Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

noviembre 15, 2006

Altibajos del premio Nobel

Codiciados, criticados, dudosos, prestigiosos y a veces desprestigiados, los premios que estableció el inventor de la dinamita siguen siendo centro de atención tres meses al año.

El Museo Nobel en Estocolmo
(foto CC de Holger Ellgaard, vía Wikimedia Commons
Alfred Bernhard Nobel, químico sueco del siglo XIX, bien podía haber sido recordado principalmente como el inventor de la dinamita, como fabricante de armas y quizá, incluso, como hijo del inventor de la madera contrachapada. La dinamita original, el gran descubrimiento del químico nativo de Estocolmo, no es sino la mezcla de la nitroglicerina, explosivo altamente inestable, con tierras diatomáceas (es decir, arcilla con alto contenido de diatomeas, un tipo de algas unicelulares) que tienen la propiedad de estabilizar la nitroglicerina y volver más seguro y sencillo su manejo, transporte y aplicación. La adición posterior de otras sustancias y un conocimiento sólido de los explosivos traducido en más de 500 patentes que explotaba en sus propias fábricas le permitieron amasar una cuantiosa fortuna.

Pero hoy Nobel es más conocido por los premios que llevan su nombre. La leyenda cuenta que un diario francés recibió la noticia de la muerte del hermano de Alfred Nobel en 1888 y, creyendo que el fallecido era Alfred, la anunció con el titular "El mercader de la muerte ha muerto", agregando que el químico se había hecho rico encontrando formas de matar más gente más rápidamente que nadie en la historia. Esta visión de su obra y de la memoria que dejaría le afectó profundamente, y por ello decidió dejar la mayor parte de su fortuna en un fideicomiso para la entrega anual de un premio destinado a reconocer trabajos destacados en cinco áreas de la actividad humana: la física, la química, la medicina o la fisiología, la literatura y la promoción de la paz. El dinero que inició los premios era algo más de 4 millones de dólares de 1896, una verdadera fortuna a precios de hoy.

Sin embargo, el premio que empezó a concederse finalmente en 1901, cinco años después de la muerte de su fundador estuvo desde sus inicios sujeto a debates. El testamento de Nobel era bastante general, sólo una página, y dejaba algunos puntos en la oscuridad que han sido debatidos durante ya 105 años. Por ejemplo, Alfred Nobel no dejó claro si los premios de ciencia debían otorgarse sólo a la investigación pura o si pensaba también en la tecnología, pensando no sólo en galardonar a investigadores científicos, sino también a ingenieros y tecnólogos. Esta duda ha llevado a que, si bien no se premian los logros tecnológicos, tampoco se otorga el premio a los logros de ciencia pura, por grandes que sean, sino que se dedican a descubrimientos con alguna aplicación práctica. Precisamente por eso, Albert Einstein no recibió el Nobel por la teoría de la relatividad que revolucionó nuestra forma de ver el universo, sino por su más humilde descubrimiento del efecto fotoeléctrico que se aplica incluso en cosas tan cotidianas como las puertas de los ascensores.

En el caso de la literatura, la situación era aún más vaga por cuanto que Nobel hablaba de obras "idealistas", y esto se ha interpretó primero como un "idealismo" filosófico (opuesto al materialismo), aunque después se ha considerado el "idealismo" como "compromiso con los ideales", lo que ha permitido premiar a otro tipo de autores. Nobel hablaba de dar el premio por una sola obra especialmente influyente del año anterior, la Academia Sueca ha optado generalmente por distinguir el trabajo de toda una vida y no sólo un libro. Aún así, las exclusiones de personajes clave como León Tolstoi y Jorge Luis Borges han incidido en la credibilidad de los premios. Por su parte, el premio Nobel de economía instituido en 1969 y único que se otorga por un comité noruego, ha sido incluso más debatido, y los herederos de Nobel consiguieron que desde 2001 se llamara "en memoria de Alfred Nobel", distinguiéndolo así de los premios instituidos por su antecesor.

Pero, si bien como asunto humano sería casi imposible que el Premio Nobel no estuviera sujeto a todas las fragilidades de nuestra especie, incluidos los odios y aprecios personales, la política y las presiones individuales e institucionales, entre otros, ello no ha obstado para que el premio siga siendo considerado el más alto galardón en sus especialidades, y que incluso la presión social y mediática sobre los comités encargados de concederlos hayan permitido enderezar el curso en más de una ocasión.

El 10 de diciembre de 2006 será la ceremonia de entrega de los premios de este año.

Física: John C. Mather y George F. Smoot, cuyos descubrimientos acerca de la radiación de fondo que tiene nuestro universo permitieron consolidar la teoría del Big Bang como origen del universo.

Química: Roger D. Kornberg, por su trabajo sobre las bases moleculares que permiten que los genes que forman el ADN se comuniquen con el exterior del núcleo para la creación de proteínas y la realización de funciones celulares.

Medicina y fisiología: Andrew Z. Fire y Craig C. Mello, por su descubrimiento de la interferencia del ARN, uno de los mecanismos que controlan el flujo de información genética dentro de la célula desactivando genes específicos.

Literatura: Orhan Pamuk, por sus obras en las que se descubren "nuevos símbolos del choque y entrelazamiento de culturas".

Paz: Muhammad Yunus y el banco Grameen, en reconocimiento sus esfuerzos por crear desarrollo económico "desde abajo" al haber creado los microcréditos como forma de lucha contra la pobreza.

Economía: Edmund S. Phelps, por su trabajo sobre la curva de Phillips (la relación inversamente proporcional entre la inflación y el desempleo), la dinámica del desempleo a corto plazo y el concepto de la tasa natural de desempleo.

Los que lo rechazaron


Sólo dos personas han rechazado voluntariamente el Premio Nobel que les fuera concedido. El filósofo existencialista y escritor Jean-Paul Sartre se negó a recibir el premio de literatura que le fue concedido en 1964, argumentando que siempre había rechazado los honores oficiales. El líder Le Duc Tho, representante de Vietnam del Norte en las pláticas con Henry Kissinger que llevaron a los acuerdos de paz de 1973 en la guerra de Vietnam se negó a recibir el premio junto con Kissinger porque, pese a los acuerdos, en su país aún no había paz.

Pero otros lo han rechazado presionados por sus respectivos gobiernos. El nazismo impidió a los investigadores Richard Kuhn, Adolf Butenandt y Gerhard Domagk recibir oportunamente los premios de química y medicina en 1938 y 1939, e hizo lo mismo para que Otto Heinrich Warburg no recibiera su segundo premio Nobel de medicina (el primero lo obtuvo en 1931). Por su parte, el escritor ruso Boris Pasternak fue obligado por las autoridades soviéticas a rechazar el premio de literatura de 1958.

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