Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento
Mostrando entradas con la etiqueta homeopatía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta homeopatía. Mostrar todas las entradas

Pseudociencias, las impostoras del conocimiento

Los más recientes descubrimientos científicos que nos llegan por muchos medios, con frecuencia ni son descubrimientos ni son científicos. ¿Cómo identificar el falso conocimiento?

Homeopatía, la pseudociencia por excelencia: sin pruebas
sobre su eficacia y seguridad es un negocio de miles de
millones de euros al año. (Foto DP de Wikidudeman
via Wikimedia Commons)
A veces parece que todo el conocimiento está ya descubierto pero por alguna razón no se utiliza ni se enseña en las escuelas: la cura para el cáncer, la forma de mantenernos esbeltos y recuperar el pelo, la energía gratuita y abundante, dinero para todos y otras maravillas.

O al menos eso nos dicen muchas cadenas de correo electrónico, las redes sociales y distintos medios de comunicación de fiabilidad no confirmada.

Estas afirmaciones suelen venir sustentadas en elementos que solemos identificar con la ciencia: palabras como “cuántica”, “energías”, “vibraciones”, “matrices” u “holístico”, supuestos “expertos” y variados argumentos.

Se disfrazan de ciencia, pero ni aplican sus métodos, ni sus precauciones, ni sus protocolos, ni son resultado del intenso trabajo supervisado por otros científicos que permite alcanzar conocimientos razonablemente certeros. Y, no pueden presentar las evidencias que le exigimos a la ciencia.

Estas pseudociencias, formas modernas de la superstición, pueden costarnos dinero y salud. Todos conocemos a alguien que, por creer en terapias no demostradas, ha perdido calidad y cantidad de vida, como el caso de Steve Jobs. Y es que, por imperfecta que sea la ciencia, es nuestra mejor apuesta para todo, desde hacer edificios hasta atender nuestra salud o hacer Internet. Conviene, entonces, ser escéptico.

Pero ¿cómo, sin ser científico, puede alguien separar el trigo de la paja? Aquí tenemos 7 preguntas para detectar, con razonable certeza, si estamos ante una pseudociencia.

1. ¿Cómo se obtuvo y difundió la afirmación? El trabajo científico requiere el concurso de muchas personas. Ya no es tiempo de genios solitarios que podían revolucionar el conocimiento desde su biblioteca. Hoy, multitudes de científicos trabajan en todos los temas del conocimiento. Si alguien afirma que ha obtenido un resultado independientemente y en vez de publicarlo en revistas científicas usa propaganda y boletines de prensa, si no puede dar cuenta de su metodología y mostrar sus datos, es razonable dudar. Y pasar al punto 2.

2. ¿Se ha verificado independientemente? En el trabajo científico, un solo estudio no es bastante. Puede marcar caminos, pero debe ser confirmado por otros investigadores, que repitan o mejoren los métodos de estudio y puedan verificar las conclusiones. Muchas afirmaciones apasionantes, como la de la “fusión fría” que prometía energía gratuita para el mundo, no pudieron ser confirmadas experimentalmente. Se determinó que los investigadores habían usado un método de medición incorrecto. Los científicos se molestaron y pasaron al mundo de la pseudociencia, donde prosperaron sin obtener jamás resultados. Se necesitan muchos estudios y confirmaciones, más si la afirmación es del tipo de las del siguiente punto.

3. ¿Implica rechazar algún principio científico bien establecido? A lo largo del tiempo no pocos principios científicos se han abandonado en favor de otros que describen de modo más preciso la realidad. Después de todo, las explicaciones científicas son modelos siempre sujetos a perfeccionarse. Pero no son creencias caprichosas. Si se pretende desafiar un principio que ha sido comprobado una y otra vez con éxito por muchos investigadores y por cualquiera en la vida cotidiana, y se ha utilizado en la práctica como tecnología (digamos, de Internet), la explicación alternativa debe ser muy sólida, debe cubrir todos los fenómenos anteriormente explicados así como los nuevos y debe ser igualmente demostrable. Es decir, no basta que alguien tenga “argumentos” contra la evolución, la esfericidad de la Tierra o la realtividad de Einstein... debe tener demostraciones y evidencias al menos tan firmes como las que hemos reunido sobre el tema para llegar al modelo que tenemos hoy.

4. ¿Se dice que hay persecución, represión o desprecio de “la ciencia oficial”? Si, como decíamos, la búsqueda del conocimiento es una labor abierta, lo es más en tiempos de Internet y del avión, donde miles de científicos se reúnen diariamente para mostrarse sus descubrimientos y animarse, es muy poco probable que un conocimiento quede oculto sin que nadie más lo descubra en mucho tiempo. Por eso hay verdaderas carreras por lograr ciertos conocimientos y patentarlos antes que la competencia. Los verdaderos perseguidos por difundir datos delicados generalmente corren peligro real, como Roberto Saviano por descubrir el funcionamiento de la camorra napolitana o Snowden por revelar secretos militares estadounidenses. Y la “ciencia oficial”, claro, no existe.

5. ¿Suena demasiado bueno? Si algo parece demasiado bueno para ser cierto, lo más probable es que lo sea. Las dietas milagro, las curaciones sencillas, la promesa de obtener grandes resultados con pocos esfuerzos, son formas del engaño en las que suelen caer los promotores de las pseudociencias. Vamos, si realmente los planos que venden en Internet dieran energía gratuita y le permitieran a alguien cancelar su contrato con la eléctrica de su localidad, seguramente no los vendería un don nadie desde su cochera. Y si alguien tuviera la cura del cáncer, se estaría haciendo enormemente (y legítimamente) multimillonario.

6. ¿Hay alguien ganando dinero detrás de la afirmación? Algunas afirmaciones pseudocientíficas son sólo producto de la ignorancia, el miedo o la desinformación, pero con frecuencia hay detrás empresas que se benefician de ellas, como los vendedores de “productos para contrarrestar la contaminación electromagnética” que promueven fundaciones, organizaciones y conferencias para aterrorizar a la gente con la idea, nunca sustentada en datos, de que las ondas de radio de la telefonía móvil o el wifi tienen efectos dañinos para la salud. Lo mismo se puede decir de las multinacionales de las terapias alternativas.

7. ¿Avanza? Una característica de la ciencia es que un conocimiento bien establecido y comprobado sirve como base para ulteriores investigaciones y descubrimientos. La descripción de las leyes del movimiento de Newton permitieron una enorme evolución hasta llegar a la teoría de la relatividad de Einstein. Las pseudociencias, como la astrología o la homeopatía, se mantienen iguales, basadas en dogmas antiguos y sin un solo avance detectable.

Algo más que un cuento

Carl Sagan decia, en su libro El mundo y sus demonios: “Si se entendiera ampliamente que las afirmaciones sobre el conocimiento exigen una evidencia adecuada antes de que se les pueda aceptar, no habría espacio para la pseudociencia. Pero en la cultura popular prevalece una especie de Ley de Gresham por la cual la mala ciencia aparta a la buena.”

El debate de la homeopatía en el Reino Unido

Ningún preparado homeopático ha podido
demostrar eficacia curativa bajo condiciones
científicas satisfactorias.
(foto D.P. Wikidudeman, via Wikimedia Commons)
¿Debe la sanidad pública financiar una supuesta terapia que en más de 200 años no ha conseguido dar una sola prueba de su eficacia y que además rechaza toda la ciencia?

El Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes británica realizaba audiencias sobre la homeopatía, práctica a la que el servicio nacional de salud británico destina alrededor de 4 millones de libras esterlinas y bajo fuertes críticas por parte de médicos, científicos y defensores de los derechos de los pacientes.

El 25 de noviembre de 2009 estalló la bomba informativa, el director de estándares profesionales de Boots, la mayor cadena farmacéutica de la Gran Bretaña, confesaba a los parlamentarios: “Ciertamente hay una demanda de los consumidores por estos productos. No tengo ninguna evidencia de que sean eficaces”.

Como en tantos otros escándalos farmacéuticos, se descubría que el negocio valía más que la ciencia. Bennet añadió: “Para nosotros es cuestión de elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”.

La respuesta la dio el Dr. James Thallon, director médico del grupo de atención primaria de West Kent del NHS: "Si se le receta un medicamento a los pacientes que sabemos que no tiene eficacia, en una base que es esencialmente deshonesta con dicho paciente, personalmente considero que es poco ético”.

Es verdad que un gran número de personas creen que los amuletos, el agua bendita o las velas negras con encantamientos son medicamentos eficaces. ¿Acaso esto justificaría que estos productos se expendan en las farmacias sin dar ni una prueba de ser realmente eficaces? Más aún, si para comercializar un producto se demanda a las farmacéuticas cumplir con numerosas exigencias científicas sobre seguridad, eficacia, pruebas clínicas, estudios de laboratorio, etc., ¿por qué la homeopatía debe estar exenta de tales exigencias?

Las críticas

Una y otra vez se han expresado críticas inquietantes a la homeopatía: sus supuestos medicamentos no contienen ningún principio activo, dadas las tremendas diluciones utilizadas por sus procedimientos; que los mecanismos que postula contravienen cuanto conocemos del universo en lo referente a la física, la química y la biología; que las enfermedades no son causadas por “miasmas” sino por gérmenes patógenos o trastornos anatómicos, fisiológicos o genéticos, etc.; pero sobre todo y de manera fundamental, que nunca ha habido estudios que demuestren que la homeopatía funciona. Si hubiera pruebas sólidas de su eficacia, toda crítica sería irrelevante.

Quienes utilizan la homeopatía, suelen defenderla porque “les funciona”, sin admitir que podrían no estar interpretando los hechos correctamente. ¿Cómo saber si el preparado homeopático fue responsable de la curación o la enfermedad siguió su curso normal, o el tratamiento médico concurrente fue el responsable, o simplemente el cuerpo se curó solo como hace las más de las veces?

El método que utilizamos para conocer la respuesta a esta pregunta es una variante del método experimental llamada “de doble ciego”, en la que se mantienen estrictos controles sobre el entorno de los pacientes, algunos de los cuales reciben el medicamento bajo estudio, otros reciben un placebo con el mismo aspecto, sabor, etc. que el medicamento. Los pacientes no saben si están recibiendo el medicamento o el placebo. El concepto “doble ciego” se refiere a que el médico que administra el tratamiento tampoco sabe qué está administrando, de modo que sus expectativas, opiniones (favorables o desfavorables) y actitudes personales no afecten a los pacientes, como ha demostrado la psicología que pueden hacerlo.

Si el medicamento tiene una eficacia estadísticamente superior a la del placebo, tenemos una certeza razonable de que es, efectivamente, el responsable de los efectos. Si es igual al placebo, es razonable suponer que dicho medicamento es ineficaz.

La homeopatía ha luchado por no someterse a estudios con una serie de pretextos y coartadas incomprensibles a la luz de sus afirmaciones sobre su eficacia superior a la de la medicina basada en evidencias. Cuando tales estudios se han realizado, el resultado, una y otra vez, es que la homeopatía no es más eficaz que un placebo, al grado que la prestigiosa revista médica The Lancet editorializó en 2005 que había llegado el fin de la homeopatía.

Las conclusiones

El 22 de febrero de 2010, el comité del parlamento publicó su informe sobre la evidencia respecto de la homeopatía” y pidió al gobierno que retirara la financiación estatal de la homeopatía, y que la agencia reguladora de los medicamentos y productos de salud del Reino Unido no permitiera que las etiquetas de los productos homeopáticos hicieran afirmaciones médicas o aseguraran su capacidad terapéutica si no presentaban evidencia de su eficacia. El comité señaló además que recetar placebos sin que el paciente lo sepa es incompatible con los derechos de libre elección del consumidor.

Como resumió el presidente del comité, Phil Willis, buscaban determinar “si las políticas del gobierno sobre la homeopatía están basadas en la evidencia actual, y no lo están".

Los médicos jóvenes de la Asociación Médica Británica, declararon en mayo que la homeopatía no es distinta de la brujería y se unieron a la solicitud de quitarle el subsidio público en medio de la actual crisis económica que ha afectado profundamente al NHS.

Sin embargo, el 28 de julio 2010, el nuevo ministro de salud conservador, Andrew Lansley, decidió ignorar la evidencia y las recomendaciones de los parlamentarios y de los médicos, y declaró que el NHS seguiría financiando esta práctica. De hecho, abrió la puerta al incremento de los fondos dedicados a la homeopatía y se negó a restringir las afirmaciones no probadas que hace la publicidad homeopática.

Si bien esta decisión no cierra el debate, es un ejemplo muy claro de qué puede pasar cuando un gobierno, un grupo de políticos, deciden no normar sus criterios mediante la mejor evidencia científica disponible. La duda que queda, adicionalmente, es si en la misma lógica se deben financiar los cientos de autoproclamadas medicinas alternativas y prácticas religiosas que tampoco tienen evidencias de su eficacia pero cuentan con partidarios encendidos que creen en ellas. ¿Cuál debe ser el criterio para gestionar la salud de un país moderno?

La favorita del reino

En el mes de agosto, el NHS de Tayside, escocia, anunció que buscaba a un homeópata al que ofrecía un salario de entre 37 mil y 68 mil euros al año por sólo 8 horas a la semana para atender a un máximo de 16 pacientes. Numerosos científicos y médicos han solicitado el puesto como forma de protesta, entre ellos el columnista de The Guardian Simon Singh, uno de los principales divulgadores científicos ingleses. El NHS no ha comentado.