Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

diciembre 04, 2010

La ciencia del deporte

Cuando miramos hacia atrás, a los deportistas del pasado, no podemos sino admirarnos de las hazañas que algunos de ellos consiguieron con equipaciones y formas de entrenamiento que hoy se nos antojan arcaicas e, incluso, peligrosas.

Eddie Merckx en 1966
(Foto CC de Foto43 vía Wikimedia Commons)
Como ejemplo de esto último, Eddie Merckx, leyenda belga del ciclismo que ganó cinco veces el Tour de France entre 1969 y 1974 y conquistó el récord de la hora en 1972, casi nunca utilizó casco, o lo que se consideraba tal en el ciclismo: un curioso adminículo formado por tres o cuatro tiras de piel acolchadas.

El primer casco para ciclismo útil apareció a mediados de la década de 1970, demasiado tarde para el belga, y tenía poco que ver con los actuales, diseñados con materiales de máxima seguridad, malla de nylon, espuma protectora y un exterior ligero diseñado con orificios de ventilación para añadir comodidad a la seguridad del ciclista. Por no mencionar los cascos aerodinámicos extremos que aparecieron hasta los años 80, cuyos descendientes hoy vemos en las pruebas contrarreloj y algunas pruebas de pista.

Lo que desde tiempos de la Grecia clásica se consideraba solamente un enfrentamiento entre las capacidades, fuerza, agilidad, astucia y potencia de los contendientes, se ha convertido hoy también en una competencia científica. Los principios científicos dentro de las más diversas disciplinas se han orientado a la competición deportiva buscando optimizar la preparación y rendimiento del deportista. Los científicos detrás de cada deportista son actualmente un factor fundamental del éxito… o el fracaso.

La implantación de la ciencia en el deporte es, sin embargo, una consecuencia inevitable de la curiosidad científica misma, al plantearse preguntas sobre el tiempo de reacción, la resistencia muscular, los límites de la velocidad, la nutrición, la forma en que el cuerpo humano corre, salta, gira… la ropa usada por los deportistas y el rendimiento del equipamiento: balones, zapatos y zapatillas, jabalinas, canoas, raquetas, palos… y también sobre algunos aspectos especialmente atractivos, como el efecto o curvado de la trayectoria de las pelotas en el fútbol o el béisbol.

Así, por ejemplo, en septiembre de 2010 los medios informaron de un estudio publicado en la respetada revista científica ‘New Journal of Physics’ que analizaba y explicaba en detalle y en base a las leyes de la física el famoso “gol imposible” que Roberto Carlos marcó a la selección francesa en un amistoso previo al Mundial de 1998.

A los campos deportivos acudieron los científicos con sus aparatos de medición, cuando no llevaron a los propios deportistas a sus laboratorios, para analizar minuciosamente cada detalle que marcaba la diferencia entre el primer lugar y los demás. Y conforme la ciencia iba entendiendo cada vez mejor los distintos aspectos que se conjuntan en un excelente rendimiento deportivo, los entrenadores, los preparadores físicos, los patrocinadores y los propios atletas fueron acudiendo a ellos para obtener una ayuda en la consecución del ideal olímpico: citius, altius, fortius… más rápido, más alto, más fuerte.

El entrenamiento y preparación física de los deportistas, así como su nutrición, han sufrido extraordinarios cambios en las últimas décadas, maximizando sus resultados por medio del conocimiento de sistemas y técnicas probados para conseguir sus objetivos deportivos, sustituyendo a muchas creencias y supersticiones que durante mucho tiempo dominaron los entrenamientos

La tecnología de materiales es una de las más visibles en el desarrollo del deporte. La fibra de carbono, desarrollada en 1958, llegó al mundo deportivo en la década de 1980, es uno de los materiales más utilizados. Se trata de hilos formados por miles de filamentos de carbono, de gran resistencia y flexibilidad, que se emplean en materiales compuestos, formados por la fibra incrustada en una resina. Desde 1980, la fibra de carbono se encontró sirviendo por igual a los ciclistas que a los tenistas, con raquetas mucho más duras y ligeras, a los golfistas. El propio Eddy Merckx, hoy de 65 años y fabricante de bicicletas, las ofrece producidas en fibra de carbono y en aleaciones de aluminio-escandio, mucho más resistentes y ligeras que aquéllas en las que conquistó la gloria.

Los nuevos materiales se encontraron en la década de 1970 con los primeros conocimientos sólidos sobre la biomecánica del pie y la pierna… y la zapatilla deportiva pasó a ser elemento dedicado a maximizar el uso de la energía, devolviendo al pie parte de la que invierte en cada paso, acolchando, guiando y colocando el pie para conseguir el “paso perfecto”. También incluyen tecnologías de ventilación o de conservación del calor, diseños y materiales repartidos en toda su estructura para responder a la torsión, tensión y choques que sufren las distintas partes del pie, o incluso para impedir que entren al zapato piedrecillas durante las carreras a campo traviesa. Cada milisegundo de cada paso, patada, salto, giro o aterrizaje que haga un deportista se mide, registra y estudia para mejorar el rendimiento mediante sus zapatillas.

En las carreras de todo tipo, desde los míticos 100 metros lisos hasta las carreras de patines sobre hielo o la natación, la ciencia de la aerodinámica está jugando también un importante papel. Y los túneles de viento, como los usados para probar los diseños de los autos de Fórmula Uno, se emplean también para conocer la resistencia aerodinámica y el gasto energético de distintos tejidos, incluyendo detalles en apariencia tan poco relevantes como la colocación de los medios de sujeción (cremalleras, botones, cintas, etc.) que pueden representar una o dos centésimas de segundo en la crono final.

¿Puede la ciencia realmente decidir una competición? Si todos los participantes cuentan con lo último en tecnología y ciencia, tanto en su preparación como en su equipamiento, las condiciones son equitativas y el resultado seguirá siendo esencialmente responsabilidad del atleta, de su capacidad y actitud. El magistral Jesse Owens que dominó los juegos olímpicos de 1936 en Berlín, humillando las ideas racistas, también tenía lo último en tecnología de su tiempo, por más que nos parezca tecnología arcaica 74 años después.

Beneficios para todos

La ciencia y tecnología del deporte no se agota en las grandes competiciones de alto rendimiento, sino que ha ofrecido apoyo a todos quienes se ejercitan o practican cualquier deporte como aficionados. Porque no se trata únicamente de tener mejores resultados, sino también de ejercitarnos con mayor eficacia y seguridad. El moderno equipamiento tiene entre sus objetivos el evitar lesiones y problemas que eran comunes en el pasado y representaban muchas veces un gran obstáculo para el disfrute y ejercicio de nuestro deporte favorito.