Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

junio 16, 2012

Nuestros inquilinos los ácaros

Vivieron en el hábitat y en la piel de los dinosaurios. Hoy viven en nuestras casas y en nuestros rostros.

Ácaro del polvo (Dermatophagoides pteronyssinus)
(Foto CC de Gilles San Martin de Namur, Bélgica,
vía Wikimedia Commons)
No es exactamente una historia de terror, pero muchas veces se ha presentado así. Empieza en el gran punto de contacto que tenemos con el mundo, el órgano más extenso: nuestra piel.

La capa exterior de nuestra piel está formada por células muertas. Aunque la idea puede ser inquietante, es una gran ventaja, ya que esa capa, el "estrato córneo", protege al resto de las capas de la piel, y a todo nuestro organismo, del peligro de las infecciones y la deshidratación. Pero el estrato córneo, precisamente por su composición de células muertas formadas principalmente por queratina (la proteína que también forma nuestro cabello y uñas), se renueva constantemente de abajo hacia arriba, y las células muertas más antiguas se descaman para ser sustituidas por otras, procedentes de los estratos inferiores de la epidermis.

Diariamente desechamos entre 10 y 20 gramos de células de piel muerta, que se depositan por todos los lugares donde habitamos, principalmente donde pasamos mucho tiempo, como las camas y asientos.

Un hecho destacado del ciclo de la vida en nuestro planeta es que toda la materia orgánica es reciclable. Toda. Donde quiera que haya algo de materia orgánica que pueda servir de alimento, surgirá, como resultado del proceso evolutivo, un ser vivo que se alimente de ella. Pueden ser seres vivos cazados por sus depredadores, o seres muertos que son utilizados como alimento por una enorme variedad de animales, hongos y plantas.

Y las células de nuestra piel son el alimento de unos pequeños, pequeñísimos artrópodos, llamados "ácaros del polvo", que se alimentan además de otros fragmentos de materia orgánica, como la grasa o sebo que todos los mamíferos secretan para mantener lubricada la piel, y en general todas las sustancias animales o vegetales que ya estén en proceso de descomposición por parte de hongos, ya que el aparato digestivo de los ácaros del polvo es tan simple y primitivo que necesita ayuda para el proceso digestivo.

Lo aparentemente terrorífico viene cuando nos enteramos de que estos ácaros del polvo viven en nuestros hogares, y por millones y millones. Nuestro colchón, nuestras almohadas, nuestros sillones, nuestras alfombras y nuestra ropa son hogar de estas legiones de minúsculos bichos que no podemos ver.

Las cosas no mejoran cuando nos enteramos de que los ácaros del polvo producen, incluso como parte de su digestión o al morir, una serie de proteínas que desencadenan ataques de alergias y asma en personas que tienen problemas respiratorios y obligan a que estas personas practiquen formas de higiene doméstica especiales destinadas a reducir la presencia de los alérgenos de los ácaros del polvo.

El ácaro del polvo mide unos 0,025 o 0,03 milímetros, mientras que el objeto más pequeño que puede ver el ojo humano es de aproximadamente 0,1 milímetro. De hecho, hay algunos seres unicelulares como amoeba proteus, los paramecios e incluso células independientes como el óvulo humano, que ciertas personas pueden ver sin ayuda de instrumentos. Adicionalmente, el cuerpo de los ácaros del polvo es traslúcido, lo que hace más difícil verlos.

Sin embargo, descubrir que tenemos estos millones de inquilinos que no pagan el alquiler no debería ser tan aterrador. Han estado con nosotros desde siempre, aunque no lo supiéramos. De hecho, han estado en este planeta desde mucho antes que nosotros.

Los ácaros del polvo son sólo unas pocas especies de la gran subclase de los acaris o acarinos, pertenecientes a la clase de los arachnida (a la que pertenecen las arañas y los escorpiones). Son una familia realmente numerosa y con integrantes de lo más diversos. Se han descrito alrededor de 50.000 especies de ácaros, y los científicos que los estudian calculan que podría haber en total 500.000 especies distintas de estos versátiles seres, que más allá de la inquietud que nos puedan causar resultan sumamente intrigantes.

Podemos encontrar ácaros viviendo en prácticamente todos los hábitats de nuestro planeta, en tierra, agua dulce y agua de mar, en las zonas polares más frías, en los húmedos trópicos y en los extremistas desiertos, en la superficie del suelo o viviendo hasta 10 metros de profundidad, en aguas termales con temperaturas de hasta 50 grados centígrados, y hasta a 5.000 metros de profundidad en las fosas marinas.

La única variedad de ácaros que tiene un tamaño que nos permite verlos son las garrapatas, que se alimentan de la sangre de los mamíferos, aves, reptiles y anfibios, y que son además transmisores, o vectores, de diversas enfermedades. Y hay otras especies que también son perjudiciales porque tienen una forma de vida parasitaria, como los tetraníquidos, que parasitan diversas plantas, entre ellas el algodón y los árboles frutales, con un importante impacto económico negativo.

Hay también ácaros parásitos de diversas especies animales, incluido el ser humano. La especie Demodex folliculorum vive en los poros de nuestro rostro, la mayor parte del tiempo sin causar daños. De hecho, al estimular la secreción de sebo, este ácaro retrasa la aparición de arrugas, por lo que no es del todo malo. Salvo cuando coloniza los folículos en los que nacen nuestras pestañas, causando irritación y un serio problema pues su erradicación es sumamente difícil. Otros provocan la sarna en el ser humano y en los perros.

Y estos acarinos han vivido en el planeta durante largo tiempo. Se han encontrado fósiles del suborden de los acarinos en estratos geológicos pertenecientes al período devónico, hace 400 millones de años, e incluso algunas garrapatas primitivas (y enormes) fueron parásitas de los dinosaurios.

Pero en un universo de decenas de miles de especies no todas pueden ser dañinas. De hecho, toda una familia de ácaros, los Phytoselidae, se utilizan en la agricultura como agentes de control biológico de otros ácaros que destruyen las cosechas y a los que depredan los Phytoselidae.

Pero la principal importancia en general de los acarinos es que son un engranaje fundamental que cumple un relevante papel en el gran mecanismo de reciclaje de la vida. Son así, pese a sus características poco agradables, esenciales para que la vida genere más vida.

El polvo doméstico y la piel

Se suele decir que la mayor parte del polvo doméstico está formado por células muertas de piel, quizá para hacer más aterradores a los ácaros. Sin embargo, la experta en calidad del aire Kathleen Hess-Kosa ha muestreado el aire de numerosas casas de los Estados Unidos y, además de demostrar que la composición del polvo es muy variable, ha determinado que las células muertas de piel no son el componente principal del polvo, ciertamente no el 70 y 90% del que suele hablar la leyenda urbana.