Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

septiembre 17, 2011

El paleontólogo que sería rey

Baron Franz Nopcsa in Albanian uniform
Franz Nopcsa en 1916
(Foto D.P. vía Wikimedia Commons)
Si el Barón Franz Nopcsa von Felső-Szilvás hubiera nacido en Estados Unidos, seguramente tendríamos hoy una película con su épico-trágica mezcla de Indiana Jones, Lawrence de Arabia, el Gran Gatsby y Truman Capote.

Una fotografía de 1916 lo muestra con traje típico albanés, un revólver al cinto y un rifle con mira telescópica, la culata apoyada en el suelo y el cañón sostenido en la mano derecha. El bigote, impecablemente recortado, y la pose aristocrática no alcanzan la heroicidad, pero aspiran a ella.

Es la imagen de un aristócrata de la mítica Transilvania, también conocido como Ferenc Nopcsa, que empezó como paleontólogo, realizó importantes descubrimientos y desarrolló novedosas hipótesis sobre cómo vivían los dinosaurios y reptiles antiquísimos que la ciencia empezaba a conocer y realizó importantes aportes a la geología. Pero fue también uno de los primeros estudiosos de la cultura y nacionalidad albanesas, luchador por la independencia de Albania y pretendiente a monarca de esta nación, para ser después espía en la Primera Guerra Mundial y terminar su vida suicidándose después de matar a su secretario y pareja.

Franz Nopcsa nació en 1877 como heredero de una familia de aristócratas húngaros en Hateg, una zona conocida desde tiempos antiguos como “Las puertas de hierro de Transilvania”, región estratégica puntuada por ciudadelas medievales. Es la Transilvania de Vlad el Empalador y de su heredero literario, el Conde Drácula, cuya historia publicaría Bram Stoker en 1897 cuando nuestro personaje tenía ya veinte años.

Fue en las tierras de la familia donde, en 1895, la hermana de Ferenc, Ilona, encontró los fósiles de unos huesos gigantescos que despertaron la imaginación de su romántico hermano. Cuando Ferenc volvió a la Universidad de Viena, donde estaba estudiando, llevó los fósiles al geólogo Eduard Sues, quien lo animó a que se dedicara a estudiarlos. Desde 1897 y hasta 1903, Nopcsa estudió con Sues, y ya en 1899 publicó la descripción de su primera especie de dinosaurio y dio su primera conferencia en la Academia de Ciencias de Viena sobre los restos de dinosaurios en Transilvania.

Lo que distinguió a Nopcsa de sus coetáneos dedicados a la floreciente ciencia de la paleontología fue su interés en saber cómo vivían los animales que habían sido dueños de esos huesos fosilizados, si eran de sangre caliente o fría, si sus bocas podían darnos datos sobre qué comían, e incluso cuánto, si había diferencias entre los machos y hembras (dimorfismo sexual) perceptibles en el estudio de los fósiles. Le interesaban tanto la estructura interna de los huesos de los dinosaurios como los animales que vivieron alrededor de ellos, otros reptiles y anfibios.

Así, intrigado por el pequeño tamaño de los dinosaurios transilvanos, comparados con ejemplares similares de otras zonas, mucho más grandes, desarrolló la hipótesis de que estos dinosaurios se habían desarrollado en islas del mar de Tetis durante el cretácico. Hoy sabemos que el aislamiento en islas provoca que la evolución tienda a tallas más pequeñas como la de los famosos elefantes pigmeos que vivieron en Chipre. Fue además el primero que vislumbró la posibilidad de que algunos dinosaurios cuidaran de sus crías, el primero en identificar que los restos de un pequeño dinosaurio a la altura del abdomen de otro era evidencia de depredación y, de modo espectacular, anticipó que las aves procedían de dinosaurios bípedos terrestres de sangre caliente, algo que no se validaría sino hasta la década de 1970.

Los múltiples intereses de Nopcsa se explican quizá por lo que cuenta José Luis Sanz en su libro ‘Cazadores de dragones’, donde dice que “siempre defendió la idea de que la ciencia debía tender a ser cada vez más multidisciplinar”. Y si alguien era “multidisciplinar” era Nopcsa. Políglota que se manejaba con soltura en húngaro, alemán, francés e inglés, desarrolló un intenso interés por la cultura y nación albanesa gracias al cual, a partir de 1907, sus publicaciones sobre Albania se sumaron a sus estudios paleontológicos. La prehistoria, la historia antigua de los Balcanes, la etnología, y ley tradicional de Albania se tradujeron en un flujo continuado de publicaciones junto con trabajos sobre su geografía y geología.

La actividad académica de Nopcsa derivó también hacia la política. Fascinado por Albania, participó en la resistencia contra el control turco de la zona, estuvo implicado en la preparación de acciones militares contra Serbia y Montenegro (que no se llevaron a cabo) en 1908 y 1909 e intervino en la primera guerra de los Balcanes en 1912 que finalmente expulsaron a los turcos y después se sumieron en conflictos internos continuos. En el Congreso Albanés de Trieste convocado para decidir el futuro de Albania, fue uno de los principales aspirantes a la corona del nuevo país, que al final se entregó a Guillermo de Wied, que reinó algo menos de seis meses.

En la Primera Guerra Mundial, Nopcsa fue voluntario en Albania, y llegó a ser, en 1916, comandante de una compañía de voluntarios, aprovechando para espiar a favor del Imperio austrohúngaro y aún soñando que éste le diera la corona albanesa. La derrota del imperio en la guerra hizo que, en vez de ganar una corona, perdiera sus tierras confiscadas por Rumania, nueva dueña de Transilvania.

Empobrecido, Nopcsa se empleó en el Instituto Geológico Húngaro, pero lo dejó pronto para emprender, en 1929, un enloquecido viaje por Italia en motocicleta, llevando en el sidecar a su amante y secretario de muchos años, Bayazid Doda, un musulmán albanés. Al quedarse sin dinero, vendió su colección de fósiles al Museo de Historia Natural de Londres y marcharon a Viena, donde, desesperado y deprimido, le administró a su amante un somnífero y, cuando quedó dormido, le disparó en la cabeza y después se suicidó. En la nota que dejó explicaba sobre Doda que “no deseaba dejarlo atrás enfermo, miserable y sin un céntimo, porque habría sufrido mucho”. La mente que había desentrañado tanto sobre la vida de los dinosaurios también había planeado meticulosamente sus últimos momentos.

En 2009, la Universidad de Luarasi, en Tirana, Albania, bautizó su auditorio como “Ferenc Nopcsa”, en homenaje a quien es, también, el primer albanólogo de la historia.

El legado

Ferenc Nopcsa publicó al menos 186 trabajos en las más diversas áreas, y para homenajearlo, cinco especies de animales llevan su nombre: Nopcsaspondylus, unos saurópodos de Argentina; Elopteryx nopcsai, un dinosaurio terápodo de la familia de las aves, encontrado en Rumania; Tethysaurus nopcsai, un reptil marino de Marruecos; Hyposaurus nopcsai, un driosaurio con forma de cocodrilo cuyos restos han aparecido en América y África occidental, y Mesophis nopcsai, una serpiente que desapareció a fines del cretácico.