Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

enero 08, 2014

Pasado y futuro de los cometas

Espectaculares y fascinantes, los cometas que rasgan el cielo ocasionalmente son mensajeros de los confines de nuestro sistema solar y claves para conocer el universo.

El cometa ISON camino al sol el 21 de noviembre
de 2013. (Foto CC de Juan Carlos Casado,
vía Wikimedia Commons)
Los cometas son ciertamente fenómenos cósmicos enormemente atractivos, impredecibles (salvo excepciones de cometas periódicos como el Halley), espectaculares y de aspecto distinto a todo lo demás que observamos. Por ello, para muchas culturas precientíficas, contradecían el orden del universo que tan intensamente observa la humanidad desde el principio de la agricultura. El movimiento de los objetos en el cielo es predecible y exhibe ciclos muy específicos. Pero los cometas aparecían de pronto, se movían a gran velocidad con su brillante cuerpo y su alargada cola, y por ello era frecuente que se les considerara avisos o presagios, generalmente de acontecimientos negativos.

Uno de los más antiguos relatos de la humanidad, la “Epopeya de Gilgamesh”, escrita hace al menos 2.000 años en Mesopotamia, advertía que la llegada de los cometas traía consigo incendios, azufre e inundaciones, mientras que los Yakut de Mongolia los llamaban “hijas del diablo”. El temor a los cometas fue una constante y se les culpaba, previsiblemente, de toda tragedia ocurrida cuando uno era visible, desde el asesinato de Julio César hasta la peste negra en Inglaterra durante la Edad Media. Sólo en China, considerados como “estrellas viles”, se registró más desapasionadamente la aparición de cometas a lo largo de los siglos.

Todo cometa que tenga la posibilidad de ser visible desde la superficie de nuestro planeta es noticia, ya sea el Gran Cometa de Marzo de 1843, visible durante el día y que exhibió una cola de una longitud de dos veces la distancia entre la Tierra y el Sol, un cometa que vuelve a la vecindad del sol cada 75-76 años como el Halley o cometas que han resultado decepcionantes por haberse destruido al pasar cerca del sol, como el Kohoutek o el ISON de 2013.

Pero incluso cometas que no han pasado cerca de nuestro planeta pueden capturar nuestra imaginación. El Shoemaker-Levy 9, por ejemplo, se rompió en julio de 1994 al pasar cerca de Júpiter y sus fragmentos cayeron al planeta gaseoso, lo que permitió adquirir una enorme cantidad de conocimientos sobre el gigante de nuestro sistema solar, atrayendo una enorme atención de los medios de comunicación. Aunque hay evidencias de cometas chocando con los planetas, incluido el nuestro, era la primera vez que los astrónomos podían ver un acontecimiento así.

El nombre de ese cometa también llama la atención. ¿Por qué Shoemaker-Levy? Porque fue un cometa descubierto simultáneamente por Eugene y Carolyn Shoemaker, una pareja de astrónomos profesionales, y David Levy, astrónomo aficionado. Han codescubierto varios cometas, el noveno de los cuales protagonizó el célebre choque contra Júpiter.

Los cometas pueden ser descubiertos por aficionados o profesionales, ya sea con telescopios o mediante la observación de fotografías realizadas por satélites como el SOHO, dedicado a la observación del Sol. Los cometas suelen ser llamados de acuerdo a sus descubridores. La palabra “cometa”, por cierto, significa “el que tiene cabello”, pues su cola parece una larga cabellera
Fue hacia el siglo XV, con la revolución científica, que los cometas pasaron definitivamente del terreno de la superstición al del estudio ordenado y metódico, mismo que a su vez permitió determinar que los cometas son cuerpos que giran alrededor del sol como los planetas, pero lo hacen, según pudo comprobar Issac Newton con sus cálculos, en elipses muy, muy alargadas. Al calcular las elipses se pudo ver que algunos cometas provenían de muy lejos, de los bordes exteriores del sistema solar.

Hoy, la hipótesis más aceptada es que algunos cometas provienen de una capa esférica de objetos de hielo que rodea el sistema solar a una distancia de entre 5.000 y 100.000 veces la que hay entre el sol y nuestrso planeta. Esta nube de cometas se conoce como Nube de Oort, por haber sido propuesta por el astrónomo Jan Oort. Las perturbaciones gravitacionales serían las responsables de que algunos de esos cuerpos caigan hacia la parte interior del Sistema Solar. Su órbita puede tardar miles de años en completarse y por ello se les llama cometas de período largo.

Por contraste, los comentas de período corto tardan menos de 200 años en completar una órbita alrededor del sol, y se cree que proceden de un disco de cuerpos llamado Cinturón de Kuiper, que estaría más allá de la órbita de Neptuno.

Tanto unos como otros son, se cree, restos de la formación de nuestro sistema solar hace más de 4.600 millones de años, y por tanto su composición es la misma y puede revelar datos sobre las condiciones de ese acontecimiento. El núcleo de un cometa es una mezcla de hielo, polvo y roca que raras veces tiene más de 50 km de diámetro y que al acercarse al sol se calienta. Esto provoca que el hielo que contiene se sublime formando una nube de gases volátiles alrededor del núcleo, llamada “coma”. La cola está formada por gases y polvo que son empujados por el viento solar, de modo parecido a una estela. Por ello, la cola siempre apunta en dirección contraria al sol, de modo que al dar la vuelta alrededor del sol y empezar a alejarse, la cola apunta en la dirección de su movimiento, como una barba más que una cabellera.

Hasta hoy, el momento culminante del estudio de los cometas ocurrió en abril de 2005, cuando la sonda “Impactor” de la misión Deep Impact (“impacto profundo”) se estrelló contra el cometa Tempel I, procedente de la Nube de Oort, para estudiar por primera vez directamente la composición de un cometa. Esta hazaña deberá ser superada por la nave espacial Rosetta de la Unión Europea, lanzada en 2004, y que en noviembre de 2014 deberá hacer descender una sonda suavemente en el cometa 67P/Churyumov/Gerasimenko, y hacer un estudio prolongado de la composición del cometa con diversos instrumentos robóticos.

Así, antes que presagios malignos, los cometas nos traen información sobre nuestro sistema solar y el comportamiento del universo que nos rodea, además del disfrute innegable de la belleza y majestuosidad de uno de estos cuerpos cruzando la bóveda celeste y recordándonos los verdaderos misterios que hay allá afuera.

Morir por el cometa

Las supersticiones alrededor de los cometas, sin embargo, no han desaparecido del todo. Cuando apareció el cometa Halle-Bopp en 1997, una secta adoradora de los ovnis y sus supuestos tripulantes extraterrestres, Puerta del Cielo decidió que una nave espacial extraterrestre viajaba detrás del cometa, oculto por él. El 26 de marzo de 1997, 39 miembros del grupo se suicidaron en grupo con la idea de que sus almas serían recogidas por la nave y llevados a un plano superior de existencia.

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