Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

noviembre 13, 2010

Para leer noticias sobre ciencia

Science and Mechanics Nov 1931 cover
Una de las primeras revistas de divulgación
de Hugo Gernsback
(ilustración D.P. de Frank R. Paul
vía Wikimedia Commons
En la tarea de transmitir información sobre ciencia, los lectores tienen un desafío mayor del que podríamos creer.

La ciencia es una de las actividades humanas más apasionantes.

Pero su proceso suele ser poco vistoso. Los avances raras veces son tan impactantes como la vacuna de Jenner, la gravitación de Newton, la relatividad de Einstein o el avión de los hermanos Wright. Más bien son lentos y poco impresionantes a primera vista, y se van acumulando en un goteo que puede ser desesperante.

Los detalles que apasionan a quienes viven en la labor de científica y tecnológica porque conocen las implicaciones de cada avance y su contexto, no se llevan fácilmente al público con la emoción y pasión con la que se informa de unas elecciones reñidas, un partido de fútbol o una importante acción policiaca.

Esta misma semana, la prestigiosa revista científica ‘Nature' publica cinco artículos y un editorial dedicados a las células gliales del sistema nervioso, que se creía que eran sólo la estructura de soporte de las neuronas que transmiten impulsos nerviosos. De hecho “glia” es la palabra griega para “pegamento”.

En las últimas dos décadas, varios estudios indican que estas células tienen una función más compleja. Si se confirma esto, se abriría todo un campo nuevo de más preguntas que respuestas. Un tema estremecedor para los neurocientíficos que ofrece nuevas avenidas para comprender nuestro cerebro.

Pero a nivel de calle, todos tendemos a preguntar “¿qué significa eso para mí?”, y no nos gustan mucho las respuestas que empiezan diciendo “de momento, nada, pero en un futuro...”

Queremos resultados hoy mismo, y de ser posible ayer. Vivimos una comunicación cada vez más ágil y al mismo tiempo más breve. Una nota de 140 caracteres en Twitter puede ser cuando mucho de tres minutos en televisión, un cuarto de página en un diario o tres o cuatro páginas en una revista.

Pero uno solo de los cinco artículos de investigación dedicados a las células gliales (un misterio de nuestro cerebro, 84 mil millones de células gliales junto a los 86 mil millones de neuronas que tenemos) es una serie larga de páginas sobre un tema tan arcano como “Genética del desarrollo de las células gliales de los vertebrados: especificación celular".

Por supuesto, los autores, David H. Rowitch y Arnold R. Kriegerstein, mencionan que la comprensión de la genética del desarrollo de las células llamadas macroglia “tiene un gran potencial para mejorar nuestra comprensión de diversos trastornos neurológicos en los seres humanos”.

Ese lenguaje no es muy deslumbrante, sin duda. Los científicos tienden a ser extremadamente cautos en sus artículos profesionales, llamados ‘papers’, y así se los exigen, con buenas razones, las publicaciones especializadas o ‘journals’. Deben ser precisos en su explicación sobre la metodología que siguieron, para que cualquier otro científico de su área pueda duplicar con toda exactitud sus experimentos para confirmarlos o descartarlos. Deben concretar la hipótesis que pretenden probar y mostrar todas sus cartas, sus procedimientos, sus análisis matemáticos, incluso sus posibles errores o dudas.

Para asegurarse de que así lo hagan, las revistas someten cada ‘paper’ propuesto a una revisión por científicos reconocidos de la disciplina a la que se refiere. Es lo que se llama “arbitraje por pares”, y sirve como filtro contra investigaciones defectuosas en su metodología o conclusiones. Y aún así, ocasionalmente las mejores revistas publican artículos con algún error importante.

Y, por ello mismo, las conclusiones de los ‘papers’ suelen utilizar de modo abundante construcciones como "creemos que", "los resultados sugieren", "estudios adicionales podrían revelar", "la confirmación tiene el potencial de", "es probable que" y demás formas igualmente vagas y cautelosas.

La labor del periodista con frecuencia es trasladar esto a un idioma accesible, transmitir la emoción de los científicos por haber dado “un pequeño paso” adicional y tocar al lector para que perciba que el trabajo científico es merecedor de todo nuestro apoyo, sobre todo en una época en que el conocimiento científico es una fuente de riqueza mayor que muchas actividades industriales del siglo XIX y XX.

Muchas veces, sin embargo, el lector debe leer entre líneas, sabiendo que todas las semanas se publica una enorme cantidad de ‘papers’ o artículos en todas las disciplinas imaginables, desde la física de partículas hasta la geología, desde la biología molecular hasta la gastroenterología, desde las neurociencias hasta la informática. Y muchas veces lo que llega a la atención de los medios no son los trabajos más prometedores, sino los que universidades o laboratorios quieren destacar, o los realizados por científicos más “mediáticos”, simpáticos o bien relacionados.

El lector debe añadir cautela a la información de los medios. Cuando un periodista omite las construcciones cautas y condicionales de los científicos, siempre conviene suponerlas. Especialmente en temas delicados como la investigación sobre el cáncer y otras áreas de la medicina que nos preocupan mucho. Y más especialmente cuando lo que se anuncia es tan revolucionario y tan maravilloso que suena demasiado bueno para ser cierto. Probablemente lo es.

Cuando las noticias no proceden de publicaciones científicas sino de ruedas de prensa o libros recién lanzados y en proceso de comercialización, o empresas que venden servicios de salud, estética o bienestar, hay que ser aún más cauto, pues no ha existido el útil filtro del “arbitraje por pares”. Especialmente cuando el investigador se presenta como víctima de una conspiración malévola en contra de su incomprendida genialidad.

La difusión de los logros de la ciencia requiere una implicación cada vez mayor del lector común, del no científico. Quizás no basta que tengamos información sobre los avances de la ciencia y debamos educarnos para conocer el pensamiento crítico y sus métodos, que son más accesibles que los datos de la ciencia, y son la vacuna perfecta contra la desinformación y el sensacionalismo en cualquier rama de la comunicación. Y nos permiten evaluar información que, literalmente, está cambiando el mundo en que vivimos, paso a paso.


Periodismo pseudocientífico

Una buena parte de lo que se presenta como divulgación o periodismo más o menos científico es, por el contrario, promoción de creencias y afirmaciones pseudocientíficas altamente sensacionalistas y amarillistas, echando mano de supuestos expertos (generalmente autoproclamados) para promover la anticiencia, la magia, las más diversas conspiraciones y creencias irracionales varias. Un motivo adicional para educarnos en las bases de la ciencia y estar alerta ante los negociantes de supuestos misterios presentados falsamente como ciencia.

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