Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

septiembre 19, 2009

La rata, esa benefactora

Rata albina de laboratorio
(Fotografía de Janet Stephens) 
La imagen negativa de la rata no se corresponde a lo que este animal ha hecho, y sigue haciendo, por nuestra salud y bienestar.

Mucho se identifica a la rata con elementos negativos. En nuestra cultura, a las ratas se les relaciona con la cobardía, con la suciedad, con la transmisión de enfermedades y con cierta dosis de malevolencia no muy bien justificada. Todo ello nos vuelve difícil hacernos a la idea de que la rata ha sido altamente beneficiosa para los seres humanos.

En realidad, “rata” es un nombre que se da a diversas especies de roedores que pertenecen a la superfamilia muroidea, que incluye a los hámsters, los ratones, los jerbos y otros muchos roedores pequeños. Las ratas “verdaderas” son únicamente las que pertenecen a las especies Rattus rattus, la rata negra, y Rattus norvegicus, la rata parda, pero hay muchas otras especies tan similares en tamaño y comportamiento a estas dos que las consideramos simplemente otros tipos de rata.

La rata, sin embargo, no ha sido considerada negativa por todas las culturas. En la antigua China se les consideraba animales creativos, honestos, generosos, ambiciosos, de enojo fácil y dados al desperdicio, y estas características se atribuyen, por medio de la magia representativa, a las personas nacidas en el año de la rata, según el horóscopo chino de 12 años representados por animales.

En la India, los visitantes occidentales suelen horrorizarse ante el trato que los creyentes dan a las ratas en el templo de Kami Mata. Las creencias indostanas suponen que las ratas son la reencarnación de los santones hindús y por tanto se les alimenta, cuida y venera.

En occidente, sin embargo, la imagen de la rata está estrechamente relacionada con la pandemia de la peste negra, la enfermedad que recorrió Europa a mediados del siglo XIV y que acabó con más de un tercio (algunos calculan hasta la mitad) de la población europea. Esta enfermedad, probablemente lo que conocemos hoy como peste bubónica, era transmitida por las pulgas de las ratas negras. Si a esto se añaden los daños innegables que la rata causa a las cosechas y los alimentos almacenados, su mala fama no es tan gratuita.

Esto no impidió, sin embargo, que las ratas fueran una importante fuente de proteínas en oriente y en occidente. La práctica de comer ratas, que hoy atribuimos a unos pocos grupos étnicos exóticos, estuvo presente en Europa hasta bien entrado el siglo XIX.

Sin embargo, la aparición de la una serie de ciencias experimentales, biología, fisiología celular, medicina, psicología y otras muchas requirió de un sujeto experimental fácil de manejar y mantener, barato, y que se reprodujera ferazmente. Y la rata parda resultó un candidato ideal. A partir de 1828, este animal empezó a utilizarse en laboratorios, y en pocas décadas se convirtió en el único animal que se domesticó única y exclusivamente para usos científicos. La rata blanca o albina más conocida como, sujeto experimental es, genéticamente, rata parda o Rattus norvegicus.

Y es en el laboratorio donde la rata ha dado sus más claros beneficios a la humanidad. Sin las ratas, gran parte de nuestros avances médicos y psicológicos habrían sido mucho más lentos y difíciles. De hecho, al paso del tiempo se han creado cepas con distintas características para facilitar el trabajo de investigación. La rata Long Evans o rata capuchona, por ejemplo, que es una rata blanca con la parte superior del cuerpo oscura, como si llevara capucha, se desarrolló como un organismo modelo para la investigación que es además resistente a las epidemias que pueden arruinar un proyecto de investigación de años si atacan un bioterio o espacio destinado a animales vivos en un laboratorio.

Entre otras variedades populares tenemos a la rata Zucker, modificada genéticamente para usarse como modelo genético de la obesidad y la hipertensión, cepas que desarrollan diabetes espontáneamente y a cepas especialmente seleccionadas para ser dóciles a la manipulación repetida por parte del ser humano.

La presencia de la rata en el laboratorio, y la aparición de cepas menos agresivas que la rata silvestre, ayudó a que se popularizara la rata como mascota en algunos países, donde se le considera al nivel de los hámsters, gerbos o conejillos de indias.

Pero la más reciente intervención benéfica de la rata en la vida humana es resultado de las observaciones y visión de Bart Weetjens, un ingeniero de desarrollo de productos belga. Bart se encontró trabajando en la detección de minas antipersonales abandonadas después de diversos conflictos armados, una causa importante de muerte y pérdida de miembros, principalmente en países africanos. Decepcionado por la ineficacia de los sistemas de detección de minas utilizados, Weetjens recordó las características de las ratas que tuvo como mascotas cuando era niño y en 1996 se planteó la posibilidad de que las ratas pudieran olfatear las minas eficazmente.

El trabajo realizado primero en Bélgica y después en Tanzania demostró que las ratas comunes en los campos de la zona, Cricetomys gambianus o ratas gigantes de Gambia, podían detectar las minas antipersonales con su extraordinario olfato. Weetjens fundó la ONG llamada APOPO para entrenar a las ratas que llamó HeroRATS o “ratas heroicas”. Estas ratas aprenden desde pequeñas a asociar el olor de los explosivos con recompensas en forma de comida, y luego, dotadas de pequeños arneses y trabajando en grupos grandes, peinan los campos para encontrar las minas enterradas, con poco riesgo de que la rata pueda detonarlas gracias a su poco peso, lo cual aumenta la seguridad de los humanos implicados en el proceso.

Aunque APOPO se fundó en 1997 para explorar y desarrollar la opción de las ratas detectoras de minas, no fue sino hasta 2003 cuando realmente empezaron a trabajar en el campo en Mozambique, y desde 2004 lo hacen de manera continuada con autorización y licencia de las autoridades mozambiqueñas.

No es extraño que hoy en día exista una pequeña industria casera de captura de ratas para su venta a APOPO, y se espera pronto ampliar las operaciones de APOPO a otros países victimizados por la plaga de las minas, como Angola, el Congo o Zambia, haciendo crecer el número de personas directamente beneficiadas por este roedor de larga cola y, desafortunadamente, con tan malas relaciones públicas en nuestra sociedad.

Ratas contra la tuberculosis


Bart Weetjens coordina actualmente un nuevo proyecto basado en observaciones realizadas en varias ocasiones. Su objetivo es que las ratas puedan detectar por medio del olfato la presencia de tuberculosis en muestras de saliva. Este sistema podría facilitar la detección a bajísimo costo en grandes poblaciones y detectar la enfermedad en sus primeras etapas, cuando es más fácil su curación y la recuperación posterior de los pacientes.