Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

septiembre 12, 2007

Los mayas

Durante casi cuatro mil años, en el Sureste de México y parte de los países centroamericanos, los mayas crearon imponentes ciudades con monumentos que han perdurado y desarrollaron las más avanzadas prácticas astronómicas y lingüísticas del continente americano antes de la llegada de los europeos. Hoy, la cultura maya es objeto de tanta atención como lo fue la egipcia a principios del siglo XX, porque aunque ignoramos tanto sobre ella, lo que sabemos permite vislumbrar una enorme riqueza artística y cultural desde que los conquistadores encontraron en la zona maya gran cantidad de restos arqueológicos que hablaban de una sociedad y una cultura avanzada y compleja. Sin embargo, la destrucción por motivos religiosos de casi la totalidad de los documentos escritos indígenas hizo aún más profundo el misterio, y éste no empezó a desvelarse sino hasta principios del siglo XX. La escritura maya es logosilábica, lo que significa que combina símbolos fonéticos y logogramas o palabras completas, a diferencia de los ideogramas de otras lenguas originarias como el náhuatl, lo que complicó aún más su comprensión, pues no fue sino hasta la década de 1970 cuando el desciframiento se aceleró, permitiéndonos empezar a comprender los textos sobrevivientes mayas, grabados en piedra, unos 10.000 en monumentos, dinteles y estelas.

Los mayas aparecieron hacia el 1800 antes de nuestra era, comenzando su período preclásico o de consolidación, que duró más o menos hasta el 250 de nuestra era. A partir de entonces, con la desaparición de Teotihuacán, que dominó incluso a los mayas pese a su lejanía geográfica, la civilización maya floreció en su etapa "clásica", sus ciudades-estado crecieron en tamaño y población, y se enfrentaron por la dominación, especialmente las de Tikal y Calakmul, que forjaron alianzas a su alrededor para prevalecer, de un modo que recuerda la dominación alternada de Atenas y Esparta en la grecia clásica. Uno de los puntos culminantes de esta etapa es el reinado, muerte y enterramiento del rey Pacal entre el 615 y el 683 de nuestra era. El descubrimiento de la tumba de Pacal en la pirámide conocida como Templo de las Inscripciones, realizado por el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Lhuillier, cambió radicalmente la idea de que las pirámides mesoamericanas eran únicamente túmulos que cumplían funciones de templo. En el siglo X comienza un período de decadencia en el cual se abandonan primero las ciudades de las zonas bajas centroamericanas y después las del norte de Yucatán.

Este período de decadencia aún no se ha explicado de modo claro. Los más recientes descubrimientos incluyen como explicaciones posibles, al menos en parte, una serie de sequías recurrentes ocasionadas por variaciones de la intensidad solar, provocando escasez de los alimentos principales de los mayas, las judías, el maíz y, según se ha descubierto apenas este año, la mandioca, plantada en campos dedicados sólo a este cultivo, mientras la población crecía en exceso; el enfrentamiento bélico por nuevas tierras de cultivo, el desequilibrio de los sistemas ecológicos, la profundización de la brecha entre la élite del poder y el pueblo, y las presiones de sociedades no mayas. Pero el desarrollo de la cultura maya había creado un importante legado en cuanto al conocimiento, y especialmente en la astronomía y las matemáticas.

La astronomía, la pasión por conocer con exactitud los movimientos de los cielos, es la base de un calendario maya asombrosamente preciso, el Haab, puesto que los mayas utilizaban tres calendarios distintos. El Tzolkin era un calendario de trece meses de veinte días, de carácter esencialmente religioso y ritual, empleado entre otras cosas para intentar predecir el futuro por medios astrológicos. Por su parte, el calendario Katún o "cuenta larga", que usaba series de veinte años, llamadas katunes, y series de veinte katunes, llamadas baktunes, de 144.000 días. Las "eras" o ciclos completos estaban formadas por trece baktunes, un total de 5.200 años, al final de los cuales se iniciaba un nuevo siglo. En la cuenta larga, la era actual comenzó el 13 de agosto de 3114 antes de nuestra era y teminará el 21 de diciembre de 2012 para comenzar una nueva cuenta larga o era al día siguiente. Esto ha llevado a la creencia de una especie de "profecía maya del fin del mundo" para esa fecha, que no sólo carece de bases, sino que se ha utilizado para la venta de una serie de productos. Del mismo modo en que no pasó nada relevante en el 3114 antes de nuestra era, nada indica que los mayas creyeran que ocurriría en el 2012.

Por su parte, el calendario Haab, que es el que asombra por su precisión, producto de largas y pacientes observaciones del cielo, era originalmente de dieciocho meses de veinte días, más 5 días "nefastos", los últimos del año, para un año solar de 365 días. Vale la pena señalar que la diferencia entre esta cuenta y el año solar real obligó a los sacerdotes-sabios mayas a reunirse para decretar que cada cuatro años se tendría un día adicional, inventando así el año bisiesto en el 249 antes de nuestra era. El desajuste de este nuevo calendario se hizo evidente también al paso del tiempo, y en el año 775 de nuestra era, una nueva reunión fijó el año solar en 365,242 días. Este desarrollo astronómico no hubiera sido posible sin las matemáticas necesarias para computarlo, especialmente el concepto del cero, concebido hacia el año 36 antes de nuestra. El cero era necesario porque los maya utilizaban un sistema posicional para los números, en el que el símbolo tiene un valor distinto según su lugar, como en nuestro sistema arábigo, donde el símbolo "5" denota cinco unidades, cinco decenas, cinco centenas, etc., dependiendo de su posición.

El misterio de la decadencia maya a finales del período preclásico permanece, pero aún hay demasiadas áreas por explorar, excavar y estudiar. Los descubrimientos de 2006 en San Bartolo, Guatemala, datados 100 años antes de nuestra era, de murales policromados y muestras tempranas de escritura, son sólo otra indicación de que los mayas tienen aún mucho por revelarnos.

Los mayas no desaparecieron

A la llegada de los europeos en el siglo XVI de nuestra era, los mayas seguían ocupando gran parte de lo que hoy son la península de Yucatán y Chiapas, en México, y gran parte de Guatemala, Belice, Honduras, y allí están hoy. Hoy en día, cientos de miles de indígenas que hablan las lenguas mayenses, como los tzeltales, tzotziles, cakchiqueles, tojolabales, chontales, quichés, lacandones y otros, y los mayas de Yucatán son todos descendientes directos, étnica y culturalmente, de los mayas de la antigüedad. Contra lo que muchos creen, los mayas no han desaparecido, ni mucho menos, y algunos de ellos son, de hecho, los zapatistas que el mundo conoció en 1994.

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