se lanzará el observatorio espacial Herschel de la ESA, un gigantesco telescopio cuya observación en las bandas infrarroja y submilimétrica le permitirán ver a través del polvo que oculta las fases iniciales de la formación estelar y planetaria. Su espejo de 3.5 metros de diámetro es mayor que el del telescopio Hubble. Su objetivo es el estudio de la formación de galaxias en los inicios del universo y su evolución, la formación de estrellas y la composición química de las atmósferas y superficies de los cuerpos del Sistema Solar, además de analizar la química molecular de todo el universo.

Junto con el Herschell se lanzará el satélite Planck, un observatorio diseñado para estudiar la radiación cósmica de microondas de fondo, conocida como la “primera luz” del universo, el eco aún perceptible del Big Bang. El Planck estudiará así las diversas hipótesis sobre las primeras etapas del universo y el origen de la estructura que tiene el cosmos en la actualidad.

2009 marcará además una nueva etapa de la colaboración de la ESA con la organización espacial rusa, cuando los cohetes Soyuz empiecen a lanzarse desde el espaciopuerto europeo situado en Kourou, el la Guayana Francesa. La ubicación de este espaciopuerto se debe a que los cohetes lanzados desde puntos cercanos al ecuador reciben un impulso favorable de la rotación terrestre, de modo que los Soyuz lanzados desde Kourou tendrán mayor capacidad de carga que los que se lanzan desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán.

En mayo de 2009, el comandante belga de la ESA Frank de Winne partirá en su segundo viaje a la Estación Espacial Internacional, a la cual voló en 2002 como ingeniero de vuelo. En esta ocasión, viajará en una Soyuz TMA-15 y encabezará la expedición 21 de la Estación Espacial Internacional, de la que será el primer comandante europeo, durante un período de seis meses en el cual tendrá a su cargo una tripulación de cinco personas.

El programa Planeta Viviente de la ESA, que consta de seis misiones ya definidas y está abierto al desarrollo de nuevos proyectos, tiene por objeto la realización de observaciones de la Tierra que nos ayuden a comprender mejor nuestro planeta

El 11 de marzo, de no haber cambios, la ESA lanzará un satélite capaz de analizar el campo gravitacional de la Tierra y determinar con más precisión que nunca la forma exacta de nuestro planeta, el geoide, así como estudiar la velocidad y dirección de la circulación de las corrientes océanicas. Este satélite, denominado GOCE, será el primero de una serie de exploradores de la Tierra que la ESA pondrá en el espacio como parte de su programa Planeta Viviente.

El segundo satélite del programa es la misión Humedad del Suelo y Salinidad Oceánica, SMOS, previsto para el primer semestre del año, que observará la humedad del suelo en las masas terrestres del planeta y la salinidad de los océanos para ayudarnos a entender el ciclo del agua en la tierra y los patrones de circulación oceánica.

En junio se lanzará la misión de Dinámica Atmosférica Aeolus, el primer sistema capaz de realizar la observación del perfil de los vientos en todo el planeta y que proporcionará información fundamental para mejorar la previsión del tiempo. La idea es contar con observaciones que permitan a los científicos crear modelos complejos de nuestro medio ambiente para predecir mejor su comportamiento.

Finalmente, la misión Cryosat-2, que ocupa el lugar de la primera misión Cryosat destruida en su lanzamiento en 2005, tiene por objeto la observación del espesor de las masas de hielo en el mar y en los glaciares montañosos utilizando un altímetro de radar, algo de gran importancia para evaluar los efectos reales del cambio climático.

Los vuelos humanos


El éxito del ATV ha motivado que los países miembros de la ESA pongan en marcha los estudios para diseñar con base en el ATV una nave espacial logística capaz de llevar tripulantes a la Estación Espacial Internacional y traerlos de vuelta en lo que se conocería como el vehículo de reentrada avanzado (ARV). Este proyecto, así como el aún incipiente sueño de una misión europea tripulada a Marte, conforman los posibles pasos de los viajes espaciales tripulados de la agencia europea.