Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

mayo 23, 2009

El lugar de todos los libros

Bibliotheca Alexandrina, la heredera
de la gran biblioteca perdida.
(D.P. vía Wikimedia Commons)
Los monarcas griegos de Egipto intentaron reunir la sabiduría del mundo conocido en un solo lugar, la biblioteca de Alejandría, un sueño que antecedió a Internet.

Una de las conquistas más duraderas de Alejandro Magno fue la de Egipto, realizada al inicio de su carrera entre el 332 y el 331 antes de la Era Común. Alejandro fue visto por los egipcios como su liberador, pues estaban entonces, por segunda vez, bajo el dominio persa, y los sacerdotes lo exaltaron como Amo del Universo e Hijo de Zeus. Alejandro fundó entonces la primera, y más famosa, de las ciudades que llamaría Alejandría, en la costa mediterránea de Egipto.

Al morir Alejandro en Babilonia, su amigo y general Tolomeo, uno de sus siete guardaespaldas, llevó su cuerpo hasta Alejandría para enterrarlo en un sitio hoy desconocido y asumir el poder, que reclamó como resultado de la partición del imperio de su amigo, emprendiendo la consolidación de su poder en el reino y situando su capital en Alejandría, que vio como epicentro de la cultura helénica. Lograda la estabilidad politica como, el ahora faraón Tolomeo I Soter se ocupó de patrocinar las artes, las letras y las ciencias, y fundó una de las instituciones más ambiciosas de la historia, la Gran Biblioteca de Alejandría.

Aún si Tolomeo no fue, como creen algunos estudiosos, alumno de Aristóteles en su infancia con Alejandro,  la influencia del filósofo estuvo presente cuando la organización de la biblioteca se le encargó a Demetrio de Falerón, que la comenzó, según la leyenda, con sus propios libros traídos de Atenas, pero que contaba además con un enorme presupuesto y una misión: reunir todos en esta institución todos los libros de la tierra mediante compras y transcripciones. "Los Tolomeos deseaban que su Biblioteca fuera universal. No sólo debía contener lo fundamental del saber griego, sino escritos de todos los países, que luego habían de ser traducidos al griego” afirma Mostafá El-Abbadi, de la Universidad de Alejandría.

Construida, dicen las crónicas, al estilo del Liceo de Aristóteles, y situada junto al Musaeum o museo, la casa de las musas, dentro del palacio real, la Gran Biblioteca tenía jardínes para pasear, un comedor común, un salón de lectura, salas de conferencias y salas de reuniones, además de espacios para las adquisiciones, transcripciones y traducciones. No se trataba únicamente de un sitio de acumulación de conocimiento, sino que fue además un centro de investigaciones sostenido generosamente por la dinastía tolemaica, que sería la última del imperio egipcio terminando con Cleopatra. La Biblioteca de Alejandría producía continuamente nuevos trabajos. Entre los primeros se encuentra la Geometría de Euclides, matemático que estuvo directamente bajo la protección de Tolomeo I.

Desde su concepción, y durante los tres siglos de su crecimiento incesante, la Biblioteca de Alejandría capturó la imaginación y el entusiasmo de sus coetáneos, además de ser un elemento relevante en la economía alejandrina. Dice Wallace Matson, profesor emérito de filosofía de la Universidad de Berkeley: “La biblioteca atraía a tantos académicos visitantes que alimentarlos y alojarlos se convirtió en una importante industria alejandrina. Se proporcionaban servicios de copiado de modo que la biblioteca era de hecho, también, una editorial. De esta forma, la difusión del aprendizaje recibió una gran ayuda”.

Uno de los personajes más relevantes relacionados con la biblioteca, que ha aparecido frecuentemente en obras de ficción y que llevó a la atención pública la serie Cosmos de Carl Sagan, es ahora protagonista de la película Ágora de Alejandro Amenábar. Se trata de Hipatia de Alejandría, la sabia griega que vivió en el Egipto bajo la dominación romana entre el siglo IV y V de nuestra era. Hipatia destacó en matemáticas, astronomía y filosofía, encabezando la escuela de Platón y de Plotino en la ciudad.

Aunque Hipatia trabajó en la biblioteca, hay dudas fundadas de que fuera, como algunos afirman, su última bibliotecaria. Pero fue sin duda la encarnación del espíritu de la biblioteca, de la libre investigación, de la participación amplia en la cultura y de la capacidad multidisciplinaria, como comentarista de obras científicas, cartógrafa estelar e del hidrómetro, que se usa para determinar la densidad y gravedad relativa de los líquidos. El asesinato de la pagana Hipatia a manos de una turba cristiana que la acusaba de un problema político entre el prefecto y el obispo de Alejandría, es considerada además por algunos historiadores el fin del helenismo.

El gran misterio que dejó la biblioteca fue la historia real de su final. A lo largo de la historia, varios personajes han sido señalados como sucesivos destructores de la biblioteca, empezando por Julio César, que según Plutarco incendió la gran biblioteca accidentalmente al quemar dos de sus embarcaciones en su conquista de Egipto en el 48 a.E.C. Ciertamente esto no destruyó la biblioteca, que siguió existiendo varios siglos. Aureliano, que atacó la ciudad en el siglo III de nuestra era ha sido señalado como saqueador que llevó parte de la biblioteca a Constantinopla. En el 391, el emperador cristiano Teodosio ordenó destruir todos los templos paganos, y al parecer la biblioteca sufrió por ella.

El ya citado El-Abbadi afirma que la última referencia conocida de la biblioteca de Alejandría fue de Sinesio de Cirene, uno de los alumnos de Hipatia. Aún así, la leyenda atribuye también el fin de la biblioteca a la conquista de la ciudad por Amr ibn al ‘Aas en el año 642.

Pero ése no fue el fin.

Además de los esfuerzos por crear bibliotecas digitales en Internet como la Europeana o la Biblioteca Digital Mundial, en 2002 se inauguró en Alejandría la Bibliotheca Alexandrina, un proyecto cultural de la Universidad de Alejandría con apoyo de la UNESCO. La nueva biblioteca que pretende seguir la tradición de la fundada por Tolomeo tiene 11 niveles con espacio para ocho millones de libros, un centro de conferencias, bibliotecas especializadas para ciegos, jóvenes y niños, tres museos, cuatro galerías de arte, un planetario y, de modo muy pertinente, un laboratorio de restauración de manuscritos. Los libros que tiene han sido donados por países de todo el mundo, convirtiéndose en expresión del legado de Alejandro Magno y Tolomeo en el siglo XXI.


Las primeras bibliotecas

Originadas en Egipto alrededor del 2000 a.E.C., las bibliotecas fueron la institución científica por excelencia del mundo antiguo. Antes del 1000 a.E.C. la biblioteca de la capital de los hititas contaba con tabletas en ocho idiomas, y la biblioteca de Nínive, 400 años después, contenía desde poesía hasta libros para estudiar gramática. Se presume que tanto la Academia de Platón como el Liceo de Aristóteles tenían bibliotecas.

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