Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

mayo 09, 2009

Sesgos cognitivos: cuando pensamos rápido y mal

El primer paso para dejar de ser irracional es darnos cuenta de que somos, muchas veces, profundamente irracionales, como lo demuestran nuestros sesgos cognitivos.

Nuestro cerebro da credibilidad a un
entrenador de fútbol como experto
en colesterol debido al "efecto halo".
“La primera impresión es la que cuenta.” Esta frase, habitual en libros de autoayuda, cursillos de formación para comerciales y cátedras de relaciones públicas, resultó ser, intuitivamente, lo que hoy sabemos que es verdad científica: nuestra primera percepción de una persona afecta nuestro juicio general sobre ella, con frecuencia llevándonos a cometer errores de juicio que pueden ser graves. A esto se le conoce como el “efecto halo”, porque trasladamos las características positivas o negativas de parte de la personalidad de alguien a otras partes.

Un ejemplo claro de este “efecto halo” es el de las personas a las que, por ser famosos, bien parecidos o buenos actores, les damos credibilidad en áreas que nada tienen que ver con ello. ¿Acaso los deportistas son expertos en maquinillas de afeitar, los actores saben mucho sobre cafeteras o las presentadoras atractivas tienen un conocimiento singular sobre muebles? Sabemos que no, y sin embargo gran parte de la publicidad está basada en que nosotros, por la forma en que están predeterminados nuestros procesos de pensamiento, vamos a ver positivamente las opiniones de tales personalidades de un modo totalmente irracional.

El reciente caso de la cantante escocesa Susan Boyle es un buen ejemplo del efecto halo en lo negativo. El aspecto de la mujer hizo que el público inmediata e irracionalmente concluyera que debía tener una voz horrible, o que no sabría cantar, aunque si lo pensamos un momento es evidente que la capacidad de cantar y la posesión de una voz hermosa no tienen nada que ver con el aspecto o la educación de una persona. De ahí que la reacción del público ante la buena interpretación de Susan Boyle se convirtiera en un acontecimiento mundial.

Es fácil decir que no se debe juzgar un libro por su portada, pero en realidad no podemos evitar hacerlo. El efecto halo es uno de los muchos sesgos cognitivos identificados por la psicología científica. Tales sesgos cognitivos son como atajos para la emisión de juicios que utiliza nuestro cerebro para asumir una posición rápida ante ciertos estímulos, problemas o situaciones, pero que nos pueden conducir a errores que pueden ser graves. La psicología cognitiva estudia las estrategias y estructuras que utilizamos para pensar, para manejar la información, y ha identificado una gran cantidad de ellos, con frecuencia relacionados entre sí.

Así, por ejemplo, el sesgo de confirmación, o de prejuicio, es la tendencia que tenemos de buscar hechos que confirmen nuestros prejuicios, o interpretar los hechos que tenemos a mano con el mismo fin. Así, por ejemplo, el racista verá todo comportamiento reprobable de un miembro del grupo que odia como una confirmación de sus prejuicios, cerrando los ojos al mismo tiempo a evidencias que vayan contra ellos, por ejemplo, los comportamientos admirables del grupo objeto de su rechazo o los comportamientos reprobables de su propio grupo.

Por su parte, el sesgo de la ilusión de control se encuentra detrás de muchas supersticiones y comportamientos irracionales. Se trata de la tendencia que tenemos a creer que podemos controlar ciertos acontecimientos, o influir en ellos, cuando racionalmente es evidente que tal control es imposible. Así, creamos rituales y supersticiones que nos dan cierta seguridad, como los deportistas que repiten ciertas conductas esperando que condicionen cosas como su capacidad de marcar goles, que evidentemente depende de muchos otros factores objetivos.

Es imposible resumir las docenas de sesgos cognitivos que la psicología ha identificado por medio de experimentos que, por otra parte, son frecuentemente notables por el ingenio que han empeñado los experimentadores para que los sujetos no sean conscientes del tipo de estudio al que se les somete, pero hay uno que sin duda tiene una gran influencia en nuestra vida cotidiana en lo individual, lo familiar y lo social, el sesgo llamado heurística de disponibilidad. La heurística es la forma que tenemos de buscar soluciones mediante métodos no rigurosos, como el tanteo o las reglas empíricas, nos dice el diccionario de la RAE.

La heurística de disponibilidad es el sesgo que implica utilizar como elemento de juicio el dato más disponible en nuestra memoria debido a su impacto, a ser reciente o a alguna otra causa. Por ejemplo, si un amigo nos cuenta que ha tenido un problema grave con un automóvil de una marca, es frecuente que concluyamos que todos los automóviles de esa marca son poco fiables, cuando el problema podría ser simplemente de ese vehículo en particular, o de los malos hábitos de conducción de nuestro amigo.

Otro caso claro de heurística de disponibilidad se presenta cuando notamos y damos especial importancia a un suceso poco frecuente. Así, si pensamos en alguien y en ese momento nos llama por teléfono, podemos concluir que ha habido un fenómeno telepático, porque el hecho es impactante, sin pensar en los miles y miles de veces que suena el teléfono sin que tengamos idea de quién llama, y menos aún sin calcular las probabilidades de que un número determinado de ocasiones en la vida ocurrirá inevitablemente que pensemos en una persona en el momento en que nos llama.

Conocer los sesgos cognitivos, saber que nuestro cerebro, por la forma en que ha evolucionado, acudirá a ellos para hacer juicios que pueden ser profundamente irracionales, no es sólo un área de estudio de la psicología. Estar conscientes de estas limitaciones nos sirve también para realizar un esfuerzo consciente por ser racionales en ciertos casos y compensar los sesgos cognitivos que tenemos.

Ciertamente, en la sabana, cuando nuestra especie tenía fundamentalmente el destino de ser alimento de sus depredadores, una decisión rápida tomada con base en muy pocos datos tenía un gran valor de supervivencia. No había ni tiempo ni forma de analizar a fondo la situación cuando un tigre dientes de sable nos pisaba los talones. Pero hoy, cuando el hombre puede alterar profundamente su realidad, a su planeta, su vida y su futuro, no nos podemos dar el lujo, al menos en ciertas decisiones importantes, de actuar sin valorar todos los elementos y sin utilizar cuidadosamente la razón.

La memoria sesgada

El hombre siempre ha confiado en su memoria, pero hoy sabemos que, también, nuestra memoria está sujeta a sesgos y fallos que hacen que no debamos siempre fiarnos de ella. Las falsas memorias, que durante un tiempo se consideraron un mito, y otros errores de memoria, son hoy tenidas en cuenta sobre todo por los tribunales, en juicios donde el recuerdo de las personas y su testimonio puede afectar profundamente la vida de otros.