Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

febrero 09, 2008

Tengo mucho corazón

¿Tenemos dos formas distintas de sangre en nuestro cuerpo como dijo Galeno? ¿El cuerpo consume la sangre y el hígado la fabrica continuamente? ¿Las arterias pulsan debido a la “virtud pulsátil” en lugar de por los latidos del corazón? ¿El mejor remedio para casi cualquier enfermedad es la extracción de sangre? ¿El corazón es el asiento de la inteligencia, el movimiento y la sensación? ¿Es un órgano caliente y seco según la teoría de Hipócrates? ¿Tiene tres cámaras? ¿Es enfriado por el cerebro y los pulmones?

La respuesta a todas estas preguntas es, por supuesto, que no. La sangre venosa y la arterial son la misma, y la diferencia de su color se debe a la presencia o ausencia de oxígeno en sus moléculas de hemoglobina; el cuerpo no consume sangre, y el hígado no “fabrica” ni sangre ni ningún otro “humor”; las arterias laten debido a los latidos del corazón, no tienen capacidad de hacerlo sin él; extraer sangre no sólo no sirve como remedio, sino que reduce la capacidad de respuesta del cuerpo a las enfermedades; la inteligencia, los movimientos y las sensaciones son controlados por el sistema nervioso; las ideas de calor-frío y humedad-sequedad de la teoría de los humores de Hipócrates no tienen ninguna base real; el corazón tiene cuatro cámaras, no tres, dos ventrículos y dos aurículas; el cerebro controla el cuerpo y los pulmones oxigenan la sangre, pero el corazón no necesita ningún enfriamiento.

Sin embargo, la cultura occidental respondió que “sí” a todas esas preguntas durante casi dos mil años, cuando la aparición del método científico sustituyó la fe en la autoridad de los autores antiguos. Así, en 1508-1509, Leonardo Da Vinci dibujó un corazón con aurículas y ventrículos separados por válvulas. Leonardo y otros ponen las bases para que el inglés William Harvey enuncie su teoría de la circulación sanguínea en 1628, cuando escribe su tratado Sobre la circulación de la sangre. Sólo a partir de este momento se puede hablar de una medicina con bases científicas que se ocupa realmente de los problemas, afecciones y enfermedades del órgano cardiaco. En 1733 el británico Stephen Hales midió por primera vez la tensión arterial, en 1816 el francés René Laennec inventó el estetoscopio, en 1903 el holandés Willem Einthoven desarrolla el electrocardiógrafo y en 1938 el médico estadounidense Robert Gross realiza la primera cirugía cardiaca ampliamente difundida, abriendo paso a numerosos sistemas, inventos y procedimientos para enfrentar las crisis cardiacas, tratarls y, de ser posible, prevenirlas. Así, una idea tan común como es hoy el masaje cardiaco para suplir temporalmente el latido del corazón y mantener viva a una víctima viene apenas de 1961, el marcapasos externo de 1965 y los trasplantes cardiacos comienzan su historia en 1967.

El corazón y la tecnología

Era necesario comprender al corazón para conocer sus afecciones y enfrentarlas. Resultó sorprendente que entre los principales enemigos del corazón estuvieran los elementos que bloquean, engrosan, endurecen y de otras formas disminuyen el flujo sanguíneo en las arterias que alimentan al propio músculo cardiaco, las coronarias. Siendo el músculo que más trabaja en el cuerpo, que no descansa desde antes de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, el corazón requiere una alimentación adecuada. La mala alimentación, el uso del tabaco, la contaminación ambiental y, sobre todo, la edad, aumentan el riesgo de sufrir un problema cardiaco. Aún así, el corazón puede sufrir muchas otras afecciones, y gran parte de la tecnología médica y farmacéutica de hoy en día busca tratarlas, pues con la caída de la incidencia de otras enfermedades asesinas, las enfermedades cardiacas son la principal causa de muerte en Estados Unidos, Inglaterra y Gales, y a mediados de 2007, un estudio indicó que para 2020 las enfermedades cardiovasculares serán la principal causa de muerte en todo el mundo. Curiosamente, aunque en total se están reduciendo las muertes por afecciones cardiacas, proporcionalmente están disminuyendo a una velocidad menor que otras, como el cáncer. Es decir, no es que haya más enfermedades cardiacas que antes, sino que otras causas de muerte están siendo atacadas con eficacia.

La cantidad de herramientas a nuestro alcance para enfrentar los problemas cardiacos es cada vez mayor: repuestos para válvulas cardiacas, procedimientos para facilitar la circulación en las coronarias (desde los bypass o desvíos que evitan las zonas dañadas de las arterias hasta los stents, fragmentos de tubo que mecánicamente las mantienen abiertas), trasplantes cardiacos y algunas opciones que parecen de ciencia ficción, como la cirugía cardiaca asistida por robots que empezó a usarse con éxito apenas en 2001. En este tipo de intervención, el cirujano, en lugar de colocarse tras el bisturí, se sitúa tras una consola informática que manipula directamente brazos robóticos que operan al paciente. Esto mejora de modo notable la capacidad del cirujano de realizar manobras delicadas e incisiones y puntadas muy precisos, además de que la cirugía puede realizarse de modo remoto, pues el cirujano lo ve todo mediante monitores de vídeo con excelente resolución y capacidad de ampliación y no necesita estar físicamente cerca del paciente.

La utilización de células madre como fuente de “piezas de recambio” es una de las áreas que más entusiasmo han generado en los últimos años, y desde principios del siglo XXI se han ido aplicando de modo cada vez más amplio para reparar problemas mecánicos cardiacos. Pero quizá la noticia más asombrosa se dio en 2007, cuando investigadores del instituto de tecnología Technion-Israel anunciaron la creación de tejido cardiaco capaz de latir y con su propio suministro de sangre a partir de células madre. Los investigadores “sembraron” un molde” de plástico tridimensional esponjoso con células madre embrionarias y las trataron de modo que crearan músculo cardiaco útil.

Pero la mejor forma de evitar los problemas cardiacos es, claro, tener un estilo de vida sano: control en el consumo de grasas, nada de tabaco, poco alcohol y algo de ejercicio. Poco tecnológico, quizá, pero eficaz.


España en el corazón

En 1801, finalmente, después de miles de años en los que el ser humano se atrevió a otros tipos de cirugía (incluidos avanzados sistemas romanos para la extracción de cataratas en los ojos), un casi olvidado cirujano catalán, Francisco Romero, realizó la primera cirugía cardiaca exitosa, con un corte al pericardio, la membrana que rodea al corazón. Cuando presentó su trabajo en la Sociedad de la Escuela de Medicina de París, su procedimiento se consideró demasiado agresivo y su trabajo no fue difundido durante muchos años.

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