Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

diciembre 31, 2008

El regreso de la superstición a Cuba

Campo de batalla de las propagandas en favor y en contra, el sistema médico cubano sigue siendo de un elevado nivel, hoy convertido en fuente de divisas y, desgraciadamente, en promotor de la superstición pseudomédica.

Como todo lo referente a Cuba, la situación de la medicina social de la isla es objeto de un debate más político que médico. Los más entusiastas de la revolución cubana insisten en un sistema de salud sin igual, gratuito, integral y de muy alta calidad. De otro lado, los enemigos de la revolución no sólo niegan el alcance social de la medicina cubana, sino que disputan su calidad y niegan cualquier valor a sus logros de los últimos 50 años.

Más allá de propagandas, existen contradicciones que deben evaluarse científica y médicamente. Cuba estableció desde 1959 un sólido sistema de salud para todos los habitantes, y centrado en una formación de máxima calidad para todos los profesionales de la atención a la salud. Dicho sistema fue, sin duda alguna, el más avanzado de América Latina en los años 60, 70 y 80.

En esta época, los ciudadanos cubanos tuvieron acceso a una atención que, en cualquier otro lugar del mundo, habría sido costosísima o inalcanzable. Y el gobierno cubano difundía sus logros educando, como hace hasta hoy, gratuitamente a médicos de numerosos países. De modo especial, los jóvenes de países ideológicamente identificados con Cuba, como los de Chile durante el gobierno de Salvador Allende, los de Nicaragua en los años posteriores a la caída del dictador Somoza o los venezolanos de hoy en día. Hoy, en Cuba, estudian medicina miles de alumnos de más 70 países tan diversos como Panamá, Cabo Verde, Timor Oriental o las Islas Salomón.

Gran parte de la excelente medicina social cubana se financiaba gracias a la Unión Soviética, y la caída de ésta implicó una crisis económica de la que la isla aún no se ha recuperado. Entre otras cosas, esto implicó un grave desabasto de medicamentos y materiales médico-quirúrgicos que ha afectado la calidad y el acceso a la atención del ciudadano cubano promedio.

La necesidad de divisas internacionalmente intercambiables (el peso cubano no lo es) llevó a que desde 1989 la medicina cubana se ofreciera al mercado internacional para que el gobierno cubano tuviera forma de adquirir insumos indispensables en el mercado internacional. Cuba ofrecía (y ofrece) atención médica del máximo nivel del mundo a un costo de entre 10% y 20% de lo que habría costado en un país capitalista. Esta atención a extranjeros ha llegado a ocupar el 60% de los recursos de diversas instalaciones sanitarias cubanas.

Simultáneamente, en Cuba se desarrollado una visión de la pseudomedicina como opción, prácticas charlatanescas y esotéricas resultado, en parte, de una reapropiación políticamente correcta de las tradiciones indígenas y afrocaribeñas que llevó a que, en 1993, Raúl Castro, como ministro de defensa y segundo secretario del Partido Comunista Cubano, oficializara la llamada “medicina natural y tradicional” (MNT) por medio de la directiva No. 18 al interior del ejército, que en 1995 fue sustituida por la directiva No. 26 para convertir a la MNT en práctica oficial y aceptada en Cuba. La MNT cubana adopta por igual el recetario herbolario tradicional que prácticas más extravagantes como la acupuntura, los quiromasajes, la fangoterapia y la homeopatía, y llegando incluso a propuestas absolutamente delirantes como la “piramidoterapia”.

La “piramidoterapia” es la creencia de que una pirámide con las proporciones de la Gran Pirámide de Keops en Giza atrae y acumula cierta “energía piramidal”. Esta supuesta “energía” no se ha definido en términos de sus características físicas, ni mucho menos se ha demostrado que exista, pero ello no ha sido óbice para que se postule que debajo de la figura geométrica mágica hay otra “antienergía” llamada “antipirámide”, y que ambas pueden ser almacenadas en agua que pasa a tener ciertas propiedades curativas aunque sea indistinguible del agua común.
El gran promotor de la “piramidoterapia” y la “magnetoterapia” en Cuba ha sido un personaje cercano a Raúl Castro, el Dr. Ulises Sosa Salinas, poseedor de numerosos cargos burocráticos y asociado a numerosos grupos y personajes del mundillo esotérico fuera de Cuba.

Cuando el propio gobierno, en la revista Web de los trabajadores cubanos, afirma que en 2004, en la provincia de Las Tunas, el 60% de los médicos (1.100) se dedicaban a la MNT y que con esta modalidad se “trató” a más de 632 mil pacientes, 40% del total en el año, se entiende que los cubanos están recibiendo, muy probablemente de buena fe, medicina de bajísimo nivel sólo por motivos económicos. Llama la atención, precisamente, que desde el propio Raúl Castro hasta las más diversas publicaciones insistan que no es “una alternativa ante la escasez de medicamentos industriales”, sino una serie de prácticas “científicas de probada eficacia en el mundo”, aunque no puedan sustentarlo con datos.

Como se señaló en el 1er taller "Pensamiento Racional y Pseudociencia", de la Universidad de La Habana, la Revista Cubana de Medicina General Integral ha publicado que las fresas de dentista se “autoafilan” bajo una pirámide, o que se puede “ahorrar energía” colocando el agua bajo una pirámide en vez de esterilizarla. Los participantes en el mencionado taller señalaron que ha resultado imposible publicar artículos críticos a la pseudomedicina en las revistas cubanas.

Aprovechando las creencias mágicas que también crecen en occidente, Cuba ha integrado la llamada “medicina alternativa” a su oferta turísticas, como es el caso de la “magnetoterapia” o tratamiento con imanes, que nunca ha demostrado tener ningún efecto en el cuerpo humano, pero que el sitio de turismo médico Cubamédica+com promueve como analgésico, antiinflamatorio, somnífero, tratamiento para la arteriosclerosis, para bajar de peso, como antibiótico y una serie de milagros adicionales.

No deja de ser dramático que un sistema de salud que fue admirable, movido por ideales de lo más nobles para servir a la población se vaya degradando en la forma de un sistema capaz de legitimar, sin bases científicas, afirmaciones que son no sólo irracionales, indemostrables y anticientíficas, sino profundamente peligrosas para sus víctimas.

Los peligros de la pseudomedicina


"Según referencias de algunos participantes, ciertos procederes ‘curativos’ no aprobados por el sistema de salud pública han sido seleccionados por algunos pacientes en detrimento de terapias convencionales de probada eficacia (como, por ejemplo, la hemodiálisis ó una operación de vesícula), con las correspondientes consecuencias negativas para la salud, e incluso para la vida”. Memorias del 1er taller "Pensamiento Racional y Pseudociencia", La Habana 2007.

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