Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

octubre 05, 2013

Plutón: el planeta que ya no es

El ajuste en la definición de "planeta" resultó en una discusión popular poco común acerca de un cuerpo celeste.

Fotomapa de Plutón formado a partir de imágenes tomadas
por el telescopio Hubble. (Foto DP de la NASA,
vía Wikimedia Commons)
A fines de la década de 1990, cuando se rediseñó el Planetario Hayden del Museo Estadounidense de Historia Natural de Nueva York, su director el astrofísico Neil deGrasse Tyson, decidió no incluir a Plutón entre los planetas del sistema solar.

¿El motivo? Plutón es demasiado pequeño y demasiado distinto a los otros ocho planetas de nuestro sistema solar. De hecho es más pequeño incluso que nuestra Luna, con sólo el 66% de su diámetro. Al paso de los años se han descubierto otros cuerpos de tamaño similar en la región donde se encuentra Plutón, el llamado “cinturón de Kuiper”. Incluso uno de ellos, Eris, descubierto en 2005, es más masivo que Plutón. Y ninguno de ellos cumple con uno de los requisitos que los científicos han establecido para darle a un cuerpo la categoría de planeta: su atracción gravitacional es tan pequeña que no han “limpiado” la órbita que recorren.

El asunto trascendió a los medios cuando el diario The New York Times publicó, en enero de 2001, el artículo “¿Plutón no es un planeta? Sólo en Nueva York”, desatando un pequeño escándalo. El artículo subrayaba que ya se había propuesto alguna vez a la Unión Astronómica Internacional, con sede en París, retirar a Plutón de la lista de planetas y definirlo como “objeto transneptuniano”.

El problema se complicó cuando en 2006 la misma Unión Astronómica Internacional decidió que quienes opinaban como el Dr. deGrasse Tyson, quien ciertamente no había sido el primero en proponerlo, tenían razón, y reclasificó a Plutón en una nueva categoría, la de “planetas enanos” junto con Eris, Ceres, Haumea y Makemake, los conocidos hasta ahora. El principal proponente del cambio fue, precisamente, uno de los descubridores de Eris, el astrónomo Mike Brown, quien después escribiría un libro relatando la historia con el título de “Por qué maté a Plutón y por qué se lo merecía”.

Sin embargo, para el público estadounidense, Mike Brown no era nadie, mientras que Neil deGrasse Tyson era un personaje conocido como divulgador y educador científico, con frecuente presencia en los medios de comunicación y un estilo imponente y divertido para comunicar asuntos de ciencia al público en general. Así que el público estadounidense en general culpó a Tyson. Siguieron airadas cartas de niños que le reclamaban la degradación de Plutón afimando “Plutón es mi planeta favorito”.

El amor de los estadounidenses por el pequeño explaneta, incluso, dio pie a que Tyson escribiera otro libro: “Los archivos de Plutón: ascenso y caída del planeta favorito de los Estados Unidos”.

El planeta estadounidense

Una de las razones por las cuales Estados Unidos mantenía un cariño especial, así fuera extraño, por Plutón, era que había sido el único planeta descubierto... por un estadounidense. En 1930, el astrónomo autodidacta Clyde Tombaugh, recién empleado en el Observatorio Lowell de Arizona, descubrió a Plutón.

No fue un descubrimiento fortuito. El matemático francés Urbain Le Verrier había predicho su existencia en 1840, basado en sus cálculos sobre las perturbaciones de la órbita de Urano. El fundador del observatorio, Percival Lowell, tenía como uno de sus objetivos hallar ese cuerpo llamado por entonces el “Planeta X”. Tombaugh terminó el trabajo y su historia adquirió un tono aún más romántico cuando la convocatoria mundial para bautizar al nuevo planeta fue ganada por una niña británica de 11 años que propuso precisamente “Plutón”. Ese mismo año, los estudios de Walt Disney presentaron a la mascota del ratón Mickey, el perro “Pluto” (Plutón en inglés).

Y 11 años después, un grupo de químicos de la Universidad de California en Berkeley daba el nombre de “plutonio” a un elemento que habían descubierto.

Pero el planeta ya era problemático. Dado que nos separa de él una enorme distancia (su distancia media del sol es de 40 veces la distancia de la Tierra al Sol), es difícil calcular con exactitud su mada y su tamaño. Originalmente, en la década de 1930, se calculó que tenía una massa equivalente a la de la Tierra, pero conforme avanzaban los estudios, la estimación se fue reduciendo. En 1948 ya se le atribuía una masa similar a la de Marte, y en 1976 se sugirió que podría tener una masa de apenas 1-2% de la de la Tierra.

En 1978, James Christy descubrió que Plutón tenía una luna , Caronte. Esto permitió realizar cálculos más precisos con el resultado de que la masa de Plutón era del 0,24% de la masa de nuestro planeta. Ya por entonces comenzó el debate sobre la clasificación de este cuerpo pues más que un planeta con un satélite parecía un sistema de planetas binario.

Dada su distancia del sol, el año plutoniano (el tiempo que tarda en dar una vuelta completa al sol en su órbita) es de algo más de 247 años terrestres, es decir, que desde su descubrimiento Plutón ha dado apenas un tercio vuelta al sol, mientras que una rotación completa alrededor de su propio eje tarda únicamente algo más de 6 días y 9 horas de la Tierra.

Precisamente por esa distancia, en las placas fotográficas de los observatorios terrestres Plutón es apenas una mancha difusa, y lo que sabemos del planeta es muy escaso. No fue sino hasta que el telescopio espacial Hubble lo observó que pudimos tener una imagen medianamente nítida de él. Además, el Hubble permitió el descubrimiento, en 2005, de dos lunas más de Plutón, añadiendo otra en 2011 y una más en 2012.

Para subsanar esa ignorancia, en enero de 2006, pocos meses antes de que Plutón pasara a ser considerado un planeta enano, la NASA lanzó la sonda robotizada New Horizons (nuevos horizontes) con destino final en el cinturón de Kuiper y en Plutón, llevando a bordo numerosos instrumentos destinados a observar a los objetos de la zona, estudiar sus atmósferas, explorar su geología y medir su interacción con el viento solar, esas partículas que nuestra estrella lanza al espacio continuamente.

Porque para conocer mejor a Plutón y saciar nuestra curiosidad sobre él y sobre todos los demás cuerpos del sistema solar, no hace falta que sean planetas.

Las lunas de Plutón

Además de Caronte, que es el mayor, Plutón tiene otros cuatro satélites, el último descubierto en 2012: Nix, Hidra, Kerberos y Estigia, todos ellos nombres relacionados en la mitología griega con Plutón, el dios del Hades, inframundo donde habitan las sombras de los muertos. Caronte era el barquero que llevaba a las almas de los muertos a los dominios de Plutón cruzando el río Estigia, mientras que Kerberos o Cancerbero era el guardián de las puertas del Hades que impedía que los muertos huyeran, ayudado por Hidra, la serpiente de muchas cabezas. Nix, por cierto, era la madre de Plutón.

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