Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

diciembre 20, 2006

Pasado y futuro del cáncer

No es incurable, no es una sentencia de muerte y no es ni siquiera una sola enfermedad, pero "cáncer" sigue siendo fuente de poderosas emociones y en general un desconocido.

Conocido al menos desde tiempos de Hipócrates, el cáncer ha sido sin embargo entendido y estudiado apenas desde el siglo XIX, cuando el descubrimiento de las células y las teorías científicas de la enfermedad sustituyeron al empirismo vago de la medicina precientífica y a teorías como la de los "humores", que afirmaba que las enfermedades eran producto de desequilibrios entre los cuatro humores que se creía que conformaban el cuerpo humano (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre), y que prevaleció durante milenios sin aportar nada a la curación de los enfermos con sus procedimientos de sangrías, laxantes y dietas en ocasiones peligrosísimas. Igualmente, abundaron las creencias erróneas sobre el origen, desarrollo y características del cáncer. Para algún profesor holandés del siglo XVII, por ejemplo, el cáncer era causado por un fluido linfático demasiado ácido, mientras que otro concluía que era un veneno y que, además, era contagioso.

Pero el siglo XIX vio cómo los científicos alemanes Theodor Schwann y Matthias Jakob Schleiden descubrían que el cuerpo humano no era una mezcla de cuatro humores, sino el asombroso agregado de millones y millones de células especializadas. Esta teoría habría de cambiar todo el conocimiento de la biología y, por supuesto, de la medicina, sentando las bases de la patología que conocemos actualmente, sustentadas adicionalmente por el trabajo de Louis Pasteur. Pronto se descubrió que el cáncer era precisamente un desarreglo de la multiplicación de las células del cuerpo, que al sufrir daños en su ADN se dividían descontroladamente debido a mutaciones en los genes que se encargan de la división celular. Se entendió igualmente cómo las células cancerosas podían invadir otros tejidos cercanos o incluso lejanos (mediante la metástasis o migración de las células cancerosas por medio del sistema circulatorio o del linfático).

Distintas formas de cáncer que afectan a distintas células se comportan de maneras igualmente diferentes, y son susceptibles de diversas formas de tratamiento. Es decir, a diferencia de una enfermedad claramente delimitada como podría ser la hepatitis o la ateroesclerosis, el cáncer es en realidad una clase de enfermedades que tienen relación entre sí pero no son iguales ni en su origen, ni en sus riesgos ni en su tratamiento.

En general, el cáncer es producto de la exposición de las células a agentes capaces de provocar mutaciones (mutágenos), excepto en el caso de algunas formas de cáncer que son producto de fallas genéticas hereditarias. Los agentes que provocan mutaciones causantes del cáncer son llamados cancerígenos, y pueden ser muy diversos: sustancias que emiten radiaciones (principalmente beta o gamma, radiación solar ultravioleta y rayos X), diversas sustancias y compuestos, el tabaco, el alcohol, ciertos microbios como el hongo Aspergillus flavus (por producir la la aflatoxina B), y virus que inyectan directamente su ADN en las células que atacan. Pero la presencia de un carcinógeno no es necesariamente suficiente para causar cáncer, sino que es necesario además que haya cierta predisposición del individuo, ya sea por el medio ambiente, su propia composición genética y la presencia de otras sustancias.

Precisamente por su diversidad, es muy difícil, y poco aceptable, hacer generalizaciones sobre el tratamiento del cáncer y su posible mortalidad. El tratamiento eficaz del cáncer depende, primeramente, de una detección temprana de la enfermedad, del tipo de cáncer de que se trate y dónde esté situado, además del estado general de salud y edad del paciente. Las opciones al alcance del médico van desde la extirpación quirúrgica del tumor, la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia, la terapria de anticuerpos monoclonales, la supresión hormonal y otras menos conocidas, y generalmente se utiliza una combinación de más de una terapia para conseguir la curación o el control del avance de la enfermedad. A ello deben agregarse opciones preventivas como la vacuna contra los tipos 16 y 18 de cáncer causado por el papilomavirus humano (PVH).

Pero por todo lo dicho, no hay, ni puede haber una cura contra el cáncer, sino que hay y habrá diversas curaciones posibles según el tipo de cáncer y el tipo de paciente. Pero aún sin que se haya hecho realidad esa mítica cura, la mortandad por cáncer ha bajado notablemente respecto del pasado, y las opciones siguen desarrollándose y aumentando la calidad y cantidad de vida de quienes sufren algún tipo de cáncer. De hecho, no pasa ni un día en el que no se haga algún anuncio sobre nuevos descubrimientos en numerosísimas áreas relacionadas con la lucha contra el cáncer: prevención, mejores medicamentos para reducir los efectos colaterales de otras aproximaciones como la quimioterapia, procedimientos quirúrgicos novedosos o perfeccionados, descubrimientos sobre genética y división celular, pruebas más eficaces para detectar el cáncer, recomendaciones sobre cambios en la dieta y la forma de vida para evitar la exposición a carcinógenos, vacunas y, sobre todo, nuevas terapias.

Hoy en día, la terapia más prometedora es la terapia concentrada. Disponible desde fines de la década de 1990 y en estudio constante, utiliza agentes específicos para las proteínas desreguladas de las células del cáncer. Utilizando pequeñas moléculas y anticuerpos monoclonales, así como estructuras químicas específicas que pueden buscar las células cancerosas o el tejido no celular que rodea a los tumores llevando a ellos sustancias radiactivas en cantidades muy inferiores a las de la radioterapia común y matando a las células malignas con mínimos daños a los tejidos sanos adyacentes.

No causa cáncer, aunque lo diga el vecino


El temor que sigue latente respecto de esta clase de enfermedades permite que periódicamente aparezcan afirmaciones sensacionalistas que afirman que ciertos elementos o fenómenos causan cáncer pese a que haya numerosos estudios que lo niegan. Es el caso de la telefonía móvil, que ha provocado escenas de histeria colectiva basadas en afirmaciones vagas, reportes imprecisos en los medios de comunicación, conclusiones apresuradas y llamamientos de personas poco informadas. Apenas el 6 de diciembre se publicó un nuevo estudio realizado en Estados Unidos sobre más de 400.000 personas que se suscribieron al uso de teléfonos móviles entre 1982 y 1995, y a los que siguió hasta 2002, concluyendo que el uso de móviles no tiene ninguna vinculación con el riesgo de cáncer, ni siquiera el del cerebro o la leucemia, frecuentemente citados por quienes animan la histeria.

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