Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

septiembre 06, 2014

25 años de la World Wide Web

Sí, hubo un mundo antes de la web, cuando los archivos se compartían llevando papeles de un lugar a otro y donde la información era mucho menos libre que hoy en día.

Esta poco impresionante estación de trabajo NeXT fue el
primer servidor web, instalado por Tim Berners-Lee en
el CERN. A la izquierda, sobre el teclado, hay un ejemplar
del documento "Gestión de la información: una propuesta",
 la semilla de la telaraña mundial.
(Foto CC Coolcaesar, vía Wikimedia Commons)
La fecha no es muy precisa, depende de qué criterio se utilice para determinar en qué momento podemos decir que ya existía la World Wide Web, el servicio de Internet que revolucionó la red y la convirtió en lo que es hoy. Pero estrictamente, la idea se presentó hace un cuarto de siglo, en marzo de 1989, en un documento sobriamente titulado “Gestión de la información: una propuesta” que envió el físico e ingeniero informático británico Tim Berners-Lee a sus jefes del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, CERN.

Hoy ya tenemos una generación que ha vivido toda su vida con esta herramienta de la información (y de la desinformación), de la comunicación (y de la incomunicación), del entretenimiento y de las relaciones sociales. Una generación para la cual es inimaginable el mundo sin esta interconexión y sin su abundancia de información y entretenimiento.

Aunque a veces lo olvidamos, Internet es una red de varios servicios. El correo electrónico, los archivos compartidos por FTP, los grupos de noticias, los chats IRC, el control de ordenadores remotos por Telnet y otros, la mayor parte de los cuales ya existían antes de que apareciera la World Wide Web. Algunos con el tiempo se han integrado en ésta, pero sin dejar de tener una operación y sistemas independientes.

Conseguir un documento que tuviera otro servidor de la Internet primitiva era enormemente difícil. Requería saber quién lo tenía (no sólo la universidad o institución, sino el servidor en el que estaba alojado, en qué carpeta y con qué nombre) y luego utilizar una conexión FTP para descargarlo, a una velocidad increíblemente baja.

Era lento. Era torpe. Y había que saber lenguaje Unix.

Por otro lado, el correo electrónico ya tenía más de dos décadas funcionando cuando apareció la web. El primer correo se había enviado en 1971 ya con una dirección cuyo usuario y servidor estaban separados por la hoy omnipresente arroba.

Todo ello cambió cuando Tim Berners-Lee decidió intentar utilizar el hipertexto para la comunicación entre servidores de Internet, que estaba en funcionamiento público desde principios de la década de los 80 (antes había sido un proyecto de la defensa estadounidense). El hipertexto es lo que hoy conocemos como vínculo o enlace: un fragmento de texto con una referencia a más texto, a otro documento o a otro servicio. Ya era una idea que varios, incluso Berners-Lee, habían explorado antes.

El proyecto presentado en 1989 tenía por objeto facilitar que los científicos europeos compartieran información en el CERN y otras universidades. Aprobada la idea, hizo un prototipo funcional e instaló el primer sitio web de la historia llamado, precisamente, World Wide Web. A su prototipo siguió el primer navegador Web, Lynx (juego de palabras con “links”, que significa “enlaces”, palabra homófona a “lynx” o “lince”). Poco después, los científicos del CERN instalarían la primera webcam (para vigilar la cafetera y atacarla cuando hubiera café recién hecho), se subió la primera fotografía y se inventó el concepto de “surfear” o navegar la red.

La idea se desató sobre el mundo el 30 de abril de 1993, cuando el CERN hizo público el código fuente (el programa básico) del proyecto, sentando las bases de la red libre que hoy es objeto de controversias, debates y enfrentamientos. Para 1994 ya había más de 10.000 sitios Web y Berners-Lee se fue al MIT en Estados Unidos para ponerse al frente del W3 Consortium, organización sin ánimos de lucro que rige y ordena la WWW, y lucha por mantener sus características básicas como una red pública, libre e independiente de gobiernos e intereses económicos y políticos.

Algunas cifras permiten darnos una idea de la explosión que ha significado la World Wide Web, sin apenas tratar de valorar en justicia, que sería muy difícil, su impacto en la sociedad, en la política, en la actividad académica, en el arte y en todas las actividades humanas, especialmente vinculada a los otros dos actores de la revolución virtual: el ordenador y el teléfono móvil.

Los primeros módems que se usaron en la WWW, que se comunicaban mediante líneas telefónicas analógicas, alcanzaban una velocidad máxima de 14.400 kilobits por segundo, lo que quiere decir que para descargar un megabyte o mega tardaban 14 minutos. La descarga de un vídeo de media hora de calidad razonable disponible en la actualidad, de 5 gigas, por ejemplo, habría tomado... más de 1.200 horas o 48 días. Con un módem de línea digital ADSL o de cable actualmente se puede llegar a velocidades de 300 megabits por segundo, capaz de descargar un mega en algo menos de medio segundo y el mismo vídeo en una media hora.

La mayor velocidad de transmisión de la información ha permitido por lo mismo una explosión en la cantidad y variedad del material disponible en la Web. Y todo ese material está accesible en alrededor de 1.017 millones de sitios Web según una estimación de fines de julio de 2014.

Esos más de mil millones de sitios se encuentran alojados en una cantidad indeterminada de servidores. Algunos medios calculan 75 millones y otros muchos más. Y para llegar a ellos se necesita otro millón de servidores, que son los que tiene Google según calculan los expertos de la industria, aunque sólo la empresa lo sabe con certeza.

Pero la World Wide Web que está entrando a su segundo cuarto de siglo es mucho más que números e información. Es la gente que la usa, la que ha creado sus datos, la que forma sus redes sociales, la que de modo creciente está colocando sus propios archivos, sus documentos, sus fotos, sus vídeos en la red. Se calcula que, accediendo a la World Wide Web mediante ordenadores o smartphones, actualmente el número de usuarios del invento de Berners-Lee es de 2.940 millones de personas a fines de julio de 2014, el 42 por ciento de los seres humanos. Y probablemente habrá llegado a la mitad de los habitantes del planeta antes de su cumpleaños número 26.

Una cifra que para muchos es, simplemente, el desafío de llevar la Web a la otra mitad del mundo.

La web profunda

La “web profunda” o “invisible”está formada por todas las páginas que no son indexadas por los buscadores: las accesibles mediante suscripción, redes privadas de empresas y gobiernos; páginas que se generan en respuesta a solicitudes y luego se borran (como nuestros movimientos bancarios al consultarlos) y otras. Se calcula que es miles de veces mayor que la web abierta e incluye, aunque no como lo pintan algunos mitos que rayan en la leyenda urbana, páginas donde se desarrollan actividades ilegales y que son objeto del interés de las corporaciones policiacas de todo el mundo.