Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

agosto 30, 2008

El doctor Lorenz y el rey Salomón

Fascinado por los animales y su comportamiento desde su niñez, Konrad Lorenz se dedicó a estudiarlos hasta convertirse en el último de los naturalistas al estilo antiguo y uno de los primeros en obtener el Premio Nobel por estudiar la conducta científicamente.

Fue, para muchos la imagen de esa nueva ciencia llamada “etología”, la figura de un robusto profesor austríaco, de barba y cabello blancos, que fumaba pipa mientras iba de su casa al lago seguido por una tropa de gansos que creían que ese caballero era, ni más ni menos, su madre. Konrad Lorenz apareció fotografiado así en revistas, libros y documentales que hablaban de importantes descubrimientos en la conducta, de los cuales los gansos que lo seguían parpando estridentemente eran parte fundamental.

La etología, de las raíces griegas “ethos”, carácter o costumbre, y “logos”, estudio, es la rama de la zoología que estudia científicamente el comportamiento animal, sobre todo manteniendo presentes la vida de los animales en la naturaleza y aspectos como la evolución, la genética, la fisiología y la anatomía. Nació como especialidad de la biología alrededor de la década de 1960, cuando diversos biólogos se aproximaron al estudio de la conducta animal dotados de herramientas muy distintas a las de los psicólogos tradicionales y de los por entonces dominantes psicólogos “conductistas” y de la psicología comparativa. Mientras los psicólogos estudiaban la conducta animal a la luz de lo que sabemos del comportamiento humano, la etología trabajaba con la anatomía, fisiología, neurobiología e historial filogenético de los organismos. Ambas disciplinas se acercan más, sin duda, conforme pasa el tiempo.

El que Konrad Lorenz fuera uno de los fundadores de esta disciplina en su forma actual no es extraño. Nacido en 1903 en Viena, desde muy niño mostró un amor extraordinario por los animales, y siempre agradeció que sus padres le toleraran cualquier cantidad y variedad de mascotas, y no sólo animales domésticos, sino diversos volátiles más o menos salvajes. Empezó estudiando medicina, se especializó en biología y empezó a dar clases de psicología en la Universidad de Königsberg. En 1936 conoció al biólogo holandés Nikolaas Tinbergen, el otro fundador de la etología, y juntos empezaron a estudiar, entre otros animales, a los gansos salvajes, comparándolos con los domésticos y observando que los impulsos de alimentación y cópula eran mucho mayores en los animales domésticos, mientras que se reducía la expresión de sus instintos sociales más diferenciados.

La brillante carrera científica de Lorenz se vio interrumpida cuando en 1941 fue enlistado en la Wehrmacht, el ejército regular alemán, como médico. Prisionero de guerra de los soviéticos de 1942 a 1948, consiguió seguir trabajando como médico y desarrollar una buena relación con sus captores, que al liberarlo le permitieron conservar el manuscrito de lo que sería su libro Detrás del espejo. Una de las principales ideas que desarrolló Lorenz y fue demostrada por él y otros investigadores, fue la de que ciertos comportamientos instintivos, es decir, patrones fijos no aprendidos y dependientes únicamente de la herencia de los animales, tienen igualmente mecanismos innatos de desencadenamiento o disparo. Esta idea se explica claramente al ver a un gato doméstico adulto jugar con un ratón de juguete o una bola de estambre.

El gato, genéticamente dispuesto para cazar, ya no necesita la cacería para satisfacer el hambre. La cacería es serie de patrones de conducta instintivos que es disparada por el hambre y la presencia de la presa previamente buscada. Si no hay hambre ni presas, el umbral de los estímulos necesarios para desencadenar la conducta de cazar va bajando hasta que un estímulo que apenas comparte características con el estímulo desencadenante original (como una bola de estambre que se mueve evocando una presa, aunque no lo parezca) basta para disparar o desencadenar la conducta. Lo que podemos interpretar como un simple juego es una liberación de tensión acumulada por la predisposición innata del organismo a un comportamiento determinado.

La carrera de Konrad Lorenz no se limitó a los espacios de la academia, sino que buscó dirigirse a un público más extenso en algunos de sus libros como El anillo del rey Salomón (1959), donde con un estilo agradable y cautivador relata sus experiencias divertidas con numerosos animales y las observaciones científicas que se derivaban de ellas, hasta darle al autor la capacidad de comunicarse con los animales como el rey Salomón con su legendario anillo. Otras obras populares fueron su libro sobre las relaciones entre el hombre y el perro y Sobre la agresión, el pretendido mal, un libro ampliamente mal comprendido y a veces atacado por el solo título. Este libro, muy vendido en la década de 1970 en todo el mundo, explicaba las raíces evolutivas de la agresión y, sobre todo, analizaba el asombroso hecho de que, con excepción de los seres humanos, los animales tienden a solventar sus enfrentamientos con otros de la misma especie sin llegar a la muerte de ninguno de los dos, algo que indica que nuestros instintos se han visto reprimidos o superados por fenómenos culturales y tecnológicos que van mucho más rápido que la selección natural darwinista.

Konrad Lorenz ganó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1973 de modo conjunto con Niko Tinbergen, quien desarrolló y demostró la idea de que la conducta, como los órganos, evoluciona para adaptar a los organismos (y en última instancia a las especies) a su medio ambiente, y el etólogo austríaco Karl Von Frisch, quien estudió las feromonas y desentrañó el significado de la “danza de las abejas” que comunica a la colmena la ubicación y distancia a la cual se puede encontrar una fuente de alimentación.

La popularidad que le dio el premio fue utilizada intensamente por Lorenz para escribir y hablar sobre filosofía y sobre temas que le preocuparon hasta el fin de su vida, como la protección del medio ambiente (fue en sus últimos años miembro de un partido “verde” originario) y el peligro de la autoaniquilación humana en una guerra nuclear. Murió en 1989. Parte esencial de su legado son los tres institutos que llevan su nombre en Austria, centros de estudio de la conducta.

La impronta


Lorenz descubrió que algunas aves “saben” al nacer cómo es su especie, y tienen la predisposición de considerar “su madre” cualquier cosa o ser que se mueva cerca durante un tiempo determinado, quedando “improntados” o “troquelados” con ese reconocimiento de especie. En condiciones naturales, lo único que se moverá cerca del polluelo es su madre, de modo que el sistema funciona en general. De allí todos los dibujos animados donde diversos polluelos “creen” que diversas cosas o seres son “mamá”.

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