Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

marzo 28, 2007

Asteroides y meteoritos: ¿el cielo se está cayendo?

Tienen el secreto de los orígenes del sistema solar, pero son sobre todo objeto de atención por un temor no muy bien fundado sobre el peligro que representan.

Entre Marte y Júpiter se encuentra un cinturón de pequeños cuerpos astronómicos que son, al parecer, los restos de la formación de nuestro sistema solar: los asteroides. Estas rocas, de las que hay entre uno y dos millones según los últimos cálculos de los astrónomos, y de tamaños que van desde el microscópico hasta los mil kilómetros de diámetro de Ceres, el mayor de ellos, podrían ser, según los astrónomos, material que no llegó a formarse como planeta cuando lo hicieron los demás debido a la fuerza gravitacional de Júpiter. El primero de los asteroides, precisamente Ceres, fue descubierto apenas en 1801 por Giuseppe Piazzi, en Palermo, Sicilia, y en los años siguientes el número de descubrimientos de asteroides se multiplicó, intensificándose a partir de la introducción de la astrofotografía a fines del siglo XIX. Actualmente, se descubren y describen aproximadamente 5 mil nuevos asteroides cada mes.

Los asteroides han capturado la imaginación de los seres humanos desde que se conoció su existencia. Algunas primeras teorías suponían que el cinturón de asteroides eran los restos de un planeta que existió en el pasado entre Marte y Júpiter dieron como resultado interesantes ejercicios especulativos en la ciencia ficción. En la cinematografía, el cinturón de asteroides es un favorito de los guionistas que desean escenificar persecuciones en el espacio al estilo de las de las series policíacas, para lo cual plantean paisajes en los que los asteroides están muy cerca unos de otros, algo que en la realidad no ocurre. El cinturón de asteroides, en la ciencia ficción, es además frecuente escenario de operaciones mineras que proporcionan materias primas a un planeta Tierra que ha agotado sus recursos. Después de que el físico Luis Álvarez propusiera la explicación de que la extinción de los dinosaurios en el cretácico podría estar en el choque de un trozo de asteroide con nuestro planeta, probablemente el causante del cráter de Chicxulub en la Península de Yucatán, los asteroides han sido protagonistas de todo tipo de relatos apocalípticos, tanto ficticios como pretendidamente reales, especialmente la película Armagedón, efectiva en lo dramático aunque, según los científicos, con tremendas carencias en cuanto a su rigor en el manejo de los datos.

El valor científico de los asteroides es enorme, ya que pueden relatarnos la historia de nuestro sistema solar y ayudarnos a entender mejor todo el universo, pero hay un grupo de asteroides que llaman la atención de los medios, especialmente a últimas fechas: los asteroides cercanos a la tierra. En este contexto, sin embargo, "cercano" es un concepto astronómico, es decir, se mide en unidades astronómicas, siendo "unidad astronómica" la distancia del eje menor de la órbita terrestre alrededor del sol, aproximadamente 150 millones de kilómetros. Así, "objeto cercano a la Tierra" es todo objeto que pase a menos de 1,3 unidades astronómicas, o 200 millones de kilómetros de nuestro planeta y que debe observarse en prevención de algún poco probable riesgo de colisión. Ciertamente, año con año caen a nuestro planeta numerosos meteoritos, pero la mayoría de ellos son diminutos y se destruyen en la atmósfera, y sólo unos pocos, con tamaños desde un granizo hasta una pelota de baloncesto, llegan a la superficie.

Aunque la probabilidad de una colisión es muy baja, tanto los gobiernos como las organizaciones científicas dedican esfuerzos a catalogar los objetos cercanos a la tierra y evaluar los riesgos que plantean. Para ello se han creado algunas herramientas como la "escala de Torino" de riesgos, aceptada por los científicos especializados en objetos cercanos a la Tierra. Esta escala combina la probabilidad estadística de que un objeto impacte en nuestro planeta con el potencial daño que puede causar el objeto debido a su energía cinética (masa y velocidad), y va desde el riesgo 0, que indica una probabilidad despreciable o un objeto demasiado pequeño como para causar daño, hasta el riesgo 10, que es la absoluta certeza de una colisión en el caso de un objeto lo bastante grande como para ocasionar un desastre global del tipo atribuido a la extinción de los dinosaurios. La valoración del riesgo en la escala de Torino cambia conforme se obtienen nuevos datos de observaciones astronómicas adicionales.

Este cambio, por ejemplo, explica que el asteroide Apofis, que pasará "cerca" de la Tierra el 13 de abril de 2029, se llegara a ubicar en el nivel 4 de la escala de Torino, pero que en la actualidad esté ubicado en el nivel cero, igual que su segundo paso por nuestro planeta en 2036, contrario a informes que pretenden señalar que hay un riesgo de colisión. En este momento, hasta donde sabemos, el único objeto cercano a la Tierra con una clasificación de Torino superior a cero es el llamado "1950 DA", que tiene un nivel de 1 asignado para su paso por la Tierra el 16 de marzo de 2880.

Pero si bien la ciencia no parece sustentar en este momento las predicciones de desastres en las próximas décadas, tanto la Unión Europea como los Estados Unidos han establecido grupos para el rastreo de objetos cercanos a la Tierra aprovechando las observaciones astronómicas cotidianas en todo el mundo, y han emprendido el análisis de diversas estrategias posibles para desviar un posible asteroide peligroso. Las propuestas más cinematográficas, como la pulverización de un asteroide con armas termonucleares, son sin embargo poco viables en la realidad, no sólo por la enorme masa que realmente tienen los cuerpos que representan un peligro, sino porque si se pudiera destruirlos, el problema podría multiplicarse: todos los fragmentos de más de 35 m de longitud se convertirían en otros peligros mucho menos predecibles, y podrían ser miles. Las otras opciones son el choque directo con una nave espacial (el proyecto Don Quijote que la Agencia Espacial Europea terminó de diseñar en julio de 2005) o la colocación de impulsores en el asteroide para desviarlo con suavidad y de modo controlado, entre otras muchas posibilidades.

La visita a un asteroide


El 12 de febrero de 2001, la nave NEAR Shoemaker de la NASA descendió suavemente en la superficie de Eros, el segundo asteroide más grande de los cercanos a la Tierra, después de orbitarlo 230 veces y fotografiar detalladamente su superficie, ofreciendo abundantes datos sobre la historia y desarrollo de este asteroide mediante observaciones con su espectrómetro de rayos X antes de quedar en silencio definitivamente el 28 de febrero de 2001. El estudio de los datos que aportó, sin embargo, aún continúa.

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