Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

julio 24, 2013

El planeta flotante

Las muchas sorpresas que no sigue ofreciendo Saturno, el miembro de nuestro sistema solar al que algunos llaman “el señor de los anillos”, y sus numerosos satélites.

La Tierra (abajo, derecha) vista desde los anillos de
Saturno por la sonda Cassini en julio de 2013.
(Fotografía D.P. NASA)
En 1610, Galileo Galilei dirigía su sencillo telescopio a Saturno, uno de los cinco planetas “clásicos”, llamado así por ser visibles a simple vista y por tanto conocidos por todas las culturas desde la prehistoria, junto con Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. El astrónomo italiano ya había sacudido las bases de la cosmología renacentista con su descubrimiento de las lunas de Júpiter, y ahora el segundo mayor planeta del sistema solar le ofrecía nuevas sorpresas.

En el mes de julio le escribió con entusiasmo a su protector, Cosme II de Médici para informarle de “una muy extraña maravilla”, que le pedía que mantuviera en secreto hasta que el astrónomo publicara su obra. “La estrella de Saturno”, le contaba Galileo al mecenas, “no es una sola estrella, sino que está compuesta de tres que casi se tocan entre sí, nunca cambian ni se mueven en relación con las otras y están organizadas en fila a lo largo del zodiaco”. Señalaba además que la estrella de en medio era tres veces mayor que las otras dos.

Galileo había sido víctima de la poca resolución de su telescopio, que hacía que los anillos de Saturno, vistos en ángulo, parecieran dos lunas a los lados del planeta, dos orejas o asas. Dos años después, para su perpleijdad, Galileo observó que tales lunas habían desaparecido, sólo para volver a ser visiblesdos años después. No fue sino hasta 1659 cuando el astrónomo holandés Christiaan Huygens descifró el enigma determinando que el gran planeta estaba rodeado de anillos.

Aunque hoy sabemos que también Júpiter, Urano y Neptuno son planetas rodeados de anillos, menos conspicuos que el de Saturno, esa característica distintiva es sólo una de las muchas que lo convierten en un cuerpo singular en el sistema solar.

Saturno es el más achatado de todos los planetas. Aunque los llamados gigantes gaseosos están todos achatados por los polos, Saturno es el que mayor diferencia tiene entre su diámetro ecuatorial y el de polo a polo, alrededor de un 10%. Esto se debe a las enoremes fuerzas que operan en su interior, formado principalmente por gases y un núcleo rocoso, y a la gran velocidad de su rotación, pues su “día”, el tiempo que tarda en girar una vez alrededor de su eje, dura apenas 10 horas y media. Por contraste, el año saturniano, el tiempo que tarda en dar una vuelta completa alrededor del sol, es de casi 30 años terrestres.

Es, además, el planeta más tenue de todos, el único cuya densidad es menor que la del agua, lo que quiere decir que si se pusiera a Saturno en un gran recipiente de agua, flotaría sobre ella.

Saturno tiene en órbita a su alrededor una gran cantidad de satélites. Se le han descubierto más de 60 lunas, y 53 de ellas ya tienen nombre, una cantidad apenas superada por las 66 lunas de Júpiter. Sin embargo, el problema para decidir quién tiene más lunas es determinar desde qué tamaño se puede considerar que un objeto en órbita es una luna, pues los anillos de Saturno, finalmente, están formados de innumerables trozos de hielo y roca cubierta de hielo, que van desde algunos centímetros de diámetro hasta varios metros, e incluso es posible que los haya de varios kilómetros de circunferencia. Si todos ellos son lunas, entonces Saturno es el campeón sin discusión posible.

Las lunas que pueden tener vida

Fue el propio Huygens, gran estudioso del planeta, quien descubrió, en 1655, la mayor luna de Saturno, Titán, que es a su vez la segunda más grande del sistema solar después de Ganímedes, luna de Júpiter. Titán tiene un tamaño de 1,48 veces la Luna de nuestro planeta, y exhibe la apasionante peculiaridad de ser la única luna del sistema solar que tiene una atmósfera real, no sólo una tenue capa de gas a su alrededor. Esa atmósfera es rica en nitrógeno, lo que la hace similar a la de nuestro planeta. De hecho, las primeras sondas humanas que visitaron Saturno, las Voyager 1 y 2 en 1980 y 1981, descubrieron que es mucho más densa que la de la Tierra; la presión en la superficie del satélite es de 1,45 atmósferas terrestres. La misma a la que está sometido un buceador a una profundidad de 5 metros en el mar.

La atmósfera de Titán tiene, además, una bruma anaranjada que impide la observación directa de su superficie, que no pudimos ver sino hasta que en 2005 la sonda apropiadamente llamada Huygens fue lanzada hacia Titán por la misión Cassini. En su superficie hay mares formados no por agua, sino por por metano y etano, hidrocarburos que forman parte del gas natural en la Tierra. Estas características, junto con la presencia de moléculas orgánicas formadas por carbono, hidrógeno y oxígeno, hacen pensar a los científicos que Titán tiene condiciones similares a las que presentaba la Tierra al principio de su historia, condiciones que pueden ser conducentes al surgimiento de la vida.

Pero Titán no es la única interesante de las muchas acompañantes de Saturno. La misión Cassini, que continúa hoy observando a Saturno y sus lunas, ha descubierto otras maravillas en los alrededores del planeta anillado, como los géiseres en la luna Enceladus, que arrojan agua líquida, parte de la cual vuelve al satélite en forma de lluvia y parte se une a los anillos del planeta. El agua está en estado líquido gracias al calor interno de Enceladus, que junto con su tenue atmósfera lo hace que se plantee la posibilidad de que albergue vida.
Enceladus y Titán son los mejores candidatos en nuestro sistema solar, junto con Marte, para encontrar en ellos la mítica primera forma de vida extraterrestre, así sea peculiar, extraña y simple. O al menos eso esperan algunos científicos. Recientes descubrimientos en la Tierra de organismos llamados “extremófilos” por su capacidad de sobrevivir en condiciones, precisamente, extremas, alimentan esta especulación.

Además de estas dos lunas, otras como Rhea resultan de interés por estar compuestas de hielo de agua, por sus cráteres e incluso por su origen e influencia sobre Saturno.

La misión Cassini, lanzada en 2005, continúa hoy estudiando a Saturno y a su entorno, e incluso realizando inéditas fotografías de la Tierra vista desde el espacio profundo. Los anteriores visitantes del planeta, las sondas Voyager, están viajando fuera del sistema solar.

Las tormentas desveladas

Saturno experimenta una gigantesca tormenta cada treinta años, produciendo el fenómeno llamado la “gran mancha blanca”, observada por primera vez en 1876. Los mecanismos de cómo se producen estas tormentas en la atmósfera de Saturno eran un misterio hasta 2013, cuando un grupo de investigadores de la Universidad del País Vasco encabezados por Enrique García Melendo desarrolló un modelo informático de la tormenta saturniana.

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