Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

junio 28, 2006

Los motivos de la estación espacial

Por fin el hombre tiene una estación espacial. Pero es legítimo preguntar ¿para qué la queremos?

El 20 de noviembre de 1998, el lanzamiento del módulo de control Zarya desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, marcó el inicio de un proyecto por el que pelearon numerosas personas de todo el mundo durante décadas: el establecimiento de una estación espacial internacional permanente en órbita terrestre.

Hoy, la estación espacial internacional (ISS) tiene una longitud de más de 140 metros habitables y 240 metros a lo largo de los conjuntos de celdillas solares que le suministran energía, y un peso de más de 183.000 kilogramos. Pero aún así sigue en construcción, y lo estará al menos hasta 2010, como el objeto más masivo que el ser humano ha colocado fuera del planeta, en una órbita a unos 360 kilómetros de la superficie de la Tierra, a la que circunda aproximadamente cada 92 minutos. Pero desde el año 2000 se ha hecho efectivo el sueño de tener presencia humana permanente en el espacio a través de misiones internacionales destinadas, ante todo, a construir y mantener la estación y, cada vez más, a realizar los trabajos de investigación y descubrimiento que son la razón misma de ser de este proyecto.

Al hablar de exploración fuera de nuestro planeta, el recurso más valioso no es, como se pudiera pensar, los minerales que podríamos explotar en el cinturón de asteroides o en Marte (el coste de su transportación volvería cualquier objeto mucho más caro que el platino), sino el espacio mismo.

Nada por aquí, nada por allá
El espacio es "algo" extremadamente extraño que, incluso, difícilmente se puede definir como "algo" ya que depende precisamente de la ausencia de cosas. Pero no es tampoco precisamente la nada, es la esencia del tejido universal que todavía no entendemos. Fuera de la atmósfera de los planetas, fuera de los cuerpos celestes de diversos tamaños, tenemos regiones relativamente vacías a las que llamamos espacio, y que respecto de nuestro planeta comienzan a unos 100-120 kilómetros de altura. Y decimos "relativamente vacías" porque hoy sabemos que contiene diversas moléculas orgánicas, la radiación remanente del "big bang" que demuestra cuál fue el origen de nuestro universo, rayos cósmicos, algo de gas, plasma y polvo.

Pero eso, que parece mucho, es muy poco comparado con lo que tenemos en la superficie del planeta, donde el aire y el agua se encuentran prácticamente en todas partes. Para los astrónomos, por ejemplo, el aire es su peor enemigo en la observación del universo.

Donde no hay aire, y donde la gravedad no tiene los efectos que observamos en la superficie de la Tierra, los objetos y materiales se comportan de maneras muy distintas que en el ambiente al que estamos habituados. Los fluidos, por poner un caso, pueden formar esferas perfectas. Plantas y animales pueden crecer sin estar guiados por la gravedad que informa dónde están "arriba" y "abajo".

Esto hace que en el espacio, en una estación como la ISS, se puedan realizar investigaciones y experimentos literalmente imposibles en tierra. En tales investigaciones y experimentos se tienen previstos trabajos en las más diversas áreas.

La formación de cristales de proteínas de una pureza singular permitirá a los científicos entender mejor las proteínas, enzimas y virus, lo que permitirá encontrar formas más eficientes de atacar diversas enfermedades. Igualmente se tienen previstos trabajos en cultivo de tejidos que pueden usarse, por ejemplo, para probar tratamientos sin correr el riesgo de dañar a los pacientes. Así como los fluidos se comportan de manera peculiar en el espacio, y los metales fundidos, por ejemplo, pueden mezclarse más profundamente en órbita que en la tierra (lo que representa promesas en el terreno de nuevos materiales para aplicaciones como los microchips informáticos) el fuego mismo se comporta de manera peculiar en el espacio, al grado de que las llamas en el espacio han dado lugar a la nueva ciencia de la combustión, empeñada en entender más a fondo cómo se lleva a cabo el proceso de combustión o quemado.

Aprovechar el espacio no significa tampoco olvidar que el espacio también es un enigma, no sólo en su constitución, sino en la forma en que afecta a los materiales que no están en contacto con él habitualmente. El estudio de la exposición de distintos materiales al espacio permitirá mejorar el diseño de las naves espaciales. La falta de gravedad permitirá además importantes trabajos en el terreno de la física fundamental, estudiando fuerzas que en la tierra no pueden aislarse de la gravedad. Y, por supuesto, desde la órbita de la ISS se puede estudiar también nuestro planeta, sus recursos naturales, los efectos de la contaminación o la deforestación o peculiaridades geológicas y meteorológicas que aún están por descubrirse.

Las investigaciones que hoy mismo se están realizando en la ISS, sin embargo, no están siendo llevadas a la atención del público en general. A últimas fechas, importantes experimentos relacionados con la fisiología del equilibrio humano, las pruebas de cristalización de proteínas que ya se están realizando o la filmación de un gran grupo de desusadas nubes azules de gran altura formadas por cristales de hielo, quedan apenas al alcance de los científicos.

Todo ello sin contar el significado que tiene el hecho de haber podido conjuntar a dieciséis países con intereses diversos y, en algunas ocasiones, contrapuestos, en un proyecto común, esfuerzo que ya en 2001 ya obtuvo el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional.

Y sin embargo, esa estación espacial que ya podemos ver de noche si buscamos en Internet hacia dónde mirar y a qué hora, vale sin duda los 100 mil millones de euros que habitualmente se citan como su coste general, y sin duda tendrá una poderosa influencia en nuestra vida.

El laboratorio "Columbus"


La mayor contribución de la Agencia Espacial Europea a la ISS es el laboratorio Columbus, un módulo cilíndrico de 4,5 metros de diámetro que se acoplará a la estación a mediados de 2007. Columbus está diseñado como una instalación flexible de investigación que podrá ser usada por científicos desde la Tierra o con ayuda de los tripulantes de la ISS para realizar trabajos en biología, fisiología, otras ciencias de la vida, ciencias de materiales, física de fluidos y otras muchas disciplinas aprovechando la falta de gravedad. Puede contener hasta 10 Anaqueles de Carga Estándar, cada uno del tamaño de una cabina telefónica y que funciona como un laboratorio autónomo e independiente que se comunica directamente con sus investigadores que podrán aprovechar sus capacidades en todos los países europeos.

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