Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

marzo 14, 2007

Stonehenge, más allá del mito

Stonehenge es fuente de valiosos datos sobre el devenir humano, y ahora contamos con nueva información sobre lo más importante: las personas que los construyeron.

Es uno de los más famosos monumentos prehistóricos: una serie de piedras verticales con otras piedras horizontales en forma de dinteles, formando un círculo en cuyo interior había varios monumentos más. Situado cerca de Salisbury, en Inglaterra, Stonehenge ha animado la imaginación durante literalmente miles de años, evocando todo tipo de leyendas en distintos momentos.

Los monumentos de grandes piedras, llamadas megalitos, son una constante de ciertas etapas históricas humanas, en particular el neolítico. En el continente eurasiático africano, se considera que el neolítico comienza alrededor del 8.500 antes de nuestra era y se caracteriza por la aparición de la agricultura y la domesticación de las primeras especies de valor económico, el ganado. Hasta ese momento, los seres humanos debían procurarse el alimento cazando y recolectando productos que crecían de forma silvestre, lo que condicionaba que sus culturas fueran nómadas, siguiendo a las manadas de presas o cambiando su lugar de residencia según la disponibilidad de frutos de la tierra.

La agricultura permitió que los humanos se asentaran en poblados estables, promoviendo la construcción de casas y templos, la creación de caminos, y la invención de nuevas herramientas de piedra para labrar la tierra, cuidar los cultivos y procesar las cosechas. Los pueblos neolíticos eran, aunque la cultura popular a veces sugiera otra cosa, altamente desarrollados. Sus herramientas de piedra eran eficaces, su tecnología bastante desarrollada y en constante evolución, y sus conocimientos astronómicos sumamente sólidos. Parte de esa evolución fue la creación de grandes monumentos de piedra, como los menhires, los dólmenes (piedras verticales que sostienen una losa horizontal, de carácter en general funerario) y los círculos de piedras, siempre con una orientación astronómicamente significativa, como corresponde a una cultura cuya vida depende de las estaciones y la cuidadosa observación de los cielos para saber cuándo plantar, cuándo cosechar y cuándo prepararse para el frío. Stonehenge es sólo uno de los 900 círculos de piedra que se conocen sólo en las islas británicas.

Stonehenge no fue un proyecto de una sola etapa, sino que se fue formando a lo largo de más de mil años, y los estudiosos identifican tres grandes etapas constructivas. Primero, hacia el año 3.100 a.n.e., se construyó un recinto circular de tierra de unos 110 metros de diámetro rodeado de un foso y un banco elevado, que contenía un círculo de 56 agujeros casi con certeza empleados para colocar troncos erguidos en un recinto ceremonial. En una segunda etapa, hacia el 3.000 a.n.e., se construyó otro círculo más amplio de agujeros para postes, cada uno de ellos más pequeño que los de la etapa anterior, y empieza a haber cremaciones llevadas a cabo en el foso que rodeaba la elevación circular, lo que sugiere que se trataba de un cementerio de cremaciones al menos como una de sus funciones.

La tercera etapa de construcción se divide en varios momentos entre el 2.600 y el 1.930 a.n.e., donde la piedra sustituyó a la madera en los elementos verticales, primero con 80 piedras (llamadas piedras azules) formando un semicírculo, y después, entre el 2.450 y el 2.100 a.n.e. se creó lentamente el monumento que ya conocemos, al ser sustituidas las piedras azules por las gigantescas piedras sarsens para formar un círculo con dinteles, 5 trilitos (monumentos de tres piedras en forma de puerta) en su interior, además de las piedras azules formando un dibujo de herradura. Los constructores dieron forma a estas piedras y tallaron en ellas empalmes de lengüeta y de espiga y mortaja que han permitido que al menos algunas permanezcan erguidas. Seguirían algunos cambios menores, entre ellos las inscripciones de algunas piedras realizadas en la edad del bronce.

La construcción de Stonehenge es una hazaña notable aunque no imposible con la tecnología de la época, como lo demuestran los numerosísimos megalitos que existen en todo el mundo. Pero hasta ahora sabíamos muy poco acerca de quiénes los construyeron. Recientes excavaciones en Durrington Walls, a menos de 3 kilómetros de Stonehenge, han revelado un gigantesco asentamiento humano de cientos de personas que data de entre el 2.600 y el 2.500 a.n.e, es decir, la época de la construcción definitiva de Stonehenge. El arqueólogo Mike Parker Pearson de la universidad de Sheffield, Inglaterra, anunció que el descubrimiento de docenas de fogones mediante magnetometría llevó a las excavaciones de las casas que contuvieron tales fogones. Se trata, según se anunció el pasado mes de enero, del poblado neolítico más grande hallado hasta hoy en Gran Bretaña y que podría ser "la otra mitad de Stonehenge".

El complejo de Durrington Walls es, asimismo, un henge, es decir, un espacio cerrado con un banco a su alrededor y un foso dentro de éste, en un círculo de unos 425 metros de diámetro. A fines de 2006 las excavaciones de Durrington Walls mostraron los restos de casas neolíticas de unos 24 metros cuadrados con piso de barro y un fogón central, restos de cerámica y huesos de animales con señales de haber sido cocinados y consumidos. Las casas, salvo tres que están aisladas y podrían tener una función ceremonial, están apiñadas alrededor de un círculo de postes de madera similar al de las primeras etapas constructivas de Stonehenge, del que parte una avenida empedrada de unos 28 metros de ancho y 170 metros de largo, que lleva al río Avon y a la que los arqueólogos le suponen una función ritual.

Como en el caso del descubrimiento realizado por Zahi Hawass de las casas de los constructores de la Gran Pirámide de Keops, al recobrar su dimensión humana estos grandes monumentos nos recuerdan que son, ante todo, testigos de la grandeza, la capacidad, la tenacidad y la inteligencia de otros seres humanos, que junto con esas grandes edificaciones fueron parte de la creación de nuestra cultura y nuestra historia, y sin los cuales no seríamos quienes somos.

De la leyenda a los hechos


Desde que Geoffrey de Monmouth afirmó en siglo XII que Merlín trajo las piedras sarsen de Irlanda a Salisbury (mismas piedras que previamente habrían sido llevadas desde África por gigantes), Stonehenge animó la imaginación (y la oportunidad política) de muchos. Así, el monumento se ha atribuido a los romanos, a los daneses, a los sajones y a los druidas celtas, hasta que el conocimiento científico demostró que era más antiguo que todos ellos. Ello no ha impedido que algunas personas le atribuyan al sitio propiedades mágicas y místicas de todo tipo que nunca han podido demostrar.

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