Artículos sobre ciencia y tecnología de Mauricio-José Schwarz publicados originalmente en El Correo y otros diarios del Grupo Vocento

febrero 13, 2010

Nicola Tesla, creador de luz, habitante de la oscuridad

Nicola Tesla en la portada de Time,
20 de julio de 1931.
(D.P. via Wikimedia Commons)
El creador de la corriente alterna que hoy acciona nuestros dispositivos eléctricos fue uno de los grandes innovadores de la tecnología, y también un entusiasta proponente de ideas descabelladas que nunca pudo probar.

Nicola (Nikla) Tesla nació en la aldea de Smiljan, en la actual Croacia, entonces parte del imperio Austrohúngaro, el 10 de julio de 1856. Deseoso de estudiar física y matemáticas, estudió en el Politécnico Austriaco en Graz y en la Universidad de Praga. Pero pronto el alumno Nicola decidió adoptar una carrera de reciente creación: la de ingeniero eléctrico, aunque nunca obtuvo un título universitario.

Su primer trabajo en 1881 fue en una compañía telefónica de Budapest. Allí, durante un paseo, Tesla resolvió de súbito el problema de los campos magnéticos giratorios. El diagrama que hizo en la tierra con una varita era el principio del motor de inducción, en el que la inducción magnética generada con electroimanes fijos provoca que gire el rotor. El motor de inducción de Tesla sería eventualmente el detonador de la segunda revolución industrial a fines del siglo XIX y principios del XX.

Ya entonces se habían hecho evidentes algunas peculiaridades del pensamiento de Tesla. Por una parte, era capaz de memorizar libros enteros, y al parecer tenía memoria eidética. Al mismo tiempo, tenía ataques en los cuales sufría alucinaciones, y podía diseñar complejos mecanismos tridimensionales sólo en su cabeza.

En 1882 se empleó en París en la Continental Edison Company del genio estadounidense Tomás Alva Edison (1847-1931). Allí construyó, con sus propios medios, su primer motor de inducción, y lo probó con éxito aunque ante el desinterés general. Dos años después, aceptó una oferta del propio Edison para ir a Nueva York a trabajar con él.

Pronto, sin embargo, se enfrentaron. Tesla creía en la corriente alterna como la mejor forma de distribuir la electricidad, pero Edison defendía la corriente continua, ya comercialmente desarrollada, aunque sólo podía transportarse por cable a lo largo de tres kilómetros antes de necesitar una subestación.

La corriente alterna de Tesla que usamos hoy en día se transmite en una dirección y luego en la contraria cambiando 50 o 60 veces por segundo. Si en vez de dos cables se tienen tres o más, se puede transmitir corriente en varias fases. La corriente trifásica es hoy en día la más común en aplicaciones industriales. Y esa forma de distribución polifásica de la electricidad fue también uno de los desarrollos de Tesla.

Separado de Edison, Tesla formó su propia compañía, pero sus inversores lo destituyeron, y tuvo que trabajar en labores manuales durante dos años hasta que construyó su nuevo motor de inducción y diseñó la “bobina de Tesla”, un tipo de transformador que genera corriente alterna de alto voltaje y baja potencia. Su sistema de corriente alterna fue adquirido por George Westinghouse, el gran rival de Edison.

Tesla se ocupó entonces en otros proyectos. Diseñó la primera planta hidroeléctrica en 1895 en las cataratas del Niágara, logro que le atrajo la atención y el respeto mundiales. El brillante ingeniero descubrió también la iluminación fluorescente, las comunicaciones inalámbricas, la transmisión inalámbrica de energía eléctrica, el control remoto, elementos de la robótica, innovadoras turbinas y aviones de despegue vertical, además de ser, ya sin duda, el padre de la radio y de los modermos sistemas de transmisión eléctrica, y uno de los pioneros de los rayos X.

En total, Nicola Tesla registró unas 800 patentes en todo el mundo. Y más allá de los inventos eléctricos, diseñó diversos dispositivos mecánicos y se permitió especular con la energía solar, la del mar y los satélites.

Una de las más interesantes propuestas de Tesla fue la transmisión inalámbrica de electricidad, idea iniciada por Heinrich Rudolph Hertz. Tesla la demostró en 1893 encendiendo una lámpara fosforescente a distancia. A partir de entonces, numerosos inventores e inversores han buscado una forma segura y barata de transmitir electricidad sin cables, incluyendo un grupo dedicado del famoso MIT.

Al paso de los años, sin embargo, y sin disminuir las aportaciones que hizo a la ciencia y la tecnología, Tesla empezó a realizar afirmaciones extrañas y sin el apoyo de las demostraciones públicas y prácticas que habían cimentado su fama.

Así, en 1900 Tesla aseguró que podía curar la tuberculosis con electricidad oscilante, en 1909 aseguró que podía construir motores eléctricos que impulsaran transatlánticos a una velocidad de 50 nudos (90 kilómetros por hora), en 1911 prometía dirigibles sin hélice a prueba de tormentas, en 1931 declaró que haría innecesarios todos los combustibles aprovechando cierta energía cósmica, en 1934 anunció otro invento que nadie vio jamás: el rayo de la muerte y en 1937 aseguró que había desarrollado una teoría dinámica de la gravedad que contradecía la relatividad de Einstein.

Probablemente algunas de estas ideas tenían como base una especulación científica razonable y libre, pero ciertamente no eran inventos como los que le dieron fama. Al parecer, alrededor de 1910 Tesla empezó a presentar síntomas pronunciados de un desorden obsesivo compulsivo que sin embargo no le impidió seguir trabajando. Así, en 1917 hizo los primeros cálculos de de frecuencia y potencia para las primeras unidades de radar.

Tesla murió solo y sin dinero en el Hotel New Yorker el 7 de enero de 1943. Su legado científico fue confiscado temporalmente por el gobierno estadounidense, temeroso de que sus notas contuvieran elementos de importancia militar. Hoy están en el Museo Nicola Tesla. Sin embargo, este hecho junto con lo apasionante de sus afirmaciones especulativas, le volvieron atractivo para el mundo de lo misterioso y lo paranormal. Esto, quizá, influyó para que Tesla cayera en un injusto olvido pese a ser uno de los científicos más importantes e influyentes de la historia.

Ejecuciones por electricidad

Cuando se planteó la posibilidad de utilizar la electrocución como medio de ejecución sustituyendo al ahorcamiento, Nueva York contrató a dos ingenieros que eran empleados de Tomás Alva Edison. Para promover la corriente continua y demostrar que la alterna era peligrosa, Edison influyó para que sus empleados diseñaran la silla eléctrica empleando la corriente alterna de Tesla. Incluso, pese a considerarse un opositor a la pena de muerte, Edison promovió exhibiciones públicas en las que se mataba a animales con corriente alterna. En 1890 se llevó a cabo la primera ejecución con la silla eléctrica, un espectáculo atroz que sometió a la víctima a una tortura de más de ocho minutos. Y ni aún así logró Edison impedir el triunfo de la idea, mucho mejor, de Nikola Tesla que hoy abastece de electricidad al mundo.

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