Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

junio 19, 2010

Cáncer: detección y diagnóstico

Gordon Isaacs, primera persona tratada con
radiación para un cáncer de la retina en
1957. Sobrevive a la fecha.
(D.P. National Cancer Institute, vía
Wikimedia Commons)
Detectar a tiempo el cáncer es fundamental para una recuperación completa, la mítica “cura del cáncer”.

Nuestro cuerpo está formado por entre 50 y 100 billones (millones de millones) de células ampliamente diferenciadas, formando tejidos tan distintos como los huesos y la corteza cerebral. Y nuestras células deben reproducirse constantemente, controladas por un sistema que va eliminando a las células anormales que aparecen. Cuando tales células anormales no son eliminadas y se empiezan a multiplicar desordenadamente, tenemos la enfermedad llamada cáncer.

Hay muchos tipos de cáncer, dependiendo del tipo de células afectadas, que además pueden invadir y ocupar otros tejidos, algo que las células normales no hacen. Las células cancerosas también pueden migrar o trasladarse mediante el torrente sanguíneo o linfático y afincarse en otros lugares del cuerpo, usurpando el espacio físico, los nutrientes y las funciones de distintos tejidos.

Sin embargo, no existe una forma de detectar “el cáncer”, en general. Y, lo más grave, en sus primeras etapas la gran mayoría de las formas de cáncer no produce dolor. Por tanto, echamos mano de ciertas recomendaciones para estar en guardia contra algunos tipos de cáncer especialmente comunes o virulentos y que presentan signos externos o fácilmente distinguibles.

Así, el cáncer del cuello del útero se puede detectar tempranamente mediante la prueba de Papanicolau, tomar una muestra de la mucosa del cérvix del útero para después tintarla y observarla bajo el microscopio. Esto permite identificar células sanas, parásitos como las tricomonas, herpes y células cancerosas. Además, el ginecólogo puede hacer tactos del útero, la vagina, los ovarios, las trompas de falopio, la vejiga y el recto en busca de bultos o tumores sospechosos de ser cancerosos.

El cáncer de mama, por su parte, se detecta mediante el autoexamen, enseñando a la mujer a realizarse una exploración con el tacto en busca de bultos o irregularidades que podrían ser cancerosos. Los médicos y las enfermeras ambién ueden realizar esta exploración, pero cada vez se prefieren más los mamogramas, radiografías de los pechos que pueden mostrar irregularidades peligrosas incluso antes de que se puedan percibir al tacto. Estos métodos son sólo indicativos, pues hay muchos trastornos, afecciones y problemas leves que pueden formar los temidos "bultos" en las glándulas mamarias.

La prevención del cáncer de piel es, sobre todo, un ejercicio de observación atenta en busca de manchas, lunares que cambian de forma o posición, sangran o producen comezón. Otras formas de cáncer, como la de colon o próstata, requieren ciertas pruebas periódicas a partir de cierta edad considerada de riesgo. Pero hay muchos otros síntomas que son señales de alerta de una posible forma de cáncer: ulceraciones que no sanan, indigestión recurrente, sangrado rectal o de la vejiga, etc.

La única forma eficaz de detectar un cáncer es por medio de la observación y las pruebas de laboratorio.

La observación se realiza indirectamente por medio de sistemas de generación de imágenes: radiografías, resonancias magnéticas o tomografías computarizadas, ultrasonidos o escaneos de radionúclidos. En ocasiones, obtener imágenes útiles puede exigir que usted tome alguna sustancia, como un tinte para los tejidos o un medio de contraste que rellene y destaque órganos huecos. Pero también se puede hacer directamente utilizando métodos de endoscopía, en los cuales un tubo iluminado llamado endoscopio se inserta en alguna parte del cuerpo para mirarla, como por ejemplo la colonoscopía, que es este procedimiento realizado en el colon.

Pero incluso pese a estos procedimientos, el diagnóstico no es 100% certero. Por ello se utilizan además diversos análisis de laboratorio de la orina, la sangre y otros, que ayudan al diagnóstico midiendo la presencia de ciertas sustancias en los fluidos corporales, basados en el conocimiento de que ciertos tipos de cáncer provocan la presencia de niveles anormales de ciertas sustancias.

Si todos estos procedimientos indican riesgo, se procede a la única forma de poder determinar con certeza que un problema es, efectivamente, cáncer. Se trata de la extrañamente temida “biopsia”, un procedimiento quirúrgico para obtener una muestra del tejido de la zona afectada. El sistema puede ser tan sencillo como cortar un pequeño trozo de piel bajo anestesia local que realizar una compleja intervención para obtener muestras de tejidos no fácilmente accesibles, como el páncreas o la médula ósea.

Un patólogo especializado examina estas muestras bajoel microscopio y determina si son cancerosas y, con frecuencia, qué tipo de cáncer es y si en el futuro tendrá un desarrollo rápido o lento.

Finalmente, con la certeza de que se trata de un proceso canceroso, el médico puede realizar otras pruebas y exámenes para determinar la etapa en la que se encuentra, si se ha extendido por el cuerpo y en qué medida. Con base en ello, se realiza la cirugía para eliminar el cáncer, retirando con frecuencias los nódulos linfáticos de los alrededores del tumor para analizarlos y ver si han transportado o no células cancerosas a otras partes del cuerpo.

Precisamente por la enorme complejidad del diagnóstico del cáncer, se recomienda habitualmente tener una “segunda opinión”, el punto de vista de otros especialistas que analicen el caso, revisen las muestras de laboratorio y se aseguren de que nada se haya pasado por alto.

Porque, finalmente, algunos cánceres se diagnostican mal, y también, en algunos casos, sin que haya cifras precisas sobre ello, otros cánceres perfectamente certificados se destruyen a sí mismos, en la llamada “remisión espontánea". Es por ello que la detección y diagnóstico de esta compleja clase de enfermedades es, por desgracia, mucho más difícil que la de otras afecciones y trastornos más evidentes.

Y es por ello, también, que hoy en día, el arma principal de lucha contra el cáncer no es solamente el tratamiento, sino sobre todo la detección temprana, oportuna y eficaz que impide que la enfermedad se extienda y sea mortal.

La multiplicación celular

Las células de nuestro cuerpo tienen ciclos vitales muy diversos. Las células de nuestro páncreas pueden vivir un año o más, los glóbulos rojos o eritrocitos de nuestra sangre viven unos 4 meses, las plaquetas (encargadas de la coagulación) sólo unos 10 días, las células del recubrimiento del estómago 2 días y algunos glóbulos blancos encargados de la defensa de nuestro cuerpo pueden vivir apenas unas 10 horas. En el otro extremo están las neuronas de nuestra corteza cerebral, algunas de las cuales viven toda nuestra vida. La vital necesidad de reponer las células que van muriendo para mantener nuestra salud es aprovechada por el cáncer para producirse y crecer.

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